CAPÍTULO 4: Conexión

 

A la mañana siguiente, Cassandra llega al hotel y en la entrada principal se cruza con Carlos que ya se marcha.

Sus ojos se encuentran y por unos instantes. Se establece un mágico silencio entre ellos y se sonríen

—¡Adiós preciosa! —dice besando su mano sensualmente. —¡Espero volver a verte pronto!

A pesar de tener ya 30 años la amiga de Virginia se sonroja como chiquilla. 

Afortunadamente para ella, él ya está muy lejos del lugar y no puede verla. Cuando recupera la compostura la chica entra en el hotel. 

No cerca de allá, Lola regresa a casa despúes de una noche más que agitada en el hospital. Está tan cansada que apenas tiene fuerzas para desvestirse. Cuando lo logra se acuesta.

En el hotel, Cassandra conversa con las recepcionistas unos minutos cuando un repartidor se les acerca.

—¡Qué preciosidad de ramo! ¿Para quién será? —le comenta una de las recepcionistas una chica pelirroja y con coleta a otra joven de cabello castaño y liso, en voz baja. 

—Traigo esta flores para alguien que trabaja aquí. —dice el repartidor cuando llega.

—¿Quién es esa persona? —pregunta otra de las recepcionistas, la joven pelirroja de unos veinticinco años.

—Lo único que sé, es que trabaja aquí dando clases de salsa y que anoche actuó en la discoteca de este lugar. La persona que las encargó desconoce su nombre. —dice el repartidor, un muchacho de unos veinte años, moreno alto y algo desgarbado. 

—Entonces son para ella. —dice la joven castaña señalando a Cassandra.

Ella sorprendida, firma el acuse de recibo y luego el chico se va. 

—Pero, ¡Qué calladito te lo tenías! ¿Eh? Confiesa pillina tienes que saberlo. —intenta sonsacarle la última de sus compañeras de treinta y cinco años y cabello rubio ensortijado.

—Te juro que no sé quien es. En serio. —dice ella.

—Bueno, si tú lo dices, habrá que creerte. —comenta la pelirroja.

En el avión, Carlos no puede dejar de pensar en Cassandra. La chica le ha hechizado y ansía ya regresar a España para volver a verla. 

Transcurren dos meses y la vida para ambos sigue con normalidad. Él con sus giras, actuaciones y conciertos. Ella bailando en el hotel la discoteca y estudiando en la academia. 

Lola por su parte, asiste esa mañana a una entrevista que una emisora de radio realizará al club sobre el venezolano. 

—Con nosotros se encuentra Lola Toledo, una de las presidentas del club de fans de Carlos Baute en España. Buenos días Lola y bienvenida. —le dice el locutor, un hombre a punto de cumplir los cincuenta y ya con el cabello totalmente blanco.

—Buenos días y gracias por invitarme. 

—Dinos Lola. ¿Cómo y cuándo conocisteis a Carlos Baute?

—Hace unos dos años más o menos en una emisora de radio. Nos sorprendió gratamente su simpatía y su atractivo. —cuenta ella.

—Dinos como es el trato de Carlos hacia sus fans. 

—Es un encanto nos trata con mucho cariño. A las presidentas del club, como sabe las fechas de nuestros cumpleaños nos llama para felicitarnos. —comenta Lola

Finalizada la entrevista, que dura unos treinta minutos Lola se dirige al club para seguir trabajando y tener informadas a las socias de cada movimiento del cantante. Al cabo de un rato y ya en casa, recibe una llamada del artista.

—Lola soy Carlos ¿Cómo te va?

—Bien amigo, gracias. Estoy visitando la web del club y mirando si hay algún e-mail nuevo por contestar. 

—Yo iba a mandarte uno ahora mismo, pero como tengo un ratito libre preferí llamarte y así hablar contigo. —dice el venezolano. 

—Pues gracias por acordarte de mi ¿Y a ti qué tal te va? ¿Qué estás haciendo ahora? —pregunta la enfermera.

—Estoy en México, rodando un videoclip. Mañana terminaré e iré a Colombia, donde tengo unas galas contratadas y grabaré un dueto con mi amigo Charly. Luego regresaré a Venezuela, a hacer cosas en mí país. Por último partiré hacía la hermosa España. Por cierto ¿qué tal todo por el club? —desea saber el cantante.

