CAPÍTULO 5
—¿Cómo la encontraste? ¿Quién es esa chica que tiene tan loco? ¿Dónde está? ¿Cómo se llama? —le pregunta el director del videoclip.
—En Madrid, al resto de las preguntas no te puedo contestar porque no lo sé. —dice el artista venezolano.
—¡Fantástico! Será como buscar una aguja en un pajar. ¡Pues qué bien! ¿Y cómo damos con ella? —responde el hombre.
—Por eso no te preocupes. Trabaja en el hotel donde me alojé la última vez que estuve en Madrid. —explica el venezolano.
Cassandra, que ya salió del hospital, ensaya unos pasos de baile en el estudio en el que practica de vez en cuando. También da alguna clase en él sacándose un dinero extra que le viene muy bien. Virginia que ha ido a verla la mira embobada.
—Cada día lo haces mejor. ¡Ojalá yo bailara así!
—Podrías si quisieras, es cuestión de práctica y aprendizaje. —le asegura ella.
—¡Oh no! Hace falta algo más que práctica para bailar así. Eres una gran amiga, pero no sabes mentir. Yo no he nacido para bailar por mucho que lo intente. Tengo dos pies izquierdos y no tengo coordinación. En cambio tú eres increíble para todo lo relacionado con el mundo del espectáculo. Eres una gran bailarina y podrías enseñar a cualquiera. Mira a mi prima Laura. Gracias a tus clases ahora se gana la vida como bailarina. —le recuerda la prometida de Pedro a su amiga.
—Eso se lo debe solo a ella. Es una luchadora. Tengo que ir a clase de Teatro, acompáñame y ves una clase. —le propone la profesora de salsa.
—¿A tus compañeros no les importará? —pregunta Virginia.
—No lo creo. De vez en cuando nos gusta tener espectadores. Por cierto recuerda que mañana actúo. —le dice la profesora de Baile a su amiga.
—No te preocupes. Lo recordaba Estarás muy nerviosa ¿no?
—Ahora no, pero mañana... —dice la futura estrella a su amiga.
—Espero que cuando seas una súper estrella no me olvides. —le pide Virginia a su amiga.
—No seas tonta. Nunca me olvidaría de mis amigos. Además quizás no lo logre. —se sincera Cassandra.
—Yo sé que lo lograrás. Verás como cuando te quieras dar cuenta tienes legiones de fans adorándote. Colas de enamorados y varios mánagers deseando llevar tu carrera. —le asegura Virginia.
—Lo de los representantes tengo que pensármelo bien. Creo que uno mismo es su mejor mánager. Aunque,
¿Quién sabe? Si alguno me inspira la suficiente confianza no veo el problema. —le explica la bailarina a su amiga.
Despúes de enviar unos
e-mails a las socias del club, Lola revisa su correo electrónico y observa que tiene correos electrónicos de algunas amigas y uno de Carlos.
¿Qué tal querida amiga? Espero que bien, yo contando los días que me faltan para regresar a tu país. Cada día me gusta más España. Siempre me ha traído muy buena suerte, además esta vez tengo más ganas de ir que nunca. pienso hacer turismo en Sevilla. Apenas la conozco. Espero que alguna me pueda acompañar y me haga de guía turístico. Hasta pronto. Besos Carlos.
—¿Y cómo le digo yo ahora que todas trabajamos o estudiamos y nos será imposible acompañarle? —dice Lola.
El día del estreno de la obra ha llegado. Los nervios están a flor de piel. La obra se desarrolla con toda normalidad según lo previsto. Al finalizar el público aplaude entusiasmado y todos se felicitan mutuamente por el éxito logrado.
Sin embargo, también están tristes porque no volverán a verse en mucho tiempo. Quizás nunca.
Las amigas de Cassandra se acercan a felicitarla.
—¿Y bien que os ha parecido? —pregunta la monitora de salsa.
—A mi me encantó. ¿contesta Lola.
—A mi también, además siempre te he dicho que tienes mucho talento y lo sabes. Soy Virginia amiga de Cassandra. —le dice a Lola.
