CAPÍTULO 26

 

Al escuchar la voz de su novio, Cassandra gira la cabeza y ambos se miran. Se abrazarían y besarían, pero han de ser discretos ante el resto de las personas presentes en plató y no delatarse. Ya tendrán tiempo para comerse a besos. Ahora deben ensayar

Franklin, mientras tanto los observa entre bambalinas y sonríe. Su plan ha dado resultado. Por fin están juntos de nuevo.

La única que no sabía nada es Cassandra, ya que Carlos sabía que se verían en tan solo unas cuantas horas y que sería él quien la apadrinar en su debut como artista en televisión.

Franklin y Carlos, se pusieron de acuerdo para que fuera el venezolano y no otra persona, quien estaría a su lado en ese día tan especial.

Francis enseña a ambos la coreografía y aunque los dos se la saben ya, el coreógrafo hace cambios de última hora dándoles las pautas de unos movimientos que deben realizar los dos juntos pegados el que uno al otro.

—Quiero veros bailar como si fuerais un solo ser, que deseáis fundiros el uno con el otro y disfrutar así el uno del otro. Sed todo lo sexys que podáis. —les dice el bailarín.

La pareja se mira y se sonríe.

Lo cierto es que no les resultará demasiado complicado hacer lo que Francis les pide. Después de tanto tiempo sin verse, es algo que están deseando. Ambos comienzan a bailar y cantar, mientras todo el mundo en el que plató, los observa.

—¿Has visto a esos dos? ¡Vaya manera tan sugerente de bailar! —comenta uno de los operadores de cámara que enfoca a Cassandra a su compañero de al lado.

—Sí, cualquiera diría que se acaban de conocer porque hay una química brutal entre ellos. —responde el que enfoca a Carlos.

Entretanto, ellos ajenos a las miradas del resto de la gente, siguen concentrados en el ensayo del tema, cantando, bailando, tocándose, rozándose.

No muy lejos de allí, mientras, el mánager de ambos los observa con atención.

«Esos dos cantando y bailando juntos son la bomba.» «Van a tener un gran éxito y su actuación de hoy en dará que hablar» piensa.

Cuando el tema finaliza, Francis los felicita.

—Fantástico chicos. Habéis estado increíbles. ¡Vaya sensualidad! Viéndoos actuar se podría incluso pensar que estáis enamorados o sois amantes.

Ellos se miran y sonríen.

«Si tú supieras, amigo.» piensa Carlos mirando sonríente a su novia.

—¿Cómo lo habéis visto? ¿Queréis que hagamos una más? —le pregunta el regidor a la pareja.

—Yo creo que está bien así, pero no sé qué pensará mi guapísima compañera de canción. —la sonríe su novio guiñándole un ojo.

—Por mi también está bien. —responde ella dirigiéndose su mirada al regidor para que sus sentimientos no la delaten.

—Perfecto. Entonces regresad a vuestros camerinos. Os avisaremos cuando el programa de comienzo y sea vuestro turno.

Cassandra Y Carlos, vuelven a sus respectivos camerinos, aunque lo que desearían es abrazarse y besarse en ese mismo instante. Ha sido tanto tiempo sin verse...Aunque tendrán que esperar que el programa termine para poder estar juntos.

En su camerino, Cassandra ensaya de nuevo su canción, la que interpretará ella sola. A pesar que el ensayo en plató salió bien, ella, aunque que es muy perfeccionista, toma su guitarra, aquella que compró con su segundo sueldo como monitora de salsa en la discoteca del hotel y que tanto mimo y esmero cuida, y comienza a cantarla de nuevo.

Una canción al amor egoísta, y a la obsesión de la que fue y es objeto por parte de Santiago, que ella cree aún en prisión. Unas lágrimas nublan sus ojos al evocar todo lo vivido. Sin embargo, segundos después, ese sentimiento de traición, obsesión y amor egoísta, dan paso a la felicidad al recordar el momento en el que por sorpresa volvió a tener frente a la ella al hombre que le ha robado el el corazón y sus cuerpos se rozaron de nuevo al ritmo de una canción que ambos interpretaban sobre un escenario.

Canción y momento que volverán a vivir cuando deban volver a cantar, esta vez en directo frente a un estudio lleno de público y emitiéndose por televisión en riguroso directo.

Franklin, entretanto va en busca de Carlos. Tiene a sus dos estrellas en la misma gala y debe dividir el tiempo del que dispone entre ambos.

A veces no da abasto.

—Carlos, ven conmigo. Necesito que me acompañes. —le dice su representante.

