CAPÍTULO 13
En Sevilla, mientras pasean por el Real De La Feria, Manuel le dice a Laura que tiene que hablar con ella a solas.
—Está bien, espera un momento. Chicas. —dice dirigiéndose a Rocío y Vannessa. —Nos vemos dentro de una hora en la caseta donde estábamos, Manuel quiere hablar conmigo. —les dice a las dos mujeres, marchándose luego con el muchacho.
—Está bien, no te preocupes. —responde una de ellas alejándose con la otra.
Al otro lado del charco en Venezuela, Miguel se entera por televisión que Ivan ha sido acusado de lo mismo que él, con la única diferencia de que él siendo culpable está libre, mientras que el otro actor está pasando su primera noche en prisión.
—Sé que seguramente eres inocente. Sé que serías incapaz de pegar a una mujer, aunque todas se lo merezcan. Pero me alegro de lo que te está pasando porque siempre te odié. Toda la vida te han dado los personajes que yo deseaba, en cambio yo debía conformarme con papeluchos secundarios que no te hacían sombra. Por suerte, eso ya empezó a cambiar. Además no puedo olvidar que Norma estuvo saliendo contigo antes de que ella y yo nos conociéramos. Siempre he estado convencido de que ella aún siente algo por ti, por eso me alegra lo que te está pasando.
¡Ojalá pases muchos años en prisión! —dice el actor lleno de resentimiento.
Bruno acompaña a Norma a casa de Julio. La abraza la besa la repite cuanto la ama. La observa mientras cruza la calle para entrar en casa de sus amigos. De pronto, el actor horrorizado ve como un coche sale de no se sabe donde dirigiéndose a toda velocidad hacia la actriz.
—¡Norma, cuidado! —grita Bruno.
Ella solo tiene tiempo de mirar unos segundos hacia atrás, porque el automóvil la arrolla inmediatamente dejándola tendida sobre el asfalto como un muñeco roto mientras el conductor se da al fuga.
Bruno corre hacia ella.
—¡Norma, mi amor, contéstame, por favor! —dice desesperado mientras observa a la mujer inconsciente, con un hilo de sangre saliendo de su boca.
Julio y Ana, llegan en ese momento lo ven todo y corren hacia el lugar.
—¡Santo Cielo! ¿Qué ha pasado? —exclama Ana.
Bruno está desolado al creer que la mujer que ama está muerta.
—Tranquilizaros. Aún vive, pero está muy débil. Llamaré a una ambulancia, pero por favor no la mováis. Podría tener alguna hemorragia interna.
Lejos de allí, los periodistas ven a Beatríz paseando por la calle y la abordan para preguntarle sobre la detención de Ivan.
—¡Dejenme en paz! Lo único que voy a decir es que está donde debe estar. —responde ella visiblemente nerviosa.
Una ambulancia, traslada a Norma con rapidez a un centro sanitario, acompañada de Bruno.
La actriz está tan mal que los médicos no saben si llegará con vida al hospital.
Mientras Julio, acompaña a Bruno al hospital, Ana su esposa, en casa se angustia pensando en su amiga. Aunque trata de calmarse para no hacer daño a su bebé. En el vehículo que traslada habla a la mujer que ama y le ruega que no se rinda y luche, pues está convencido que puede escucharle.
En Sevilla, Manuel y Laura, llegan a un puesto de pescaíto frito y allá, el chico se sincera con ella.
—Nunca me he andado con rodeos, así que te diré lo que quiero decirte sin más. Desde el día que te conocí en la Puerta Del Sol y pasamos la tarde juntos, no he podido dejar de pensar en ti ni un solo segundo. —se sincera el muchacho. —Como creí que no volvería a verte, intenté olvidarte, sin éxito. Me di cuenta hoy al verte de nuevo. Quisiera saber si tengo alguna posibilidad de que llegues a sentir algo por mi. Si no es así, dímelo para olvidarte. —le pide el joven a la bailarina de Carlos Baute.
Ella sonríe. La hace feliz sabe que él siente lo mismo que ella. No se lo esperaba. La muchacha toma el rostro de él entre sus manos y le besa con intensa pasión.
Sancho, el abogado de Ivan, va a verlo a su celda y le dice que no tiene muy buenas noticias para él.
—Las cosas se están poniendo feas para ti. —se sincera el abogado con su cliente. —Hay un testigo que asegura haberte visto agredirla. —le confiesa el hombre al actor.
—¿Quién? —pregunta el artista.