—De eso no te preocupes. Todo va viento en popa. —le asegura ella.

—¡Cómo me alegra oír eso! —exclama Carlos, feliz. —Transmíteles a la chicas todo mi amor y mi agradecimiento por todo lo que hacen por mi. Pasando a otro tema, ¿Qué tal tú? La última vez que hablé contigo te sentí muy triste. —se preocupa el venezolano por ella.

—Mejor gracias, aunque he pasado días muy duros. —se sincera ella.

—Me alegro que estés más animada y recuerda que soy ante todo tu amigo. Ahora debo dejarte pero antes quiero felicitarte porque sé que mañana es tu cumpleaños. —le dice él.

—Muchas felicidades en tu día. Pásalo rico y disfruta de lo bonito que la vida te mande. —se despide el artista.

Días más tarde, Cassandra ensaya una coreografía en el aula de baile frente al profesor que la observa. 

—Muy bien, así Cassandra, sedúceme. Se más sexy, provócame. 

Tras la sensual coreografía, la monitora se traslada al aula de teatro donde se dan los últimos retoques a la obra que están a punto de estrenar. 

Finalizan las clases y todos empiezan a abandonar el aula. De pronto la muchacha, empieza a palidecer e instantes más tarde, sufre un desmayo quedando inconsciente sobre el suelo del aula. Sus compañeros corren a socorrerla.

—¡Apartaos, dejadla respirar! ¡Cassandra, reacciona! —dice uno de los profesores de cuarenta y cinco años muy delgado y de cabello castaño, dándole palmadas en la cara para que despierte. 

Al ver que todo es inútil, toman una decisión. 

—¡Llamad a una ambulancia!

Sus compañeros la llevan urgentemente al hospital y allí los médicos, la someten a numerosas pruebas para averiguar la causa de su desvanecimiento. Sus amigos nerviosos y preocupados caminan de un lado para otro y cuando ven a un médico le preguntan. 

—¿Podemos verla? —desea saber un muchacho de cabello castaño y muy delgado.

—Ahora no. Debe descansar. —aconseja el doctor, un hombre de casi sesenta años y no muy alto. 

—¡Pobrecita! Espero que esté mejor. —dice una de sus compañeras, de la misma edad de la bailarina, con el cabello negro cortado a lo garçón. 

Cuando Cassandra despierta, Virginia está junto a ella. 

—¡Virginia! —dice la chica sin saber como y porque se encuentra en un hospital.

—¿Cómo estás, cielo? —le dice su amiga, acariciándole la frente suavemente con el dorso de la mano. 

—Bien, pero ¿qué hago yo en un hospital? —desea saber la bailarina, incorporándose un poco en la cama. 

—¿Es qué no lo recuerdas? Te desmayaste al acabar la clase de teatro y una compañera tuya me aviso de lo que te había pasado. Supongo que buscó en tu móvil el teléfono de algún amigo y encontró el mío. 

—Sí ya recuerdo. Cuando terminó la clase empecé a sentirme mal y ya no recuerdo más. Pero creo que exageraron trayéndome a un hospital. —dice la amiga de Rafael, quitando importancia a lo ocurrido 

—No exageraron. Hicieron muy bien porque perdiste el conocimiento y no lo recuperabas. El hecho de que siempre hayas sido una persona fuerte y sana no ha podido librarte de esto. Forzaste demasiado tu cuerpo y ahí tienes el resultado. El médico me ha dicho que sufres de agotamiento por exceso de trabajo. Ya te advertí que esto pasaría ¿me harás caso ahora y te irás?

—No puedo dejar colgados a los huéspedes del hotel ,ni a mis compañeros de clase. —se justifica ella.

—Tú no cambias, siempre piensas primero en los demás. Eso está muy bien es muy bonito. Pero a veces debes pensar primero en ti. La gente no dejará de quererte por eso. En el hotel y en la discoteca pueden encontrar a otra persona por unos días y la obra de teatro la estrenaréis en unos días. Le comenté al medico que alguna vez te pedí que te tomaras unos días libres para descansar y cambiar de aires, pero que no me hiciste caso. Me dijo que ahora es él el que te lo manda. Tendrás que hacerle caso. —dice su amiga preocupada y molesta a la vez.

Vannessa Y Laura las bailarinas de Carlos se toman un descanso de cinco minutos y hablan un poco de sus vidas. 

En Venezuela Carlos es entrevistado en un programa de televisión. En él los hombres se limitan a escuchar la entrevista pero las mujeres silban al cantante y le piropean consiguiendo arrancarle una sonrisa tanto a el como a la presentador.

—¿Y qué tipo de canciones componen tu disco? —pregunta la presentadora.

—De todo. Hay canciones lentas para bailar pegado que me encanta. También temas más movidos como "Mi medicina y Mueve Mueve. Me encanta bailar con las mujeres y si esta me gusta entonces me derrito. —se sincera él 

—Tienes un físico espectacular ¿Eres deportista?

—Sí, mucho, aunque no tengo tiempo de practicar mucho deporte. Siempre trato de buscar unos minutos para ponerme en forma. De hecho practiqué deporte durante años. 

—Y pasando a otra cosa. ¿Cómo está tu corazón? ¿Tienes novia, estas enamorado? —pregunta la comunicadora.

—No, no tengo novia. —contesta Carlos sinceramente.

En cambio, a la siguiente pregunta habría contestado que no hace dos meses. Pero desde que conoció a esa chica ya no está tan seguro. 

—Tengo amigas especiales, pero no novia, por el momento. —asegura el cantautor.

—¿Seguro? Ya sabes que a veces se miente porque sino se venden menos discos. —pregunta la presentadora, una famosa actriz de cabello dorado, reconvertida ahora en presentadora.

—Sí, aun no tengo novia y no me parece justo que se diga que las seguidoras de un cantante dejan de comprar sus discos cuando estos tienen novia. Las mías no son así. Ellas saben que si tú eres feliz, les darás más amor todavía. La persona que esté conmigo deberá entender que yo me entrego por completo a ellas. —se sincera el hijo de Clara Jiménez.

—¿Podrías enamorarte de una fan? Hay muchas interesadas en saberlo. —dice la comunicadora mirando a la grada en la que hay un nutrido grupo de fans del artista.

—¡Por supuesto! Aunque aun no me ha pasado. —responde él. 

—Se dice que los latinos son infieles. ¿Qué opinas?

—Depende de la persona y de como vaya la relación en ese momento porque a veces en la pareja falla algo. Y es que además hay mujeres tan bellas...Pero supongo que cuando conoces a una persona que te llega hasta el fondo del alma y eres feliz, ni se te pasa por la cabeza engañarla. —dice mientras piensa en Cassandra. 

—¿Has sido infiel alguna vez a alguien? —pregunta la conductora del programa.

—Contestaré a esa pregunta solo en presencia de mi abogado. —responde el intérprete con una sonora carcajada.

—Bueno chicas, pues ya sabéis al ataque. —dice la presentadora provocando una sonrisa en Carlos. —Dentro de unos días viajarás a España, un país que tanto amamos acá. ¿Cómo te han tratado las españolas?

—Increíblemente bien, son muy cálidas y cariñosas. Además yo tengo sangre española en las venas y eso me hace sentirme más cerca de ellas. Mi padre nació en Tenerife.

—¿Cómo son las españolas? —pregunta la escultural rubia de piernas largas que presenta el programa.

—¡Bellísimas! —dice volviendo a pensar en Cassandra. —Tienen un fuego interior que me encanta y me vuelve loco.

A través de la radio que Virginia le ha llevado a Cassandra al hospital, se anuncian las fechas de las actuaciones de Carlos en España.

—El cantante venezolano Carlos Baute actuará en Madrid los días 21 y 22 en Barcelona el 23 y 24 y coincidiendo con la feria de Abril los días 25 26 y 27. 

—¡Eh, ¿lo has oído? Tenemos que sacar las entradas para ir a verle. —le propone. —Además sé que a ti te encanta, que eres fan. Cuando te vea bailar...enloquecerá. Si hasta a Rafa que es un profesional, le tienes loco. Ese chico no tiene porque ser menos. Ya me encargaría yo de que te sacara a bailar. Aunque no creo que tuviera que pedírselo dos veces. Estoy segura de que te sacaría por decisión propia. No pienso quedarme con las ganas de veros bailar. Te lo aseguro. —le dice Virginia, guiñándole un ojo a su amiga. —¿Sabes? A veces creo que cuando escribió Mueve Mueve lo hizo pensando en ti.

