CAPITULO 6


—Vaya preciosa, ¡qué agradable sorpresa! ¿Cómo estás? —dice el cantante sin poderse creer que esa hermosa mujer vaya a estar sentada junto a él el resto del viaje.—Este es el último lugar donde esperaba verte. —sonríe Carlos, arreglándose el cabello inconscientemente al verla.

—Sí, ¡Qué casualidad vernos aquí! Hola ¿Y tú qué tal? Me llamo Cassandra. —dice sonrièndole.

—Un bello nombre para una chica aun más bella. Soy Carlos. —dice él con una sonrisa matadora.

—Sí lo sé, eres solo un poquito conocido en mi país. —dice bromeando, tratando de colocar su equipaje de mano en el maletero del avión.

Carlos, galante la ayuda a colocarlo y en ese momento ambos perciben el perfume del otro y el pulso se les acelera.

—Por cierto tengo que felicitarte. —le dice cuando ya están sentados.

—A mi ¿por qué? —dice ella cruzando las piernas con sensualidad y elegancia.

Este inocente gesto turba la tranquilidad del cantante. Esa mujer le gusta tanto...
Pero ella no parece haberse dado cuenta.

—Me encantó como pusiste en su lugar a esa mujer tan impertinente. —le felicita el venezolano, mientras observa el vestido blanco de la bailarina que se ciñe a su cuerpo, como una segunda piel.

—¡No me lo recuerdes por favor! Qué vergüenza. Me siento terriblemente mal. Creo que debí callarme. —dice ella sintiéndose culpable.

A la monitora de salsa la cercanía de Carlos la pone nerviosa, pero confía en que él no se haya percatado.

—Hiciste muy bien. No tienes porque avergonzarte de nada. Yo habría sido menos delicado a pesar que suelo ser bastante pasota. Te lo aseguro. No debes permitir que nadie te humille. —dice mientras la observa con detalle.

«¡Qué boca tan sensual y que ojos tan bellos! ¡Y ese fuego en su mirada...!» piensa Carlos «Ahora que la tengo cerca me parece mucho más bella.»

—Ya lo sé, pero me siento mal por ello. No puedo evitarlo. —responde ella.

—Eso es porque eres una buena persona. —le dice él.

La amiga de Virginia, cree que esa ropa de sport que lleva el artista le sienta muy bien. Cassandra nota la intensa mirada del venezolano aunque finge no percatarse de ello. Sin embargo, ella le mira a él cuando el artista está distraído. Pero el cantante sí se ha percatado y está encantado aunque prefiere hacerse el sueco al igual que ella.

En el gimnasio, Christopher, el streapper se ejercita mientras piensa en la monitora de salsa, que cada día le gusta más y en la manera de conquistarla.

En el avión, la pareja conversa largo rato como si se conocieran de toda la vida. Ella vencida por el cansancio no tarda en quedarse dormida. Su cabeza cae mirando hacia Carlos que la mira extasiado mientras aspira el suave aroma de su cabello negro, que cae como una cascada ocultando parcialmente su dulce y exótico rostro.

El venezolano siente que podría perderse en la suave curvatura de su sensual y carnosa boca que provoca ser besada sin prisa, pero sin pausa.

Preocupado por el cuello de la chica, el artista pide a una azafata una almohada y una manta. Con delicadeza, arropa a la amiga de Virginia y le coloca la cabeza sobre la almohada.

Transcurrida hora, ella despierta.

—Buenas, hermosa bella durmiente ¿Qué tal dormiste Reina de corazones?

—Bien gracias. Pero ¿por qué me dices todas esas cosas? —pregunta halagada y sorprendida a la vez.

—Porque es la verdad. En la vida he visto a una mujer que estuviera tan bella como tú mientras duerme. Y lo de Reina de corazones lo digo porque debes reinar en el corazón de toda aquella persona que te conoce. 
En especial en el de los hombres. —dice el cantante con una sonrisa tan dulce que ella se derrite.

—¡Caray! ¿Tendré que pagarte por tus piropos? —le dice ella sacando ese sentido del humor que a pesar de su timidez saca de vez en cuando.