—¿Dónde? —desea saber el cantante que está componiendo con su guitarra un tema que le acaba de venir a la cabeza.

—No seas curioso y ven conmigo. —responde su agente sin proporcionarle información alguna.

Intrigado, Carlos le acompaña sin saber a que lugar va a llevarle Franklin.

Lejos de allí, en su camerino, Cassandra conversa con Francis, ahora que van a trabajar juntos.

—Estoy muy impresionado con tu forma de bailar. Eres una bailarina magnífica. Lo tuyo no es sólo técnica. Por tus venas no corre sangre, sino música. —se sincera el coreógrafo con la novia de Carlos.

—Eso es un halago viniendo de un bailarín tan bueno como tú. —responde ella.

Segundos después, llaman a la puerta del camerino.

—Pase. —dice la muchacha.

—Hola guapa, ¿Qué tal? Traigo una visita para ti. Se trata de un admirador que desea verte y estar un rato contigo. ¿Le hago pasar? —le sonríe su agente.

—¿Admiradores míos, tan pronto? —se sorprende ella. —Sí claro, hazle pasar. Estoy deseando conocerle. —sonríe ella.

Cuando Carlos entra, Cassandra le sonríe, aunque ambos disimulan, puesto que Francis no es conocedor de lo que siente hay entre ellos.

—No es necesario que disimuléis delante de mi. Es evidente que hay algo entre vosotros. Basta con fijarse un poco en la manera en que la que os miráis para darse cuenta de todo. Vamos Franklin. Tenemos que dejar un rato sola a la pareja.

Cuando ambos se quedan a solas, corren a abrazarse y besarse.

—¡Cómo te he extrañado, niña! —dice él.

—Yo también a ti. —responde ella.

—Me siento muy orgulloso de ti. He visto el ensayo de la canción que has cantado tú sola. Estuviste increíble. ¿La canción la has escrito tú? —la abraza.

—Sí, claro. —sonríe ella mientras le abraza por la cintura.

—Franklin me lo comentó. Si la incluyes en tu primer disco me gustaría cantarla si tu quieres. Podríamos adaptarla para hacer un buen dueto. Con el talento que tienes no te será difícil. —la sonríe él. —Es triste, pero a la vez hermosa.

Aunque ella no se lo comenta, Carlos intuye que es un tema autobiográfico que cuenta lo que a su novia le sucedió hace años y que la traumatizó durante años.

—Me gusta tu idea. —se sincera ella sonriendo.

—Sea cual sea el resultado de concurso, para mi tú eres la ganadora, no sólo del concurso, también de mi corazón.

—Muchas gracias, amor, pero es muy complicado que gane. Hay mucho nivel en el concurso. —le explica ella.

—Tienes las mismas posibilidades que el resto de ganar. Incluso yo diría que alguna más. —le dice el cantante.

—No me halagues tanto que de igual forma no te voy a pagar ni un euro por ello. —le responde su novia bromeando.

—Es la verdad y lo sabes. —responde Carlos sonriendo a su novia con picardía y guiñándole un ojo.

Ella le sonríe.

El corazón de Carlos late con rapidez mientras besa los labios de su novia de nuevo. Ella tiembla en el momento que Carlos pasa las yemas de sus dedos por la nuca de la bailarina.

—¡Cómo echaba de menos besar estos labios..! —se sincera él dibujando con los dedos el contorno de los labios de Cassandra.

—¿En serio? —responde ella ronroneando como una gatita. —¿Y qué haces que no los sigues besando?

Carlos se sorprende y le guiña un ojo.

—¡Eres tan mala y pícara..! Me encanta. Vamos a comprobar si esta gatita hermosa puede con este león. —ruge Carlos. —O es el león quien podrá con esta gatita.

—Te lo tienes un poco creído, ¿o me lo parece? —dice ella sonriente.

Se vuelven a besar por largo rato. Después él se marcha.

—Tengo que irme ya o nos descubrirán, aunque no es algo que me importe, ni me preocupe, la verdad. Si me quedo cinco minutos juro que no te escaparás de mi. —la mira con deseo de una vez más.

Ella hace el gesto de unas tijeras y Carlos capta el mensaje enseguida.

El venezolano se dirige a la puerta, la abre, asoma la cabeza y mira hacia todos lados, para asegurarse que no hay nadie cerca que pueda verlo salir del camerino de su novia y se apresura en volver al suyo con cara de pícaro. Tiene en mente algo muy placentero que desea llevar a cabo, aunque no sabe si podrá.


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