—Encantada.
—Igualmente Virginia. —responde Lola.
—Virginia y yo nos vamos a tomar algo con mis compañeros de clase y sus amigos. Ven. —le propone la artista a la enfermera.
—Sí, vente. —la anima Virginia.
—Os lo agradezco, pero no puedo. Tengo mucho que hacer. He venido porque quería estar contigo en un momento como este tan importante pero debo irme. —dice Lola.
—Lo sé y por eso te agradezco el doble que hayas venido a verme. —la sonríe Cassandra.
—Habría hecho hasta lo imposible para no perderme tu actuación. Ahora os dejo estoy apuradísima. —dice la sanitaria, marchándose.
—De acuerdo. Te llamo en unos días para tomar un café. Gracias por venir. —dice la amiga de Virginia, despidiéndola con la mano.
Luego todos se dirigen a un bar a celebrar el éxito de la obra.
Transcurridos unos días Carlos factura en el aeropuerto de su país sus maletas. Dentro de unas horas estará en Madrid donde espera ver de nuevo a la mujer que le ha robado el sueño.
En la fila de embarque a tan solo unos metros delante suyo ve a una hermosa joven haciendo lo mismo que él. El venezolano sonríe, sus ojos se iluminan y sus pupilas se dilatan. Segundos después, la chica abandona la fila y se pierde entre la multitud mientras Carlos la sigue con la mirada.
Con las maletas ya embarcadas Carlos y su equipo van a tomar un café.
—Carlos ¿se puede saber que te pasa? Estás en las nubes. —le pregunta su mánager, venezolano al igual que él y de cabello rojizo muy corto, que le siente distraído.
—¿Qué? —dice Carlos reaccionando entonces. —¿Me decías algo?
—¡Nada, déjalo! —responde su agente.
Virginia aprovecha el recreo de sus alumnos para corregir sus exámenes cuando recibe una llamada en su móvil.
—¿Sí?
—Virginia, soy Cassandra ¿Cómo te va?
—¡Cassandra! ¡Cómo me alegro de escuchar tu voz! Estoy corrigiendo unos exámenes y tú como estás?
—Sin novedad como siempre. —responde la bailarina.
Tras un buen rato conversando, las amigas se despiden quedando en verse esa misma noche.
En club de fans el ritmo de trabajo es frenético y las presidentas informan a las socias de las actividades del club mediante boletines informativos e e-mails.
Ivanna está obsesionada con el cantante vive por y para él.
Ha convertido su casa en un museo dedicado a Carlos.
Lo que en principio era admiración, ha derivado en una enfermiza y peligrosa obsesión.
—Hemos nacido el uno para el otro. Solo estoy esperando que nuestros destinos se crucen para siempre. Cuando me conozcas no podrás evitar amarme. No dejaré que nadie se interponga entre nosotros, porque tú eres solo para mi. Caerás rendido a mis pies. —dice mientras mira la foto del artista que tiene en sus manos.
Luego le da la vuelta y lee la dedicatoria que él le puso.
Para Ivanna con cariño. Carlos.
—Estamos destinados a estar juntos. Te gusto y lo sé. Cuando me firmabas esta foto tu mirada lo dijo todo. No hicieron falta palabras. Esta dedicatoria la escribiste especialmente para mi. —dice perdiendo todo noción de la realidad.
La chica piensa que a raíz de la dedicatoria el venezolano la considera alguien especial en su vida. Pero lo único cierto es que él la ve como a una fan más y si la considera especial. Como al resto de las fans. Para él todas lo son y si la miró fue para escuchar la dedicatoria que quería que su ídolo le pusiera en la foto.
Su mente no discierne realidad de ficción.
En el aeropuerto se avisa por megafonía a los pasajeros del vuelo de Carlos.
Pasajeros con destino Madrid vuelo 00272, por favor embarquen puerta D-16.
En la fila de embarque Carlos ve a la joven de antes a tan solo unos metros detrás suyo.
Al avanzar la fila, la pierde de vista de nuevo.
Minutos despúes de que el venezolano haya tomado asiento se forma un pequeño revuelo no muy lejos de él Una pasajera no encuentra su sitio y está bastante molesta.
—¡Esto es una vergüenza! ¡Jamás me había pasado algo semejante! ¡Cuando mi marido se entere, rodarán cabezas! —exclama furiosa la mujer de cabello rojo muy maquillada con demasiadas joyas y actitud prepotente.
—¡Señora, cálmese por favor! ¡Vamos a ver que ha pasado, vamos a darle alguna solución. —intenta calmarla una azafata.
—¡Ninguna solución! ¡Quiero mi asiento y punto! —dice cada vez más enfadada.
—De acuerdo. Venga conmigo. ¡Deme su billete! —dice la azafata.
La mujer de unos cincuenta años, accede de mala gana y se lo entrega. La chica mira el billete y empieza a buscar el asiento. En él encuentra sentada a la joven que Carlos miraba en el aeropuerto.
—Perdone señorita, creo que hay un problema con su asiento ¿Me permite su billete? —le pide amablemente la azafata.
Cuando la azafata mira ambos billetes se da cuenta de que el ordenador ha dado el mismo asiento a dos pasajeras por error. Cuando la mayor de ellas se entera pone el grito en el cielo de nuevo.
—¡Esto es una vergüenza intolerable cuando mi marido se enteren verán! —vuelve a amenazar mientras dos pasajeros la imitan burlándose de ella sin que se dé cuenta.
—No es necesario. Me cambiaré de sitio. —dice la joven con amabilidad.
—Muchas gracias señorita por no agrandar una situación ya de por si incómoda. —le dice la azafata, agradecida.
—No te preocupes con estas personas es mejor evitar problemas. —responde Cassandra.
—¡Vamos niña termina de una vez! No tengo todo el día ¡Mira que eres lenta! Espabila. —le exige muy enfadada, impertinente y altiva la señora.
Carlos observa atónito toda la escena.
«Qué mujer tan desagradable» piensa el venezolano.
Ante la impertinencia de la mujer la chica que hasta entonces se había contenido estalla.
—¡Oiga señora controle su genio! ¡No le voy a tolerar que me trate como le dé la gana! ¡Demasiado hago con cederle mi asiento porque nada me obliga a ello! ¡No le vendría mal un poco de educación! —dice la chica mientras el resto de los pasajeros aplaude.
—¡Así se habla! Se lo merecía.
—¡Muy bien! —dicen varios pasajeros.
—¡Vaya fuego! —dice impresionado y fascinado por la chica de quién desconoce su identidad.
—¡Mocosa, ¿cómo te atreves?! —se muestra ofendida la mujer. —Quiero poner una queja. —dice la refinada dama muy altanera.
El resto del pasaje la abuchea y ella se sienta avergonzada.
—Nosotros también queremos poner una queja Nos queremos quejar de usted. —dice el cantante provocando la risa de los demás.
La chica se disculpa con la azafata.
—Lo siento no quería ponerme así. No sé como he podido explotar de semejante forma. No debí ceder a la provocación. —se sincera la joven con la azafata.
—No te preocupes. Hiciste muy bien. No hay que dejarse pisotear. Si yo no trabajara como azafata habría reaccionado peor que tú. Fuiste demasiado educada para lo que se merece esa señora. ¿No te diste cuenta de que todo el mundo te aplaudió? Ahora venga busquemos otro asiento. —le propone la azafata, una mujer morena a la muchacha.
Tras buscar unos minutos, las dos mujeres llegan junto a Carlos.
—Mire. Aquí tiene un sitio libre. Espero que con este pasajero no tenga problemas. —le dice la asistente de vuelo.
—Conmigo no los tendrá, despreocúpese. —responde el artista sonriendo.
Cuando la azafata se va, Carlos y Cassandra se sorprenden al encontrarse frente a frente.
Se ponen serios unos instantes y luego se sonríen.
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