CAPÍTULO 3

 

Cuando Carlos, regresa al hotel ve a la amiga de Virginia dando clases de salsa a los clientes del hotel y la mira embobado.

—Es buena ¿verdad? Mi esposa y yo venimos de vacaciones a este hotel todos los años y mi mujer siempre disfruta recibiendo sus clases. Es una gran profesora además de una mujer bellísima. —le dice a Carlos un cliente de cabello plateado y unos cincuenta años, al verle pendiente de cada movimiento de la monitora de salsa. 

Mientras la joven, con vaqueros y camiseta azul, realiza unos pasos de baile, el venezolano con vaqueros y camiseta verde, se va acercando a ella poco a poco. Ella le sonríe y él le devuelve la sonrisa sin apartar sus ojos de la bailarina. 

Sandra que detesta a Cassandra planea hacerle la vida imposible aunque de momento no ha encontrado en que forma hacerlo y esto la exaspera.

En Puerto Rico, Alberto, un joven de piel tostada y cabello negro, que es uno de los bailarines de Elvis Crespo, piensa en Lola el amor que dejó en España. 

—¿Qué te pasa? ¿le pregunta el cantante. ¿Te veo muy serio y pensativo. Pensando en ella de nuevo ¿me equívoco?

—No, no te equivocas, pero ¿qué hago? no puedo evitarlo. —se lamenta.

—Así no podéis seguir, no te concentras en el trabajo y siempre estás serio cabizbajo. Tendríais que hablar y definir la situación o seguirás así mucho tiempo.

—¿Y para qué? Seguramente ella ya me haya olvidado y esté con otro. —se lamenta el bailarín del portorriqueño.

—A lo mejor ella cree lo mismo de ti. No puedes asegurarlo si no hablas con ella. Si os amáis tanto, no creo que ella esté con otra persona pero para eso tenéis qué platicar. Prométeme que hablarás con ella lo antes posible. —le aconseja Elvis.

—No te preocupes, lo haré. —contesta Alberto.

—Bien, pero ahora olvídate de todo, hay que trabajar. —le recuerda el cantante.

Alberto se reintegra a los ensayos, aunque no puede evitar pensar que estará pasando con Lola en España. 

Daisy una de las bailarinas, una muchacha de cabello rubio y ojos claros, que está enamorada de él se pregunta que le pasará al bailarín.

Norma en comisaria, cuenta a un policía como sucedió todo entre ella y Miguel. 

Pero el individuo, un hombre de más de cincuenta años y prominente barriga, no le da muy buenas noticias. Despúes de poner la denuncia la actriz, se marcha del lugar acompañada de Julio y su esposa.

—¿Me podéis acompañar a alquilar una habitación para pasar unos días? Luego iré a la farmacia a por las medicinas que el médico me recetó. —implora la actriz con la voz triste.

—A por las medicinas por supuesto que te acompañamos, pero olvìdate de buscarte una pensión. Te hospedarás en nuestra casa el tiempo que necesites hasta que encuentres otro sitio. Además sería bueno que estuvieras acompañada durante unos días. -—le dice Julio.

—Muchas gracias. No sé que haría sin vosotros. —dice Norma emocionada. 

Carlos decide aprovechar las pocas horas que le quedan de estancia en Madrid para permanecer en la habitación de su hotel lo menos posible.
No le gusta estar encerrado entre cuatro paredes. Así que coge un bañador y se dirige a la piscina del hotel. 

Allá frente a él, la vuelve a ver.

Impresionante con un bikini turquesa que resalta su tez blanca.

Cassandra, atosigada y rodeada por los moscones y los típicos chulitos de piscina, no sabe como librarse de ellos.

Cuando el venezolano se levanta para ayudarla a espantarlos, ella mira su reloj, recoge sus cosas y se va. Tiene clase dentro de un rato en la academia y deja a los moscones compuestos y sin novia.

Y a Carlos desolado. 

Tras tomar el sol durante un rato, el cantante se marcha de la piscina y se dirige a su habitación. Junto al ascensor, un cartel anuncia la actuación de un grupo de artes escénicas a esa misma noche y Carlos decide en ese momento que irá a verlos. 

¿Quién sabe? A lo mejor ve algo interesante. 

Por otro lado Virginia, con su melena rizada alisada, ataviada con un vestido negro que resalta sus curvas y su novio, con traje gris, cenan en un bonito acogedor y romántico restaurante, mientras conversan sobre como les ha ido el día. 

—Por cierto cariño, esta mañana en el banco me encontré con tu amiga Sandra, la de la discoteca y me pidió tu numero de teléfono porque quiere hablar contigo. —se sincera él.

