CAPITULO 7
En televisión dan la noticia del secuestro del avión.
Hoy ha sido secuestrado un avión con destino Madrid, procedente de Caracas, por un individuo que reivindicaba la liberación de unos presos de cárceles francesas.
Amenazaba con matar a todos los pasajeros de no lograr sus propósitos. En especial a una joven a la que estuvo amenazando y acosando durante todo el vuelo.
Aprovechando un momento de distracción del delincuente, un policía infiltrado como cámara de televisión trató de arrebatarle el arma. Durante el forcejeo se escucharon dos detonaciones. La primera bala alcanzó a dicha joven y la segunda al criminal causándole la muerte en el acto.
La joven está siendo operada en estos momentos.
Vannessa y Laura, están intrigadas por el paradero de Carlos.
—¿Dónde se habrá metido? No le veo desde que subimos al avión en Caracas. —se pregunta en voz alta Vannessa.
—Yo tampoco. Supongo que estará llamando a algunos de los amigos que tiene en España desde antes de ser famoso aquí. —responde Laura. —Lo que no entiendo es tanto interés de tu parte en saber de él. ¿Sigues enamorada de Carlos? —desea saber la chica.
—Ya no. Hubo un tiempo en el que sí lo estaba. Luego Carlos me presentó a Javier, empezamos a salir y me enamoré de él. —responde Vannessa con sinceridad.—No tenía sentido decirle lo que sentía porque no me correspondería y además estaba triste por la ruptura con su ex novia. Para mi es como un hermano.
Entonces Laura decide sincerarse con su amiga.
—¿Sabes? Hubo un momento en el que llegué a pensar que me gustaba.
—¿¡Sí!? —exclama sorprendida Vannessa.
—Así es. Pero me dí cuenta que solo me sentía fascinada por su atractivo, humildad y simpatía. —se sincera la bailarín.
En el hospital, mientras está en quirófano por la mente de Cassandra pasan rápidamente todas las imágenes de ese día hasta el momento en el cual es herida. A partir de entonces ya no recuerda nada más.
Tan solo vagamente la voz de un hombre que la llamaba por su nombre.
Una voz sensual y de dulce acento caribeño.
La amiga de Virginia no sabe si eso ha sido real o producto de su imaginación.
En el restaurante del hotel Carlos y su mánager cenan mientras hablan de lo sucedido en el avión.
—¿Y cómo sigue la chica? —pregunta Franklin.
—Supongo que mejor. Me fuí de allí después de donarle mi sangre a Cassandra. —le explica Carlos.
—¡Vaya! Ya hasta sabes como se llama. A ti esa chica te gusta ¿verdad? —le pregunta su representante mirándole a los ojos.
—¿Por qué lo dices? —responde Carlos.
—No sé. Dímelo tú. Los ojos te brillan cuando hablas de ella. —le dice Franklin.
—No seas exagerado. —responde el cantante.
Minutos más tarde, en su suite, Carlos ya acostado piensa en la amiga de Virginia y llega a una conclusión. Esa mujer le gusta como ninguna otra hasta ahora. Además imaginarla haciendo el amor o besando a su novio le hace sentirse celoso y mucho.
Consciente de que su paso por España será breve intenta dejar de pensar en ella.
Sus esfuerzos resultan inútiles. Le preocupa como se encontrará.
Ivanna todos y cada uno de los días piensa en como traer a Carlos hacia ella y enamorarle.
—No sé como pero lo conseguiré como que me llamo Ivanna.
En una prisión de máxima seguridad, el recluso de una celda escucha a Santiago confesar el crimen más grave que ha cometido y por el que no ha sido juzgado.
Nadie sabe que él esta detrás de eso.
Santiago habla mientras sostiene entre sus manos una foto de Cassandra.
—Tuve que hacerlo por nosotros, cariño. Ahora podremos estar juntos para siempre.
