CAPÍTULO 17

En España, mientras tanto, el dúo Amaral, parte hacia Sevilla, para actuar.

Eva ignora que su querida amiga Cassandra, se encuentra allí descansando de su ajetreada vida.

Al otro lado del charco, en Venezuela, al centro de desintoxicación, llega una joven que ha estado algunas veces en prisión, por vender drogas. