CAPITULO 10
—Mi amor, me acabas de hacer el hombre más feliz del mundo. Ahora te amo más que nunca. —la abraza él.
A medida que el éxito y la fama de Jazmín crecen, lo hacen también sus admiradores y enamorados que ya la llaman el "Angel Rubio".
Algunos productores del mundo del espectáculo planean conquistarla, pero aunque Jazmín esté separada de Ignacio su corazón sigue perteneciéndole.
Pablo un joven ex drogadicto es por fin dado de alta en el centro de desintoxicación en el que ha vivido el último año de su vida.
Han sido meses durísimos pero al fin lo ha logrado. Consciente de la suerte que ha tenido por haber salido de tan asqueroso mundo, le propone al director del centro trabajar como voluntario allá.
—Como desee pero en este momento no disponemos de puestos vacantes y no le podríamos pagar por su trabajo. —le explica el hombre al chico.
—Me ofrecí como voluntario. Mi familia es rica y como podrá usted suponer, no tengo problemas económicos. Si puedo sacar de ese mundo a una sola persona más, ya me sentiré suficientemente pagado.
—Entonces bienvenido al equipo, los médicos y los psicólogos dan apoyo médico pero nadie mejor que quien ha pasado por lo mismo para aconsejarles. Si lo desea puede empezar mañana mismo.
Cuando el joven regresa a su hogar sus padres le reciben con los brazos abiertos y él les comunica lo que ha decidido.
—No esperaba menos de ti. Nos sentimos muy orgullosos de lo que has logrado y de lo que vas a hacer por los demás.
En la feria, Carlos y Cassandra se sientan a hablar un rato.
—Estás preciosa vestida así. En realidad siempre lo estás. Me has impresionado como ninguna otra mujer lo había hecho. No sé que me pasa contigo. Discúlpame mientras bailábamos, resultara algo patoso, pero es que las sevillanas no son lo mío. De hecho es la primera vez que las bailo, aunque yo creo que eran los nervios. —la sonríe el cantante.
—¿Y por qué estabas nervioso? —pregunta ella.
—Por lo que he leído, eso no es muy normal en ti.
—Tu cercanía altera mi paz y estoy bastante sorprendido porque nunca antes me había pasado con nadie. Jamás he sido tímido, sobre todo cuando una mujer me gusta. He ido por ella sin pensármelo dos veces, pero tu no sé que tienes...—se sincera él con la bailarina de salsa.
Las palabras del venezolano alteran también la tranquilidad que hasta entonces a duras penas ella había logrado mantener, pese a la cercanía de ese hombre que tanto le gusta.
—Por cierto ¿te gustó el ramo de flores que te llegó al hotel?
—¿Lo mandaste tú? —dice bastante sorprendida.
—Por supuesto que lo mandé yo. Aunque supongo que no será la primera vez que te mandan flores.
—Te equivocas, el ramo de flores que me mandaste al hotel fue el primero que me han enviado. —se sincera ella.
—Bromeas. No me lo puedo creer. Una mujer tan bella y especial como tú seguro que habrá recibido de su novio más de uno le comenta el artista.
—Pues no es así, y por favor no hablemos más del tema. No me resulta agradable. —entristece ella.
—Como quieras preciosa, lo último que deseo es que te sientas incómoda a mi lado. Me gusta mucho tu compañía tu cercanía y solo deseo que estés a gusto. Si he dicho algo que te moleste dímelo y no lo volveré a hacer. —dice mirándola fijamente a los ojos.
—Descuida que si eso llegara a pasar lo sabrías. Eso tenlo por seguro. —afirma la amiga de Virginia.
—Eso espero yo también. —le dice, mientras los dos se miran profundamente a los ojos.
A solo unos metros de allá, Rocío, Vannessa y Laura los observan.
—Mirad a los dos tortolitos de allá enfrente. —dice Laura.
—Sí, ¡Qué bonito es el amor! —responde Vannessa.
—La verdad es que hacen una linda pareja. —concluye Rocío.
—Tienes razón. Creo que serían la pareja perfecta para protagonizar una telenovela ¿no creéis? —dice Laura.
—Estoy totalmente de acuerdo contigo. —contesta Rocío.
—Yo también. Es que Carlos es tan guapo que hace buena pareja con cualquiera. —puntualiza Vannessa.
—Cass no se queda atrás. Es una mujer bellísima y muy especial. —contesta Rocío.
En Madrid, Christopher extraña mucho a Cassandra. Hace ya tiempo que no la ve. Primero se fue unos días de viaje para descansar. En el avión que la traía de regreso la hirieron y estuvo varios días en el hospital y ahora está en la Feria De Abril en Sevilla.
—Si paso tanto tiempo sin verla, no habrá manera de conquistarla. —se lamenta.
En el interior de la caseta, las chicas siguen hablando del que parece haberse convertido en su tema favorito en los últimos minutos; Carlos y Cassandra.
—Si Carlos y Cassandra protagonizaran una telenovela ¿Quién sería la mala? En todas ellas hay una villana. —pregunta Laura.
—A mi se me ocurre una que sería perfecta. —contesta Laura.
—¡¿Sí?! ¿Quién? —pregunta Vannessa.
—Sandra, una ex amiga de mi prima que odia a Cassandra.
—¿Y eso por qué? no entiendo que alguien pueda odiar a mi amiga conociéndola. —pregunta Rocío.
—¿Por qué la odia?
—La culpa de que la amistad entre Virginia y ella se rompiera.
—Eso es imposible, Cassandra sería incapaz de hacer algo así ¿Qué pasó exactamente? —pregunta la joven.
—Mi prima descubrió que Sandra y Miguel, su novio de aquel entonces estaban liados. Esa chica está convencida de que Cassandra se lo inventó todo para separarlas, le juró a mi prima que era falso. Sandra ignora que fue mi prima quien los sorprendió juntos o al menos hasta poco lo ignoraba. Lo peor del caso es que esta chica le dijo a mi prima que era Cassandra quien estaba traicionándola, cuando era ella misma la que estaba con él desde hace meses.
—¡Qué cara más dura! ¡Hipócrita! —dice Rocío con cara de pocos amigos.
—Sí, a mi nunca me gustó esa chica. Afortunadamente mi prima jamás creyó semejante cosa de Cassandra porque la conoce y sabe como es. —dice Laura.
—Definitivamente esa es la candidata ideal para la villana. Vamos que mostrándose como es no tendría ni que interpretar. —dice Rocío.
Marta trata de abrirle los ojos a su hija.
—¡Nunca vas a cambiar, es inútil discutir contigo! Me voy. —dice la mujer, saliendo por la puerta de la casa de su hija.
En Hawai...
Rosalinda finalizada su jornada laboral va al cementerio y deposita unas flores sobre la tumba de su amiga Kekoa.
—Pobre amiga mía. Nunca imaginé que la próxima vez que te viera, sería en un lugar como este. —dice apesadumbrada. —Pero te juro que quien te hizo esto recibirá su castigo.
Luego la socorrista se acerca a casa de su amiga para visitar a sus padres y darles sus condolencias.
La señora Tanaka se queda de piedra al verla, pues no sabía que la chica estuviera en el país. Rosalinda enseguida la abraza emocionada.
—Lo siento en el alma. Imagino por lo que deben estar pasando. Yo estoy destrozada y solo era su amiga.
—La echamos tanto de menos...Mi esposo es quien peor lo está pasando. Yo siempre he sido algo más fuerte que él y sí me derrumbo yo también...
—Ya imagino. —dice Rosalinda tomando su mano con afecto.
—¿Cómo tú por aquí?
—Tuve que salir de Estados Unidos, porque un hombre me estaba acosando y Sean, el jefe de Kekoa, que me conoce hace un par de años me ofreció un puesto como socorrista aquí en Hawai. —le explica la venezolana.
—Imagino que el puesto que ocupaba mi hija, ¿verdad? —responde la mujer.
—Sí. —dice la vigilante agachando la cabeza y derramando unas lágrimas.
—No tienes porque sentirte mal. Estoy segura de que mi hija está complacida desde donde esté que seas tú y no otra la que ocupe ese puesto. —le dice la madre de Kekoa levantando el rostro de Rosalinda con una de sus manos y sonriendo con tristeza.
Lejos de allí y a pesar de que Ana solo tiene unas pocas semanas de embarazo, Julio le propone ir de tiendas para ir comprando todo lo que necesite su futuro hijo.
—No te apresures, cariño, es demasiado pronto. Debo tener tan solo unas pocas semanas de embarazo. —dice ella acariciando su cara.
—No me importa, quiero ir comprándolo todo ya. Anda compláceme ¿sí? —dice el besándola dulcemente en los labios.
—Está bien, Si eso es lo que quieres...—dice ella.
En Madrid, Virginia habla con su novio sobre Carlos y Cassandra.
—¿Se habrán visto ya los tortolitos en la feria? —dice ella.
—Seguramente sí ¿por qué? —pregunta él.
—Por curiosidad, me pregunto que pasará entre ellos. —dice ella.
—Lo que tenga que pasar. En cualquier caso puedes estar segura de que nada malo, sino todo lo contrario. Sabes perfectamente que ambos se gustan mucho.
—Eso deseo yo, pero no sé si ella se encuentra preparada para según que cosas. No sé si ya superó su trauma. —teme Virginia.
—Eso lo descubrirá ella misma cuando llegue el momento. No son todos iguales. —le asegura su novio.
—¿Cómo estará mi amiga? —se pregunta la profesora.
—Si está con Carlos, seguro que bien. Estoy convencido de que él la cuidaría y no permitiría que nada le hiciera daño. De todas formas si quieres puedes comprobarlo por ti misma. —le propone él.
—¿De qué estas hablando? —dice ella sin entender.
Pedro saca dos billetes de tren.
—Los he comprado esta mañana. Salimos esta misma tarde para Sevilla en el A.V.E. Siempre quisiste conocerla ¿no? Pues ahora tienes la posibilidad. —le sonríe él mostrando los billetes.
—¡Eres maravilloso mi amor! Te amo. —dice comiéndoselo a besos.
Sandra llega a Sevilla para asistir a la boda de su hermano y pasar unos días en la ciudad.
En Madrid, Rafael recibe una llamada de su ex mujer que quiere volver con él.
—Lo siento mucho, pero yo ya estoy enamorado de ti. Me costó mucho olvidarte, pero al fin lo conseguí. No funcionaria, créeme. —le asegura el cubano.
El siniestro plan que un famoso actor y su cómplice, una ambiciosa e interesada mujer han tramado para conseguir lo que desean de uno de los actores más famosos y cotizados del mundo se pone en marcha.
La mujer sale en televisión declarando que fue novia del actor y que este la ha maltratado físicamente mientras la relación entre ambos duró.
Aunque todo cuanto dicen es falso, hay gente de la que se dedica al mundo del corazón que prefieren creerla.
Ya tachan al actor de maltratador, a pesar de que no hay ni una sola prueba que lo demuestre.
El artista indignado pone en marcha toda la maquinaria legal necesaria para demandar tanto a la chica como a quien esté apoyándola.
La mujer asustada al saberlo hace partícipe de sus temores a su socio.
—¡Tranquilizate! Si quieren pruebas, yo puedo decir que le ví pegándote en más de una ocasión.
—¿De verdad lo harías? —inquiere ella.
—¡Por supuesto! Cuanto más hundido le vea mejor. Le detesto. Por su culpa siempre he hecho papeles de segundón. Me ha quitado aquellos que yo quería. Quiero destrozar su carrera y que nunca más le vuelvan a llamar para nada. Haría cualquier cosa con tal de acabar con él y que no me molestara nunca más. —se sincera con odio el actor.
En el aeropuerto lo paparazzis abordan al artista.
—¿Qué tiene que decir sobre la mujer que le acusa de malos tratos en televisión? —pregunta un periodista.
—Por favor, dejènme tranquilo. Porque no les pienso hablar del tema. —les dice el artista. —En los tribunales es donde contestaré a esta "señorita".

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