Virginia está angustiada por el estado de su amiga. Aún nadie le ha dicho nada. En ese momento un cirujano, un hombre de casi sesenta años y cabello blanco aparece por allí.
—Perdone doctor. Mi amiga lleva ya rato en quirófano y aún no sé nada de ella.
—¿Cómo se llama su amiga? —pregunta él.
—Cassandra Torres. Ingresó hace unas horas con un balazo en el hombro. —dice ella.
—Todo ha ido bien. Aún está en quirófano.
En quirófano, el médico termina de darle los últimos puntos a Cassandra.
—Pobre chica. Creo que iba en el avión que secuestraron. —le comenta una de las enfermeras a otra, mientras ambas la observan.
—Sí. Debió pasarlo muy mal por culpa de ese tipo. —contesta su compañera.
Al día siguiente, cuando apenas han transcurrido unas horas de la mañana Cassandra despierta y encuentra a su amiga observándola.
—Buenos días, dormilona.
¿Cómo te encuentras hoy? —dice Virginia a su amiga.
—¿Cómo crees después de lo sucedido? —responde ella con tristeza.
—¡Vamos no seas quejica.
Solo ha sido un rasguño de nada. —responde la maestra siguiendo las indicaciones del médico.
El facultativo aconsejó que trataran de restarle importancia a lo sucedido para no generar un trauma a la joven, pero por dentro siente que ha estado a punto de perder a su amiga.
Su hermana.
Minutos después, Pedro, entra en la habitación.
—¿Se puede? —dice asomando la cabeza por la puerta y sonriendo.
—Sí cariño pasa. —responde Virginia.
—¿Cómo está? —le pregunta el muchacho a su novia, después de besarla.
—Bien como puedes comprobar por ti mismo. —responde ella mirándole.
El chico entiende enseguida el significado de la mirada de su chica.
—Pues sí, se la ve muy bien. —responde él.
—Si es que no se puede quejar. Sus amigos estamos pendientes de ella. Incluso un chico guapísimo se quedó con ella hasta que llegué. Incluso hasta su sangre le donó. Viajaban juntos en el avión. —le dice Virginia a su pareja.
—¿Y se puede saber dónde está y quién es ese galán? —pregunta él.
—Donde está ahora no lo sé. Pero te daré pistas para que sepas quien es.
—¡Estupendo! ¡Me encantan las adivinanzas! —dice Pedro frotándose las manos.
Cassandra no da crédito a lo que está presenciando. Parece que esos dos han olvidado que ella está presente en la habitación.
—A ver, a ver. Es guapo, rubio, venezolano. Tiene dos canciones muy conocidas como Mi Medicina y Mueve Mueve.
—¡No! —dice Pedro fingiendo sorprenderse.
—¡Sí! —dice su novia imitando un redoble de tambores a continuación <¡Y el ganador es..!
—¡Carlos Baute! —responde él.
—¡Premio! —dice Virginia aplaudiendo y besando a su novio.
Cassandra sonríe resignada.
"Son como niños." piensa.
—Vaya, vaya Cassandrita qué calladito te lo tenías, bicho. —le dice su amigo.
—Yo no recuerdo nada. Estaba insconciente. Solo vagamente que traté de hablar y una voz sensual me lo impidió. Fue muy amable, solo eso. No penséis cosas que no son. —dice Cassandra.
—Demasiado amable diría yo. Sobre todo teniendo en cuenta que solo hacía unas horas que os habíais visto por primera vez. —dice la maestra.
—Bueno...Eso no es del todo cierto. —se sincera la bailarina.
—¿Cómo es eso? Cuenta, Cuenta. —dice su amiga intrigada.
Cassandra le confiesa cuando se vieron por primera vez, así como el resto de veces que coincidieron. Aunque la primera que hablaron fue durante el vuelo.
—¡Caray amiga eres una cajita de sorpresas! Insisto aun así se tomó demasiadas molestias. —le asegura su amiga.