—No. Aunque si quieres me puedo cobrar en carnes. —se ríe él.

Ella, que entiende perfectamente lo que él quiere decir, abre la boca sorprendida por un momento.

—No creo que puedas cobrarte si yo... —responde la morena sonriendo malevolamente.

—¿De qué estás hablando? —pregunta él.

En unos segundos Carlos repara en lo que ella le ha querido y se siente avergonzado. Aunque eso hace que la morena le guste aún más.

Mientras hablan un hombre delgado y de cabello rubio al igual que el cantante, se levanta armado con una pistola y todos los pasajeros se asustan.

—¡Muy bien todo el mundo quieto, esto es un secuestro!

Carlos y Cassandra se miran unos segundos a los ojos y se acercan más el uno al otro como para protegerse mutuamente. Una de las azafatas le pide al hombre que se tranquilice, mientras él encañona con su pistola a Cassandra en la sien. Ella cierra los ojos muerta de miedo esperando lo peor.

—¡Déjala! ¡No la toques! —dice el venezolano furioso.

El artista sabe que es una locura lo que está haciendo, pero puede evitarlo.

—Vaya vaya.  Aquí tenemos al héroe defendiendo a su amada. Qué escenita tan romántica. —dice en tono burlón. —¡Siéntate o te lleno de plomo! —amenaza el delincuente a Carlos.

—Vale vale, ya me siento. Pero no le hagas daño, ¡por favor! —suplica el cantautor muy asustado.

—Debes quererla mucho para arriesgarte a que te mate. La verdad es que te entiendo. Es muy guapa. —dice el individuo deslizando el frío acero de su pistola por el rostro de Cassandra y bajando por su boca.

Carlos intenta defenderla de nuevo tratando de levantarse.

—¡Ya me estoy cansando de ti,Superman! La próxima vez no te avisaré. Tu novia es preciosa, entiendo que estés loco por ella. No seas tan egoísta, hombre. Solo quiero hablar con ella. —dice el secuestrador, insinuándose aunque ella le ignora.—Si tanto la quieres no hagas tonterías y no la pongas en peligro. ¡No me provoques...! ¡Eh, usted! —le dice en tono autoritario a una azafata. —¡Digale al piloto que desvíe el avión a Francia ahora mismo!

Carlos no puede dejar de pensar en lo que el delincuente le ha dicho. No entiende porque cree que él y Cassandra son pareja, pero la verdad es que le agradó la confusión.

El maleante, aparta con la pistola parte del cabello de la monitora de salsa y deja a la vista su cuello. Carlos toma una de las manos de Cassandra para infundirle ánimos y muy preocupado, observa como el delincuente la roza con su pistola. Eso le enfurece, aunque prefiere no hacer nada que pueda poner a la chica en peligro. Ella que sigue muerta de miedo siente la mano del venezolano sobre la suya y le mira.

—¡Por favor, no le provoques! Está loco y puede hacerte daño. —le suplica la bailarina al cantante.

—Eres preciosa ¿por qué no me das un beso? —dice el delincuente volviendo el rostro de la chica hacía él y tratando de besarla.

Ella asqueada vuelve su cara hacia el venezolano y sus miradas se cruzan. Él se preocupa al ver los ojos de animalito asustado de la chica. Llevado por un impulso Carlos le acaricia el rostro con ternura sintiendo la piel de seda de la joven.

—Tranquila amor. No dejaré que te haga daño. ¡Te defenderé con mi vida si es necesario! —dice mirándola con ternura.

—No intentes nada ¡por favor! Este tipo es capaz de cualquier cosa y no me perdonaría que por mi culpa te pasará algo.

A unos metros de allí Laura se compadece de Cassandra ignorando su identidad.

—¿Es qué nadie le va a detener?

—¡Levántate! —ordena el terrorista a Cassandra. —¡Y que nadie se mueva o la mato! —dice encañonándola en la sien.

Luego se la lleva a un rincón donde obliga a dos personas a cambiarse de asiento. Obliga a sentarse a Cassandra y luego se sienta él. Carlos los vigila con la mirada temiendo que a la chica le pase algo. Ella también piensa en él.