—Javier Salaberry. —responde su abogado.
—Todo esto es un montaje
¿es qué no te das cuenta? Quieren destruir mi carrera. Ese tipo me odia, siente celos profesionales de mi. Ella seguramente busque dinero. Primero, nunca pegaría a una mujer. No la agredería ni física, ni verbal, ni psicológicamente. Segundo, no conozco a esa mujer. Tercero, ese tipejo no puede haberme visto pegarla, porque sencillamente eso es algo que jamás ha sucedido. Así de simple. —le asegura Iván a su defensor. —¡Tienes que sacarme de aquí!
—Estoy haciendo todo lo posible para lograrlo. Pero he de ser sincero contigo. Lo más probable es que debamos ir a juicio —le informa el abogado.
—¡Esto es ridículo! ¡Soy inocente! —protesta Iván furioso, golpeando los barrotes de la celda con los puños.
—Son ellos los que deben demostrar lo que aseguran y por el momento todo les está saliendo bien. Pero en algún momento cometerán un fallo y es lo que aprovecharemos nosotros para actuar. Para mentir hay que tener buena memoria. Y por muy buena memoria que se tenga en algún momento meterán la pata. Las mentiras y los mentirosos tarde o temprano son descubiertos. Me consta como eres. Sé de lo que eres capaz y de lo que no. Antes que tu abogado, soy tu amigo. Y pienso dejarme la piel en este caso. Probaré tu inocencia, aunque sea lo último que haga. —le asegura el hombre a su amigo.
Después de enterrar a su compañera, Eva, la prostituta le pregunta a una compañera si puede decirle quien fue el último cliente de la mujer, dado que ambas se acercaron para hablar con él.
—No le conozco, pero si le viera seguro que le reconocería. —le asegura la mujer.
—¿Recuerdas como era? —pregunta Eva.
—Sí, claro. Tenía mucho dinero. Es muy atractivo entre los 40 y los 50 años. Se nota que va al gimnasio. Y es encantador. —le informa ella.
—Eso no me ayuda mucho, debe haber varios así en esta ciudad. —dice la muchacha frustrada.
En Sevilla ya es muy tarde y Cassandra, decide que es hora de regresar a casa.
—Yo te acompaño si quieres. —se ofrece Carlos.
—Te lo agradezco, pero debo esperar a Rocío. —responde ella, que intenta evitar quedarse a solas con ese hombre.
Cassandra no sabe que le ocurre con él. Le gusta mucho. Sin embargo intenta evitar su cercanía y estar a solas con el artista. Pero cuando está con Carlos, se detiene el tiempo. Se encuentra feliz y no quiere marcharse. Pero al segundo, desea alejarse de nuevo.
Así son a veces los seres humanos; contradictorios.
—Llámala a su móvil y coméntale que Carlos te acompañará a casa.
Estoy segura que no le importará. —le sugiere su amiga con una gran sonrisa en los labios.
—¿Tú crees Virginia? —pregunta la monitora de baile.
—Sí. Haz la prueba si no me crees. —responde su amiga sonriente.
La artista sigue el consejo de la novia de Pedro y comprueba que esta tiene razón.
—No, Cassandra, no me importa. Regresarás muy bien acompañada. —responde la sevillana con picardía.
Rato después, Carlos acompaña a casa a la morena y la besa en la mejilla muy cerca de las comisuras de los labios. Ella le dedica una de esas sonrisas que tanto le fascinan al venezolano.
—No vuelvas a sonreírme de esa forma, porque si lo haces nadie me moverá de aquí. —le advierte el intérprete de Mi medicina.
Ella opta por no volverlo a hacer, por si él cumple lo que ha dicho. Abre la puerta y entra. Nada más entrar por la puerta Rocío le pregunta a su amiga que tal le fue con el cantante.
—Normal como cualquier otro día. —le asegura ella.
—No mientas, como cualquier otro día no. Dime ¿ha pasado algo entre vosotros?
—No, solo estuvimos charlando nada más. No sé que querías que pasara entre nosotros. —dice la profesora de baile.
—Lo que suele pasar entre dos personas que están enamoradas. —le explica la andaluza.
—¡Eh, espera un momento! No corras tanto. Carlos y yo para nada estamos enamorados. —le dice la chica.
—¿Estás segura? —dice Rocío no muy convencida. —Porque yo no lo estoy tanto cuando os veo juntos. —le dice la dueña de la casa en la que Cassandra se está quedando esos días.