—¿Se lo diste? —pregunta ella.

—¡Claro que no y menos sin tu permiso! —se sincera él sonriendo.

—Gracias cariño, hiciste bien. Ella y yo no tenemos nada de que hablar. Cuanto menos sepa de mi mejor. —dice la amiga de Cassandra bastante molesta.

Después de varias horas de duro trabajo en el club de fans, las chicas se van a descansar para afrontar el día siguiente con fuerzas y energía. 

Miguel acaba de descubrir que Norma se ha ido y preso de un ataque de furia arremete contra todo lo que encuentra a su paso en aquella casa. El personal de servicio ni siquiera se atreve a salir de donde están porque el actor se ha puesto muy violento y agresivo. 

Los estudiantes de artes escénicas que actuarán esa noche en el hotel realizan los últimos ensayos antes de la función. Los nervios están a flor de piel y eso se nota en el ambiente.

En el restaurante, el novio de Virginia aprovecha que su chica se halla en el aseo para introducir algo en la copa con la que la mujer brindará.

Lejos de allá, Charly, un famoso cantante colombiano, rubio de cabello rizado, amigo de Carlos graba en el estudio su nuevo disco, mientras trata de hacer frente a unos de los momentos más tristes de su vida; su divorcio de una compañera de profesión, el cual se está llevando a cabo.

Al salir de grabar atiende una llamada en su celular es su aún esposa.

—Soy yo, recuerda que mañana tenemos la última firma del divorcio.

—Lo sé mañana nos vemos.

Tras hablar con ella, el cantante recuerda con nostalgia como se conocieron y enamoraron. Él pensaba que sería para siempre pero se equivoco. Virginia regresa junto a su novio y al beber de su copa, roza con sus labios el anillo. 

—¡Oh cariño!

Él le coloca el anillo de pedida en un dedo y le pide que sea su esposa. Ella acepta enseguida y ambos se besan.

Lejos de allá, para Lola el día en el hospital ha sido movidito y está realmente agotada.

Carlos se cambia de ropa y baja a cenar al restaurante del hotel antes de ver la actuación.

Daisy entre ensayo y ensayo se acerca a Alberto y él creyendo que es solo cariño de amiga se deja querer.

—Olvidaté de él como hombre o te harás más daño. —le aconseja a la chica el cantante Elvis Crespo.

—Es que es tímido. Eso es todo y por eso no me dice nada. —dice la chica.

—Tú solo ves lo que quieres ver, pero no te ciegues. Él no te ama. Hazme caso o me temo que lo pasarás mal. —le dice el cantante. 

Mientras Carlos cena, se da cuenta que una hermosa mujer, de pechos turgentes, cabello cobrizo y cortísima minifalda intenta llamar su atención subiéndose un poco la minifalda dejando poco a la imaginación. Él la ignora. Lo que más le sorprende al cantante es que meses atrás, no la hubiera ignorado. Si bien tampoco le gusta que se lo pongan tan fácil. Prefiere el reto de la conquista y desde hace meses a él solo le interesa enamorar a la chica que conoció en la cafetería del hotel. No quiere llevársela a la cama, sino conquistarla. Intuye que esa es una chica especial, aunque no conozca su nombre.

La indiferencia del cantante hiere a la chica en su orgullo de mujer que se marcha del lugar con cara de pocos amigos.

Rafael, mientras tanto, acude a inscribirse tanto a él como a Cassandra en el concurso de Bailes Latinos en el que participan todos los años.

Norma en la habitación que ocupa en casa de sus amigos no puede dejar de llorar. Le cuesta cree que su matrimonio haya acabado así. Miguel y ella se casaron muy enamorados y jamás imaginó que él pudiera llegar a agredirla. Siempre fue atento y caballeroso con ella ,aunque recuerda que cuando le conoció algo en él no le gustó. Desconfiaba del actor, pero Miguel la terminó conquistando. 

En el hotel.... 

—A continuación dos integrantes del grupo de artes escénicas RASGOS nos cantarán una canción de amor. —dice el disckjockey.

Sobre el escenario, Cassandra y su compañero, un muchacho moreno de cabello largo y cara de niño pícaro, van contando una hermosa historia de amor. La actuación tiene pendientes a todos los presentes que se sienten fascinados por como encajan las voces de ambos en el escenario. Sin duda quien más destaca es la bailarina aunque no es lo que ella pretende. Las espectaculares voces de ambos logran estremecer a los presentes.