«¿Pero qué demonios me pasa? Mi vida está en peligro y yo pensando en Carlos.» «¡Espabila!»

El secuestrador vuelve a deslizar la pistola por el rostro y el cuerpo de la joven que aterrada no se atreve a abrir los ojos, ni a mover un solo músculo de su cuerpo. Mientras su acompañante la mira con ojos libidinosos.

Desde que Miguel la pegó Norma se encuentra muy deprimida, pero gracias al apoyo de sus amigos está consiguiendo salir adelante.
Los trámites de divorcio ya están en marcha y todos confían en que el divorcio salga pronto. Mientras tanto la actriz estudia varias ofertas de trabajo que ha recibido.

—¿Qué haces? —le pregunta la esposa de Julio.

—Estudiando unas ofertas de trabajo que me han hecho. Leyendo algunos guiones. 

—Así me gusta, trabajar te hará bien, porque mantendrá tu mente ocupada.

Brandy una hermosa mulata de ojos miel y una de las mejores modelos del momento, que ha tenido que enfrentarse a las zancadillas y envidias de algunas compañeras de profesión espera a su pareja para la sesión de fotos de ese día. Mientras espera, repasa sus apuntes sobre Gestión
Empresarial. Cuando su compañero llega ambos se sienten irresistiblemente atraídos. 

—Sabía que era bella, pero de verdad que no tengo palabras que puedan describirla con justicia. —comenta Nicholás el modelo, un hombre de cabello largo y tono castaño y ojos verdes, fascinado al fotógrafo cuando la ve. 

—¡Cuidado! No eres el primero que empieza diciendo eso y acaba enamorándose de ella. Yo incluso casi pierdo la cabeza por Brandy. —dice el fotógrafo, un hombre de veintiocho años, cabello negro y cuerpo musculoso.

—¿Y lo conseguiste? Me refiero a no perder la cabeza por ella. —pregunta el modelo.

—Me costó, pero lo logré. —dice el que maneja la cámara fotográfica. 

Nicholás, le mira dudando si creerle o no.

—¿Sale con alguien? —pregunta el modelo. mirándola.

—No que yo sepa. Ha tenido a muchos tipos babeando por ella pero jamás le hizo caso a ninguno. Ahora ve junto a ella. Vamos a empezar. —le dice el fotógrafo.

Instantánea tras instantánea, el fotógrafo va logrando fotos cada vez más sensuales.

—Juntaros más. Ahora Brandy echa la cabeza hacia atrás y tú Nicholás, posa tus labios sobre su cuello.

Han pasado ya varias horas desde que el avión fuera secuestrado y desde entonces el criminal ha sembrado el pánico entre los pasajeros que temen lo que pueda hacer como venganza por no haber conseguido ir a Francia, por falta de combustible. El aparato que ya ha tomado tierra en Madrid, permanece parado en la  pista. 

En el aeropuerto, todo el mundo está pendiente de lo que pueda suceder y la policía tiene acordonada la zona. Está dispuesta a negociar con él.

—¡Quiero un millón de dólares. Un avión que me lleve a Francia y que venga un equipo de televisión. 
Si mis exigencias no son cumplidas cuanto antes, empezaré a matar pasajeros. Y la persona que se encuentra a mi lado será la primera. —dice mirando a la monitora de salsa. —Tienen una hora antes de que empieza a matar gente.

—De acuerdo. Haremos lo que usted diga. Por favor, no haga daño a nadie. —le dice un policía.

—Eso lo decido yo. ¡Ustedes no están en posición de pedir nada! Mataré a una persona por cada diez minutos de retraso. —dice cortando con brusquedad  la comunicación.

—Ese tipo está loco. Debemos darnos prisa o morirá mucha gente. —dice un policía.

—¡Eso es sólo una treta! Una manera de presionar. ¡No podemos tolerar que nos controle! —le dice un superior.