La monitora de salsa calla,
quizás en el fondo, su amiga tenga razón, aunque ella se niegue a admitirlo una y otra vez.
En casa de su hermano, Sandra se embellece para salir un rato esa noche a la despedida de soltera de su futura cuñada. Irán a BILIMBO, una discoteca muy famosa de la ciudad hispalense y como Carlos está en la ciudad tal vez vaya para allá. Si es así, ella le conquistará.
Hasta el momento, ningún hombre se la ha resistido.
En el hospital, Norma se debate entre la vida y la muerte, mientras Julio Y Bruno, rezan por ella en la capilla del hospital.
En su casa, Ana, la esposa de Julio, recibe varias llamadas, pero nadie contesta cuando descuelga el teléfono. Tras unos segundos en silencio, cortan la llamada. Ella asustada, cierra puertas y ventanas a cal y canto.
En el centro médico, los dos actores regresan de la capilla cuando ven al cirujano que operó a la actriz, un hombre corpulento de unos cincuenta años y pronunciadas canas, para preguntarle por el estado de la actriz.
—Hemos hecho lo que hemos podido. Ahora todo depende de ella. Por desgracia, no pudimos salvar a la criatura. —les informa el doctor.
—¿¡Criatura!? ¿De qué está usted hablando? —le pregunta Bruno con una expresión de sorpresa en su rostro.
—La Señora Sáez presentaba una gestación de unos tres meses y medio. —les confiesa el cirujano a los actores.
El novio de la actriz, palidece de la impresión. No sabía que estuviera embarazada. Aunque sabe que ese niño no era hijo suyo, ya que ambos llevan juntos poco más de un mes, habría amado a esa criatura como si hubiese sido sangre de su sangre. Sabe que Miguel no habría sabido ser un buen padre.
El móvil de la actriz suena y Bruno, que es quien lo tiene ahora se dispone a apagarlo cuando salta a la pantalla un mensaje.
Tú misma te lo buscaste. Serás para mi o para nadie. No lo olvides.
El actor trata de ver el número del remitente, pero descubre que lo enviaron desde Internet. Eso dificulta saber quien fue. Bruno para evitar que Norma se angustie más aun al ver los mensajes que algún loco le ha enviado decide entregar el móvil a la policía para que estos traten de investigar quien pueda haberlos enviado. Es difícil, porque en ellos no figura ningún teléfono móvil. De lo que sí está seguro es de que tanto los anónimos, como las llamadas y los mensajes que le han enviado tienen a la misma persona detrás.
Pero ¿Quién puede odiarla tanto?
—Sea quien sea debe odiarla mucho o estar muy mal de la cabeza, quizás incluso ambas cosas. —le comenta Bruno a Julio.
—O tal vez sea alguien que esté obsesionado con ella, Norma es una mujer muy guapa. Recuerdo que el primer día de rodaje de la telenovela que se emite ahora por televisión, causó estragos entre los miembros del equipo nada más aparecer.
—Sí, siempre es el centro de atención del cualquier sitio en el que está. Pero no fue eso lo que me enamoró de ella, sino su calidez y sencillez. Aún no ha perdido esa niña que lleva dentro.
En la habitación de su hotel Carlos ansioso por ver de nuevo a Cassandra, piensa en lo que se pondrá esa noche para impresionarla. Quiere estar a la altura de alguien como ella que vuelve las cabezas a su paso cuando aparece en cualquier lugar.
Es tan bella...
Cierto es que hay mujeres más altas que ella, ya que la amiga de Virginia es más bien menuda. Pero esa mujer tiene una cara preciosa, unos labios...que cualquier hombre querría besar.
Su melena negra azabache, su piel clara y sus ojos claros, le proporcionan ese toque exótico que a él tanto le fascina.
Hay tanta mujer bella por fuera y vacía por dentro, al igual que hombres.
Y él, por su profesión ha conocido a varias personas vacías. Pero ella no es solo bella físicamente, también lo es por dentro.
Y la belleza del alma suele ser eterna.
Si hay algo de su belleza que le vuelva loco al artista de Cassandra, es su preciosa cara y sobre todo sus labios.
«¡Me muero por besar esa boca tan sensual!» «Estoy deseando comprobar si un beso de sus labios, será tan dulce y apasionado como yo imagino» piensa el cantautor arreglando su cabello.
En casa de Rocío...
—Dime algo amiga, si Carlos se te declara esta noche ¿qué harías? Supongo que no le rechazarás por miedo ¿verdad? —dice la andaluza que acaba de salir de darse una ducha.