No son solo sus voces lo que tiene a la gente tan ensimismada. También sus físicos. Él posee un cuerpo de adonis y rostro de niño pícaro que hace suspirar a las mujeres. Además su melena negra y larga combinada con su tono bronceado de piel le da un aire bastante exótico.

Los hombres, en especial Carlos miran embelesados a Cassandra que luce su cuerpo enfundada en un ceñido vestido de un solo tirante y una abertura lateral que muestra sus espléndidas piernas.
Los está poniendo cardíacos.

Su abundante y larga cabellera negra peinada hacia atrás, casi lisa por completo, dejando rizados medios y puntas. Como acabado final, se ha maquillado como ella acostumbra hacerlo, de forma muy natural. 

—Me gustaría saber como sería compartir un escenario con ella ocupando el lugar de su compañero en estos momentos. —se pregunta Carlos.

—Seguro que sería una experiencia increíble. Tiene una voz maravillosa y mucho talento. ¡Uf qué chica tan linda, qué bella!

Tras la actuación de Cassandra, la última de la noche, profesores y alumnos salen al escenario a despedirse y saludar a la gente. 

El disckjockey pide un aplauso para los artistas y el público aplaude entusiasmado jaleándolos, sobre todo Carlos. La monitora de salsa está a punto de sonrojarse al ver como él la mira. Aunque es tímida, en el fondo le encanta sentirse el centro de atención del venezolano. La bailarina confía que él no se haya dado cuenta.

Lejos de allá, en casa de Julio suena el teléfono y la esposa del actor lo coge. Es Miguel que le da su versión de lo sucedido entre el y Norma. Luego el actor le pregunta a la mujer, si la actriz se encuentra allá. 

—No, no está aquí. No sé donde está y si lo supiera tampoco te lo diría.

—¡Mientes zorra! Seguro que lo sabes. —le grita Miguel a través del teléfono.

—¡No vuelvas a insultarme desgraciado! ¡Ya te he dicho que no sé donde se aloja Norma. ¡Déjala en paz! 

—Cariño dame el teléfono. —le pide su marido, que acaba de darse cuenta de todo. 

Ella se resiste pero él suavemente le arrebata el teléfono. 

—¡Escúchame malnacido! ¡No vuelvas a insultar a mi esposa o lo lamentarás! ¡Deja a Norma en paz, basura! ¡Te voy a enseñar a tratar a una mujer! ¡No vuelvas a llamar, ni a cruzarte en nuestro camino por tu bien! —dice colgando bruscamente.

—¿Era él?, ¿verdad? —pregunta Norma que al bajar por agua ha escuchado toda la conversación.

—Sí cariño, era él. —contesta su amiga.

—¡Dios mío nunca me dejará en paz! No parará hasta encontrarme.

—No te preocupes, no dejaremos que te pase nada. —dice Julio mientras su esposa y él tratan de consolar a una asustada Norma. 

—Tengo miedo de volvérmelo a encontrar cuando regrese a casa. —se angustia ella. 

—¿Es qué piensas volver allí? ¡Ni hablar, allá no vuelves y mañana mismo vamos a ver a un abogado para que te divorcies de ese hombre. —dice su amiga. 

—Tengo que recoger algunas cosas que deje allá. —les explica ella temblando de miedo. 

—Mandaremos a alguien a recogerlas, tranquila. —le asegura su amiga acariciando su cara con ternura.

En la discoteca del hotel, Carlos sigue aplaudiendo y sonriendo a Cassandra. Parece haberse dado cuenta de que ella se ha sonrojado y se sorprende. 

—¡Qué rica resulta que es tímida y se ha sonrojado! —sonríe él mientras la mira.

En Canarias, los padres de la chica se preguntan como le habrá ido a su hija esa noche. Impacientes esperan su llamada.

El venezolano pierde de vista a la chica cuando esta abandona el escenario con sus compañeros y se pregunta donde estará pues no está hablando con nadie. El cantante se dirige al aseo y la ve en el pasillo hablando por teléfono. Se pregunta si conversará con su novio y ese solo pensamiento despierta sus celos aunque no entiende porque, pues la chica no es nada suyo.

La conoce solo de vista nada más.

Le gustaría conocerla de verdad, hablar con ella y no quedarse embobado cada vez que la ve. 

El artista a veces no se reconoce a si mismo.

Nunca ha sido tímido y menos cuando una mujer le gusta. Cuando eso pasa, les dice cosas graciosas, las piropea. Pero con ella no sabe que le ocurre. Aún ni siquiera se ha acercado a la bailarina.

Esa mujer le encanta, le fascina como ninguna otra había logrado. 