—¡Es increíble la imaginación que tienes! Como escritora no tendrías rival. —le responde Cassandra sonriendo.

—Nunca he estado tan segura de algo como lo estoy de esto. A lo mejor se fija en ti. ¿No? —le vuelve a guiñar un ojo la novia de Pedro a la bailarina.

—Sí, claro con todas las chicas que debe tener a su alrededor y pudiendo elegir entre lo mejor... -dice incrédula Cassandra. —Es que en realidad yo le he dicho que no y anda el pobre llorando por las esquinas. —bromea la profesora de salsa. Con todas las mujeres bellas y espectaculares que le deben rondar, ¿en serio crees que se fijaría en mi? Seguramente termine con alguien que se dedique a lo mismo que él con pinta de modelo. Además ellas son bastante más altas que yo. —asegura a su amiga, la monitora de salsa.

—¡Eso es un tópico y sabes cuanto odio los tópicos! ¡Tonto sería si no se fijara en ti! No tienes nada que envidiar a las chicas que le rodean. Eres preciosa, tienes mucha belleza interior y he leído que esa es una de las cosas que busca en una mujer. ¿Te imaginas? Sería como el cuento de la cenicienta. El buen perfume viene en frasco pequeño.
Me encantaría que volvieras a enamorarte. 

—Sí, el veneno también viene en frasco pequeño. —bromea Cassandra.  —No me interesa el amor. Ya lo tuve y lo perdí. —se lamenta.

—Bueno, en cierto modo algo de veneno tienes tú. Sobre todo cuando bailas, hechizando a los hombres. Espero que no sigas culpándote de lo que pasó, porque tú eres quien menos culpa de ello tuvo. Sonará duro lo que te voy a decir pero todo pasa por alguna razón. Tal vez lo que pasó tenía que pasar porque una persona debía entrar en tu vida. Una persona nueva, la que está en tu destino. He leído que él busca belleza interior en una mujer.

—Eso dicen todos, pero a la hora de la verdad, nunca se fijan en gente así. —dice la monitora de salsa.

—Es verdad, aunque espero que no todos sean iguales.

Al principio, cuando somos jóvenes a todos nos ocurre. Sin embargo las experiencias vividas y los años te hacen madurar y valorar otras cosas.

En la academia donde estudia la bailarina, las clases transcurren con normalidad. Todos la extrañan pues su sonrisa ilumina cualquier lugar en el que está. La chica siempre está tratando de animar a sus compañeros. 

—Los profesores también la echamos de menos por todo lo que habéis dicho y porque es una gran alumna. Pero hay que seguir adelante con las clases. Dentro de una semana son los exámenes finales y os graduaréis. —dice el profesor de Canto, un tipo con bigote ya calvo y aspecto serio.

—¿Y qué pasará con ella? —pregunta un compañero, rubio con el pelo rapado al dos.

—No os preocupéis, va muy adelantada en el curso y no creo que tenga problemas para graduarse.

Al otro lado del charco, Daisy trata una y otra vez de conquistar al hombre que ama lo que incomoda mucho al bailarín. Elvis le aconseja que le aconseja al chico que deje las cosas claras a la joven. 

—Deberías hablar con ella de nuevo. —le recomienda el cantante. 

El chico sigue su consejo y habla con su compañera. 

—Creí que el otro día cuando hablamos quedó todo claro.

—Lo sé, pero no pierdo las esperanzas de que si sigo insistiendo, quizás algún día te conquiste.

—Preferiría que no lo intentaras. —se sincera él evitando un abrazo suyo.

—¿Por qué? Solo te pido una oportunidad para que tus sentimientos hacia mi cambien.

—No cambiarán. Mira no te lo quería decir. El problema no eres tú, sino yo. Amo a otra mujer y a pesar de que llevo un año sin verla no la he podido olvidar. La quiero como el primer día. He intentado que te dieras cuenta para que no sufrieras evitándote pero como veo que no te dabas cuenta no me has dejado otra salida. Olvídate de mi y fíjate en alguien que sí te pueda querer. ¡Lo siento!