—Eso es bastante improbable que suceda, así que ¿para qué preocuparse? Además ¿cómo se me va a declarar? No seas ilusa. Me ha visto apenas un par de veces y para enamorarse de alguien se necesita tiempo. —responde la bailarina.
—¿Tú has visto las chicas con las que ha estado? Todas rubias altas con cuerpo de escándalo y con pinta de modelo. ¿En serio crees que se podría fijar en una mujer como yo que soy todo lo contrario? —responde la profesora de baile, bebiendo un sorbo de limonada.
—Nunca se sabe, quizás haya visto algo en ti. No eres muy alta, eso es verdad, pero tu rostro es precioso y tu cuerpo...muchas matarían por ese cuerpo, por esos abdominales increíbles que tienes, amiga. Creo que no te has visto bien. Pero yo sí sé como te miran los hombres. —se sincera Rocío con ella, masajeándose un poco sus doloridos pies.
—¿Y cómo se supone que me miran según tú? —pregunta Cassandra
—Con deseo y fascinación. Seguro que hasta tú te has dado cuenta pero no le das importancia y no te lo crees. —le explica la maestra. —A mí me da la sensación que algo pasará esta noche. Seguro que será inolvidable para ambos. —la sonríe la andaluza, tomando un trago de su limonada.
Después de darse una ducha rápida, Carlos baja a la cafetería del hotel donde se encuentra con Virginia y Pedro. Conversan unos minutos y deciden cenar juntos en el hotel.
—Bueno, cuèntanos ¿Cómo te fue con ella? —le pregunta Virginia.
—Bien ¿por qué? —inquiere el venezolano.
—Es que soy muy curiosa, no puedo evitarlo. Me preocupa mi amiga. Ha sufrido mucho. —le comunica la chica al artista.
—Pues no tienes motivos para preocuparte. Cuidé muy bien de ella. Jamás le haría daño intencionadamente. —le dice el cantante.
—Lo sé. —contesta ella.
— He quedado con ella esta noche. Podéis venir vosotros también. —les propone el artista.
—Mejor es que estéis los dos solos ¿No te parece? —le dice Pedro.
—Su amiga Rocío también vendrá. Saldremos en grupo. No quiero presionarla, deseo que las cosas vayan despacio por ella. —se sincera el cantautor con la pareja.
En casa de Rocío, Cassandra y su amiga se visten para ir a la discoteca de salsa más famosa de la ciudad, mientras escuchan el último disco de Carlos. La monitora siente como si cada canción del disco se la cantara a ella, aunque sabe que no es así. Cuando le conoció, ya había salido el disco a la venta.
Su corazón late rápidamente.
—¿Qué te pasa, Cassandra? Parece que estas en vavia. —le dice la sevillana mirándola. —¡Ah, ya entiendo! Seguro que en estos momentos estas pensando en él.
—Pues te equivocas. —miente. —Para nada estoy pensando en él.
—No trates de engañarme. Ya eres bastante mayorcita como para negarte a ti misma ciertas cosas. —le asegura su amiga.
—¿Qué cosas? —pregunta la monitora.
—Por ejemplo que estás enamorándote de Carlos. —le asegura Rocío.
—¡Eso es absurdo! ¡No exageres! Admito que su cercanía me pone nerviosa pero nada más. —se sincera la bailarina.
—Eso ya es mucho, nos pasa a todas cuando alguien nos gusta de verdad. Es el principio de lo que se llama AMOR. —le recuerda su amiga.
—No puede ser, ni siquiera con quien tú ya sabes me pasó. —le confiesa la bailarina.
—Eso es porque ahora sí estas enamorada. —le explica su amiga.
—Te voy a hacer una pregunta y quiero que me contestes con sinceridad. —le pide Cassandra a su amiga. —¿Cómo me comporto cuando estoy cerca de él?
—Estás bastante nerviosa y cortada. —responde su amiga.
—¡Qué horror! —dice la amiga de Virginia.
—¿Por qué que horror?
— Porque no sé que pensará él de mi o si se ha dado cuenta. —le responde Cassandra bastante incómoda ante la idea.