—¡Es absurdo, no puedo estar celoso de alguien que apenas conozco! No puedo volverme loco por alguien de quien ni siquiera conozco su nombre, por muy bonita que me parezca. —se dice a si mismo el venezolano, algo molesto con él mismo. 

A unos pasos del lugar, la joven le dice a sus padres que todo salió bien. Ellos la felicitan, sabían que seria un éxito. Siempre han confiado en su talento.

En el hospital donde Lola trabaja de enfermera, las cosas parecen haberse calmado un poco y la mujer se toma un respiro bebiendo un taza de café y hablando con sus compañeros.

—¡Vaya nochecita! —dice una enfermera desplomándose agotada sobre un sillón.

—Sí, es que cuando llueve el riesgo de sufrir accidentes crece y a veces no se toman las precauciones que se deberían en la carretera. —responde Lola, bebiendo un poco de café.

—Sí. Hoy ha sido una locura. ¡Cuando nos daremos cuenta que hay cosas que no podemos controla. ¡Es lamentable!

—Chicos vamos, otra vez. —dice un médico, abriendo la puerta de la sala donde toman café.

Rafael llega a la discoteca del hotel y Carlos al verlo conversar con Cassandra de manera tan amigable se pregunta si será su novio y vuelve a ponerse celoso.

El disckjockey del hotel hace un inciso y dice.

—Por cierto, con nosotros hay dos monitores de salsa ¿Qué os parece si les pedimos que nos demuestren como se baila un salsa? —propone el disckjockey al gentío. 

Cassandra, le mira y niega con la cabeza. Pero Rafael, la toma por una mano y la arrastra al centro de la pista. Comienza la salsa y enseguida los presentes rodean a la pareja admirando su maestría al bailar. Carlos consigue poco a poco colocarse en primera fila. 

«Definitivamente es la mujer más increíble que he visto en mi vida» piensa. 

A unos metros de allá, Virginia y su novio miran a la monitora de baile. Ambos llegan a la conclusión de que la chica lo hace cada día mejor.

Al terminar la canción, el público aplaude y Carlos que no ha tenido bastante, anima al resto para que pidan que actúen otra vez.

—¡Otra, otra, otra! —dicen todos al unísono.

Cassandra, que sabe que él ha sido quien los ha invitado le sonríe de forma tan especial que Carlos siente como se le aflojan las piernas, aunque le devuelve una sonrisa ardiente, sexy y sugerente. La timidez no es algo que me caracterize.

Despúes de hablar unos segundos, los monitores se van y el público protesta.

—¡Tranquilos van a cambiarse y enseguida vuelven!

Pasados unos minutos regresan y Cassandra, provoca silbidos de admiración entre los hombres por su atuendo, que la transforma en una hermosa gitana. Una falda de vuelo con un pañuelo de monedas atado a la cadera, brazaletes en sus brazos, grandes pendientes y collares. Una diadema de pedrería, con una perla blanca en forma de lágrima en el centro de la frente y una camiseta negra de media manga lo bastante corta para mostrar el ombligo es todo su atuendo. Los bailarines se colocan en la pista, Rafael en el centro y Cassandra cerca de la gente.

Mientras suena un tema de Jenniffer Lopez, Cassandra mueve los brazos como si fuera una gitana, mientras en una pantalla grande pasan las imágenes del videoclip de JLo, Ain't Funny. 

La canción empieza de forma suave, con luz tenue. Cassandra se acerca a Carlos y baila frente a el, con sensualidad, moviendo los brazos las caderas y la cintura. La chica mira al cantante de forma tan ardiente sensual y seductora, que el venezolano enmudece. Siente que solo están ellos dos en la pista. Nadie más. Carlos nota como se quema por dentro cuando ella acerca su cara a la suya.

Cuando sus bocas están a escasos milímetros la una de la otra, la canción empieza a ser más movida y ella de un movimiento arranca parte de su falda quedándose con una falda muy sugerente. Hecho este que deja a Carlos fascinado, con la miel en los labios y el corazón a punto de salírsele del pecho.

Rafael llega y de un tirón suave de su brazo, la atrae hacia él. Ambos se acarician la cara como si se amaran y vuelven a separarse en el punto álgido del tema. De vez en cuando, ella vuelve su vista sobre Carlos y le sonríe y el cantautor le devuelve la sonrisa esta petrificado.

«Menuda cara de idiota debo tener ahora mismo» piensa «Pero cualquiera la tendría al ver a una mujer tan bella bailando de esa forma para él». «¡Uf!» «Qué mujer tan sensual, me ha dejado sudando.»


Comentarios

Entradas populares de este blog

CAPÍTULO 26

CAPÍTULO 24

CAPÍTULO 31