Mientras los tres mantienen una animada charla, una enfermera entra en la habitación.
—¡Guau! ¿Y ese ramo de flores? —exclama Virginia asombrada.
—Es para su amiga. Es precioso, ¿verdad? Todo el mundo se ha quedado mirándolo. —dice la enfermera. —Pero sólo puede tenerlo un rato aquí. Normas del hospital.
—No se preocupe. —dice Virginia.
Cassandra que aún no se sale de su asombro le dice a su amiga.
—Mira si tiene tarjeta y traèmela. No tengo idea de quien puede ser. —se sincera la bailarina.
Su amiga toma una rosa del ramo y la tarjeta cuando la encuentra. Luego entrega ambas cosas a Cassandra.
Mikel, un cantante boricua, famoso desde niño comienza a gozar de un merecido éxito. Lleva desde niño en el mundo del espectáculo y ha estado toda su vida trabajando y preparándose.
Al fin Estados Unidos se ha rendido a sus pies.
Una famosa presentadora norteamericana le entrevista para su programa.
Desde la habitación de su hotel, Carlos ve la entrevista vía satélite.
—¡Bravo muchacho! Eres un orgullo para el mundo latino. Gracias a ti se nos están abriendo las puertas del mercado más importante y potente del mundo en lo que música se refiere. —dice el venezolano con una gran sonrisa en los labios.
En la entrevista...
—Debes sentirte orgulloso de ti mismo. Abriste el mercado a los artistas latinos. Los has puesto de moda. —dice la conductora.
—Me siento orgulloso de lo que he logrado. Pero no quiero que los latinos seamos solo una moda. Tenemos mucho que ofrecer. —responde él.
—¿Has tenido ofertas de cine? —le pregunta la periodista.
—Sí, pero nada que me interese. A los latinos siempre nos ofrecen el mismo tipo de papeles en América y quiero cambiar eso. No deseo hacer estereotipos. Además ahora estoy centrado en la música. No tengo tiempo para más.
En el hospital, Virginia anima a su amiga para que lea la tarjeta del ramo de flores. Cassandra la lee en silencio y una sonrisa aparece en su cara a la vez que un brillo especial de ojos.
—¿De quién es la tarjeta? Dime. —pide Virginia ansiosa.
¿Que tal preciosa? Recupérate pronto. Actúo dentro de tres días y me gustaría que vinieses a verme. Besos. Carlos
Virginia y Pedro se miran y sonríen. Luego miran a Cassandra sin dejar de sonreír.
—¿Qué pasa? ¿Por qué me miráis así? —pregunta la bailarina.
—Por nada, por nada. —responde Virginia mirándola con su enigmática sonrisa.
Virginia y su novio abandonan la habitación y minutos después suena el teléfono.
—¿Dígame? —contesta Cassandra.
—Hola amor, soy Carlos ¿Cómo sigues?
—Mejor gracias y tú ¿cómo estás? —responde la joven sonriendo.
—Mejor ahora que escucho tu voz, por cierto ¿recibiste mis flores?
—Sí, son preciosas. ¡Muchas gracias! pero no te tenías que haber molestado.
—Para mi no es ninguna molestia regalar flores a una mujer tan bella como tú. —responde el venezolano.
La chica se sonroja como una cría ante el piropo y agradece que el cantante no pueda verla en ese momento.
—¿Sigues ahí Cassandra? —pregunta Carlos.
—Sí, no te preocupes. —responde tratando de controlar sus emociones.
—¿No habrè dicho algo que te haya molestado?
—No, para nada tranquilo.
—Creo...que ya sé porque te quedaste callada. Fue porque te dije que eres muy hermosa. Aunque no te puedo ver seguro que estás sonrojada. Tu novio aquel con el que bailaste en la discoteca del hotel te lo debe decir a diario.
—Rafael solo es mi pareja de baile, nada más. Yo no tengo novio. —se sincera ella.