—Estará encantado porque a él le pasará lo mismo contigo. Le seducirá eso en ti. No es algo a lo que esté acostumbrado. El resto de las mujeres deben ser bastante más lanzadas que tú. Le debe llamar mucho la atención que seas tan diferente a ellas en ese sentido. Pero sin duda lo que más le debe llamar la atención es tu falta de seguridad en ti misma. Una mujer con tu belleza tendría que mostrarse mucho más segura de si misma. A él en ocasiones se le nota bastante cortado. Y eso en Carlos si que es raro. La palabra timidez no es algo que forme parte de su vocabulario, precisamente. Sin embargo eso en ti, forma parte de tu encanto. Yo creo que por eso a veces no sabe como actuar contigo. Las tácticas de seducción que haya podido usar con el resto no sirven contigo. —le explica la andaluza.
—¿Me estás diciendo que yo podría ser solo una más en su lista? —se lamenta ella.
—No. ¡Cabezota! Te estoy diciendo justamente todo lo contrario. A ti no te quiere seducir. Si solo quisiera llevarte a la cama, ya lo habría intentado.
—Bueno, tampoco ha tenido tiempo de intentarlo, apenas hemos coincidido en un par de ocasiones. —le dice la amiga de Rafael.
—¡Deja de ser tan cabeza dura! Si yo te digo que Carlos quiere enamorarte es por algo. No es una persona retorcida como tú te piensas. Todo lo contrario. Yo le encuentro encantador y sobre todo una persona sincera. Ahora terminenos de arreglarnos nuestros chicos estarán aquí enseguida.
—Tu chico es quien estará aquí. Carlos no es mi chico.
—Pero lo será, porque espero que no seas tan tonta de dejarle escapar si se te declara ¿verdad? Es guapo, talentoso y estoy segura que también una excelente persona. Tendrá sus defectos como tenemos todos pero mi intuición me dice que es un gran hombre. Tienes mucha suerte porque se haya cruzado en tu vida. Aunque más suerte tiene él que tú aparecieras en la suya. —le dice Rocío arreglándose el pelo.
Después de cenar en el restaurante del hotel, Carlos, Virginia y Pedro regresan a sus habitaciones para vestirse. El cantante se prueba ropa una y otra vez mientras se mira en el espejo.
—Seguro que ella está preciosa con lo que se ponga y yo aún sin saber que ponerme. Esta noche seré un hombre muy envidiado, cuando el resto me vea al lado de una mujer tan espectacularmente bella como Cassandra. Tengo que estar a la altura de alguien así.
Finalmente se decide por un traje blanco, con una camiseta roja de manga corta debajo de la chaqueta ceñida a su cuerpo.
En casa de su hermano, Sandra ya ha terminado de arreglarse. Espera causar sensación con su atuendo; una cortísima minifalda de cuero negro y una camiseta blanca con un vertiginoso escote. Altísimas sandalias de tacón y el pelo rizado. Después de todo, ningún hombre se le ha resistido jamás. Así espera conquistar a todo el que se le ponga a tiro.
En especial a Carlos.
A las diez en punto, Carlos llega a casa de Rocío y ansioso, espera que la monitora de salsa baje.
En ese momento llega el novio de Rocío para recogerla.
La sevillana es la primera en bajar mientras Cassandra, aún en casa de su amiga se mira por última vez al espejo y comprueba que nada en su atuendo falla. Respira hondo y se propone algo a si misma. Esa noche intentará comportarse con naturalidad con Carlos. Controlará sus emociones y sus nervios. Ya es hora de que lo haga. Tiene treinta años. No quince.
Cuando Carlos ve a Rocío,le pregunta por Cassandra.
—Tranquilo ahora mismo baja. Está perfumándose. La espera valdrá la pena.
El venezolano comprueba que cortas se han quedado las palabras de la sevillana cuando ve aparecer a la monitora de salsa con un vestido azul cielo, a juego con sus ojos grises. Es muy ceñido de finísimos tirantes, con una abertura lateral y largo por debajo de la rodilla. Lleva el cabello rizado, con una flor en él y pendientes plateados. Es una visión demasiado bella para ser real. Otra vez ha pertubado su tranquilidad.
Aunque le diría mil cosas, no puede articular palabra alguna. Carlos resopla impresionado al verla y sonríe. Cuando ella le da dos besos en la mejilla y él huele su perfume, su pulso se acelera.
Ella le encuentra tan guapo e irresistible esa noche que sospecha que las mujeres no le quitarán los ojos de encima al artista.
Cuando Cassandra entra en el coche en el que ha llegado el venezolano, comprueba sorprendida que su interior está inundado por pétalos de rosas rojas. Un brillo de emoción aparece en sus ojos claros.
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