—Escúcheme bien. No podemos arriesgar la vida de tanta gente. Sé perfectamente cuando alguien habla en serio y son capaces de una locura. Ese tipo habla en serio porque no tiene nada que perder.

Virginia mientras tanto está angustiada por lo que pueda estar sucediendo con su amiga en el avión. Ni siquiera recuerda que ha quedado con Pedro, ni oye sonar su teléfono móvil. Pedro la está llamando alarmado porque no ha acudido a la cita.

—¿Pero dónde te has metido, Virginia? ¡Coge el teléfono de una vez! —dice sin saber  si preocuparse o enfadarse.

Minutos después, las exigencias del secuestrador son cumplidas.

El delincuente ignora es que el cámara que le está filmando es un policía infiltrado. En un descuido del criminal, el policía se abalanza sobre él tratando de arrebatarle el arma.

Cassandra que había aprovechado para escapar, cae desplomada al suelo al recibir la bala que se ha disparado por accidente del arma del delincuente. Carlos es el primero en llegar junto a ella muy asustado.

Virginia cada vez está más angustiada por su amiga.

—¡Por Dios! ¿Qué estará pasando? ¿Es qué esto no acabará nunca? —dice muy preocupada.

Vannessa, por su parte se preocupa también por la detonación que acaba de oír.

—¿Habrá alguien herido? —se pregunta, asustada.

Carlos muy angustiado trata de hacer reaccionar a Cassandra.

—¡Cassandra! Soy Carlos. ¡Por favor háblame! —dice tomando el rostro de la monitora de salsa entre sus manos. —¡Un médico! ¡Hay que llamar a un médico! —dice desesperado.

Se vuelve a sentir otra detonación y esta vez es el secuestrador quien cae muerto al suelo.

Instantes despúes del avión salen el cadáver del delincuente y en camilla la chica de ojos azules malherida, acompañada de Carlos, que le toma la mano esperando que reaccione.

—¡Vamos preciosa, no te rindas!



Lejos de allá la maquilladora retoca el rostro de Brandy para el próximo carrete y la peluquera le arregla el cabello. Nicholás la mira fijamente observando como el sol de la mañana baña de reflejos  rojizos la cabellera azabache de la modelo. 
Ella se siente algo incómoda por la intensidad con la que su compañero la mira.

En Madrid..

Carlos recibe una llamada de su mánager que le busca incansablemente.

—Estoy en la ambulancia. No te preocupes en cuanto la deje en el hospital, voy al hotel.

—¿Y qué tal está esa chica? —le pregunta su agente.

—Yo la veo muy pálida. Espero que despierte pronto. Ahora te dejo estamos llegando al hospital. —cuelga el cantante el teléfono mientras le acaricia la cara a Cassandra.

De repente, ella, abre los ojos con mucha dificultad e intenta decir algo.

—Tranquila no hables. Intenta reservar tus fuerzas. —le aconseja Carlos con ternura.

Cuando la joven, lleva ya un rato en el hospital, el venezolano se interesa por su estado de salud y pregunta a un doctor.

—Por fortuna solo ha sido el hombro. En unos minutos la operaremos.  Necesitará una transfusión, pues ha perdido mucha sangre y eso la ha debilitado mucho. Si sabe rezar hágalo, porque lo va a necesitar. —le explica el facultativo al hijo de Clara Jiménez.

—Dígame la verdad doctor ¿puede morir? —pregunta Carlos, muy angustiado.

—Con las heridas de bala nunca se sabe. Necesitamos un donante y ya.

—Yo me ofrezco. —dice preocupado pues no sabía que la chica estuviera tan mal.

—De acuerdo ¡Enfermera venga por favor! —llama el médico a una enfermera que conversa con otra en recepción.

—Dígame doctor. —se acerca ella con prontitud.

—Acompañe al joven para que se haga unas pruebas de sangre. Si es compatible con la de la chica que entró con un balazo en el hombro prepárelo todo para la transfusión. —ordena el médico a la mujer.

Minutos despúes de hacerle las pruebas, una enfermera le comunica los resultados al cantante.

—Por suerte, su sangre y la de la señorita Cassandra Torres son compatibles. —le informa la enfermera a Carlos.

—Gracias a Dios. Menos mal —respira aliviado iluminandósele la cara de alegría.

—¿Sabe? Esa chica tiene suerte de que su novio la quiera tanto. —contesta la joven, que se ha dado cuenta de la reacción del cantante.

Ya es la segunda vez en el día que alguien le cree novio de Cassandra. La confusión cada vez le resulta más agradable.

Por eso no se molesta en contar la verdad.

—Voy a prepararlo todo. Quedése aquí. Vendré por usted cuando esté todo listo!

Pasada media hora, Virginia llega al hospital pues se acaba de enterar de lo sucedido a su amiga y pregunta por ella en admisión.

—Hola señorita enfermera. ¿Han ingresado aquí a Cassandra Torres? —desea saber muy nerviosa.

—Un momento por favor. déjeme comprobarlo. Sí, aquí está. Será operada en unos minutos. —le informa la enfermera mirando los informes de la profesora de baile.

—Perdona, esa chica por la que preguntas es morena de preciosos ojos grises ¿verdad? —pregunta Carlos que ha escuchado al maestra si querer.

Ella intrigada, le mira de arriba abajo preguntándose quién será ese chico tan guapo que se ha dirigido a ella.

—Sí ¿la conoces? —responde ella.

—¡Claro! Nos conocimos en el avión que secuestraron. Además es imposible olvidar a una mujer tan bella. ¿Eres amiga suya?

—¡Por supuesto! ¿Qué tal está? —desea saber Virginia muy intranquila.

—Algo débil. Necesita una transfusión. Ahora he de irme están a punto de operarla y yo soy su donante de sangre. Por cierto me llamo Carlos. —se presenta el artista alejándose de ella.

—Adiós y gracias...Carlos.

Lola llama al celular del cantante, para saber que tal ha llegado ya que no ha podido ir a recogerlo al aeropuerto. El teléfono del venezolano está apagado y al no localizarle llama a su mánager para saber algo de él.

—Hola Franklin. Soy Lola ¿qué tal habéis llegado?

—Bien gracias teniendo en cuenta lo que ha pasado.

—¿De qué estás hablando? —pregunta ella que no sabe nada.

—Supongo que no has oído la noticias. Un tipo trató de secuestrar el avión, pero finalmente no se salió con la suya. —le explica el agente del venezolano.

—¿Estáis bien? —pregunta asustada. Estoy tratando de localizar a Carlos pero me ha sido imposible porque tiene el móvil apagado.

—Carlos está en el hospital. Tú que eres enfermera sabes que no se puede tener encendido allá en algunas zonas. Supongo que será por eso. —le explica el que lleva la carrera artística del venezolano.

—¿¡En el hospital!? Me habías dicho que estabais los dos bien!? —dice ella sin entender.

—Y lo estamos. Está acompañando a una pasajera que fue herida en un forcejeo entre el secuestrador y un policía.

—¿Y quién es esa chica? ¿¡Carlos se fue con ella!? —dice asombrada. —Es la primera vez desde que le conozco que hace algo así. Aunque no me sorprende pues es muy buena persona.
—Esa chica debe tener algo especial. —dice él.

—Bueno, ya nos explicará. Dile a Carlos que llame. —se despide Lola Toledo.

—No te preocupes se lo diré. —le asegura Franklin.

Desde que ha visto al cantante, Virginia no ha dejado de pensar en él. Su cara le resulta familiar, pero la preocupación por la salud de su amiga no le permite recordar de que lo conoce.

—¿Dónde he visto yo esa cara antes? —se pregunta.

De pronto la amiga de Cassandra ve a una joven leyendo una revista. Cuando la chica la deja encima de la mesa para atender una llamada en su celular, la novia de Pedro repara en la portada. Si bien, al principio apenas se fija en su rostro, segundos despúes reacciona al ver la foto de Carlos en portada y primer plano.

—Ya decía yo que le conocía.
¡Vaya con mi amiga que calladito se lo tenía! —se sorprende su amiga.—¿Cómo estará mi amiga que pasará en el quirófano?


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