Al oír la última frase que la chica ha pronunciado, Carlos sonríe feliz.
—¿Una chica como tú, sola? ¡No me lo puedo creer! ¿Pero dónde tendrán los ojos los hombres de este país? No entiendo que alguno se te haya podido resistir.
—No me digas esas cosas por favor que soy una chica muy tímida. —dice ella sonriendo.
—A mi no me lo pareciste aquella noche que bailaste en la discoteca del hotel frente a mi y vestida de gitana. —dice pícaramente, recordando toda la escena. —Estuviste tan sensual que todavía lo recuerdo. ¡Casi me quemo por dentro! —se sincera el cantante. —Ese día me sentí muy halagado por tu mirada mientras actuabas. Aun puedo oler el aroma de tu perfume. Bueno preciosa, ahora debo dejarte. Tengo una entrevista en un programa de televisión. Ven a verme actuar dentro de dos días. Te espero allá.
—Me encantaría ir, porque no sé si sabes que soy fan tuya. —le comenta ella.
—¿En serio? ¡Vaya! ¡Qué honor tener como fan a una mujer tan bella como tú!.—exclama él feliz.
—Pero no sé si podré ir. Ignoró cuando saldré del hospital y además no tengo entradas. Quizás ya sea un poco tarde para conseguirlas.
—Eso no es problema. Dime las que necesitas y yo te las consigo. Te dejaré tres en la puerta reservadas a tu nombre. Si necesitas más, dímelo.
—Creo con tres habrá de sobra, iré con mi amiga Virginia y su novio.
—Vale, entonces te espero allí princesa. Besos.
—Igualmente. —responde ella todavía sonrojado.
Brandy en su cama no puede dejar de pensar en Nicholas, el modelo con el que ha trabajado ese día.
—¿Por qué diablos tengo que pensar en él? ¡Maldita sea, soy una estúpida! —dice enfadada consigo misma.
Nicholas que siente lo mismo que ella, en cambio no reniega de sus sentimientos.
—Brandy me encanta, es preciosa. No es solo bella. Además tiene algo que atrapa. Tengo que conquistarla.
Cuando Virginia regresa a la habitación de su amiga observa la cara de sorpresa de su amiga.
—¿Qué te sucede Cassandra, por qué tienes esa cara de alucinada? —le pregunta. —En realidad siempre la tienes, pero hoy más. —bromea Virginia.
—Mira brujilla. No empecemos con las bromitas. —bromea la artista también.
—Me ha llamado. —se sincera ella.
—¿Cómo qué te ha llamado? ¿Quién te ha llamado? —pregunta su amiga.
—Carlos.
—¿Carlos? ¿Qué Carlos? —de pronto piensa y se le ilumina el rostro. —Espera un momento ¿el Carlos que yo imagino? ¿Tu Carlos?
—Sí ,el Carlos que te imaginas. Pero no digas mi Carlos, que no lo es.
—Vale, lo que tú digas, ¿Y qué te contó? Habla, habla me tienes en ascuas. —dice cogiendo una silla y colocándola junto a la cama.
Cassandra se lo cuenta todo.
—De modo que las flores te las envío él. ¡Caray no pierde el tiempo! Sabe lo que quiere y va a por ello. Me gustan los hombres decididos ¡Sí señor! Decididos guapos, simpáticos y con talento! Es perfecto para ti, aunque no lo quieras ver. Pues ya sabes, tenemos que ir a verle actuar. Así que recupérate rápido para que podamos ir. Tengo que veros bailar a los dos juntos y comprobar si lo que imaginé es cierto.
—¿Y qué imaginaste si se puede saber?
—Que el día que bailéis saltarán chispas. Será algo supererótico y sensual. Ya tengo que irme. Mañana vengo a ver que tal sigues. —dice besándola en la mejilla. —El doctor me dijo que te estás recuperando sorprendentemente rápido y a lo mejor en un par de días estás fuera de aquí.