Las sinceras y duras palabras de Alberto caen como un jarro de agua fría sobre ella. 

Daisy no sabe si reír o llorar, en su interior se mezclan la tristeza y la amargura con el dolor y la rabia sin saber cual de todos esos sentimientos es el más fuerte. Por un lado siente ganas de llorar, por el otro desearía hacerles pagar a ambos todo el sufrimiento que esta sintiendo en esos momentos. En ese instante los detesta a ambos, pero sin duda es a ella a quien más odia pues le está arrebatando el amor del bailarín. 

Él mientras tanto recuerda cada instante que vivió con Lola en Madrid. La enfermera, que en ese momento hace limpieza general en casa, encuentra dentro de un libro una foto en la que está con Alberto. 

En ese momento se produce una conexión mágica entre ambos y piensan el uno en el otro al mismo tiempo. Recuerdan con nostalgia los momentos compartidos y los lugares que visitaron juntos.

Una infinita tristeza y melancolía se apodera de ellos.

En la academia, las clases del día han finalizado y el claustro de profesores se reúne para examinar las actuaciones de los alumnos a lo largo del curso.

Los profesores de Canto, Técnica Vocal, Baile e Interpretación evalúan uno a uno a los alumnos ayudándose de unos vídeos con sus actuaciones y de lo que han observado en ellos. 

—Muy bien, el siguiente es Jaime Rivera. —dice la profesora de Canto.

—Ha sufrido muchos altibajos. —dice uno de los profesores.

—Sí, aún debe trabajar más. —comenta el profesor de Técnica Vocal, algo más joven que su compañero y de cabello largo. 

—Creo que su problema es que no se concentra bien. —dice el profesor de Interpretación, un individuo de cabello rojizo y fornido.

—Esperemos que solo sea eso no quiero pensar que ha llegado a su limite como artista. Hay que ayudarle. 

—Bien el siguiente la siguiente es Blanca Ríos. —dice la directora de la escuela, una atractiva mujer negra de cincuenta y dos años y cuerpo imponente. 

—Ha mejorado mucho desde que entró. —dice el profesor de Interpretación. —Ahora tiene más seguridad en si misma, aunque le falta un poquito para transmitir sentimiento. Pero lo logrará. 

—También ha mejorado mucho su forma de bailar. Se nota que ahora escucha más la música. —dicen los profesores de Baile. 

—Bien la siguiente es Cassandra Torres. ¿Qué me decís de ella? 

—Es quien más ha evolucionado de todos en estos años. Tiene mucho talento y es muy disciplinada. —dice el profesor de Interpretación.

—Posee una voz espectacular con la que puede cantar lo que le de la gana. —dice el profesor de Canto. 

—Estoy de acuerdo contigo. Es increíblemente sensual. En las canciones lentas transmite mucho sentimiento y en las canciones más movidas es donde puede demostrar todo el potencial que tiene. Es muy camaleónica y lo mismo puede ser una chica dulce tímida e inocente, que una bomba sexual capaz de derretir a un iceberg con sus sensuales y felinos movimientos o con solo el fuego de su mirada. Es una artista muy versátil. 

EL claustro sigue evaluando a los alumnos durante horas. 

Lejos de allí, Carlos habla con el director de su próximo videoclip sobre todo lo concerniente a él.

—Y dime ¿por qué elegiste España para rodarlo? ¿En que ciudad tienes previsto que sea? —le pregunta el hombre de cabello blanco. 

—En qué ciudad aun no lo he pensado. España tiene sitios muy bellos será difícil elegir. Me siento muy unido a este país porque mi padre nació acá .

—Todo eso está muy bien pero debemos darnos prisa en organizar el casting para encontrar a la chica que protagonizará contigo el videoclip.

—El casting no será necesario. —dice el artista.

—¿Por qué lo dices? —pregunta su compañero.

—Pues porque ya encontré a la chica perfecta para él. No la estaba buscando, pero la encontré. Tiene dulzura magia y sensualidad. Todavía no le he propuesto nada, pero espero que acepte. —dice esperanzado y con un brillo especial en sus ojos.



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