En Estados Unidos, Daniel un famoso actor norteamericano perfila los últimos detalles sobre el guión de una nueva serie que tiene en mente realizar. Luego se reúne con un amigo productor para mostrarle el guión.
—La serie giraría en torno a un grupo especializado de policías creado para combatir delitos racistas. Trabajarán en parejas, una persona de cada raza;latinos, anglosajones,indios, vietnamitas afroamericanos y mestizos.
—A ver sigue contándome. Parece interesante. —dice el productor.
Virginia después de comer decide consultar un rato las cartas del tarot para ver que le depara el futuro. Luego decide echárselas a Cassandra.
En el futuro de su amiga ve un gran amor y también muchas lágrimas y sufrimientos.
—Pobre amiga. No es justo que tenga que sufrir más de lo que ya ha sufrido.
En Caracas, el presentador de un telediario informa de lo sucedido en el avión secuestrado.
—Nuestro compatriota, Carlos Baute, fue uno de los que acudió a socorrer a la chica herida. El cantante que viajó a Madrid por motivos profesionales fue el primero en llegar junto a ella.
Días después Cassandra abandona el hospital y recibe una llamada de su amiga.
—¿Cómo sigues? ¿Te sientes bien?
—Sí, gracias. Aun me duele un poco el hombro, pero nada que no pueda soportar.
—¡Es normal que te duela! Todo es aún muy reciente. Paso a recogerte a las siete para ir a cenar antes del concierto de Carlos. Ponte guapa. —le aconseja Virginia.
—De acuerdo, yo también he de dejarte. Tengo cita en la peluquería.
Christopher, el boys, llama a la monitora de salsa cuando la chica se disponía a darse una ducha.
—Hace días que no te veo en la discoteca ¿Sigues trabajando allá?
—Sí, pero he estado unos días de vacaciones y todavía no me he reincorporado.
—Pues si no vuelves pronto, me romperás el corazón. —dice coqueteando con ella.
—No creo que tengas tiempo de ponerte triste. No debes dar abasto con todas las mujeres que van detrás de tí. —responde ella.
—A mi solo me interesa que una vaya detrás de mi y hasta el momento no lo he conseguido.
Ambos conversan un rato.
Cassandra se da una ducha rápida y luego se dirige a la peluquería.
Charly el amigo de Carlos acaba de recibir la confirmación de que su divorcio ya es oficial y entristece.
—Lo siento mucho, es muy doloroso y más para ti pues sé que aun la amas. Es mejor así, porque últimamente os estábais haciendo mucho daño. El día que yo me case quiero estar seguro de que sea con la mujer ideal. Pues quiero que sea para toda la vida. —le dice Carlos a su amigo.
En el instituto de belleza, el estilista hace su trabajo y poco a poco va sacando partido a la espectacular belleza de Cassandra. Le riza el cabello con unas tenacillas y le aplica un maquillaje natural, fresco y sexy.
La monitora paga y se va volviendo las cabezas a su paso. Ha pasado de ser una chica de belleza dulce y serena, a una mujer increíblemente salvaje y sexy.
A las siete en punto Virginia llega a casa de su amiga y se sorprende la ver su transformación.
—¡Guau! ¡Estás preciosa!
—No es para tanto. —responde ella.
De camino al lugar del concierto Carlos, arde en deseos de ver a Cassandra esa noche.
Cuando la futura artista y sus amigos, llegan a La Riviera, todo el mundo mira a la monitora.
—Tengo la impresión de que todo el mundo me está mirando. —le dice disimulando a su amiga.
—Así es. Es normal, estás muy guapa, ya te lo dije. —le dice observándola.
Cassandra viste pantalones de cuero negro que resaltan su figura, camiseta sin espalda en azul cielo que resalta sus ojos y unas sandalias de tiras finas de altos tacones que hacen sus piernas más largas.

Comentarios
Publicar un comentario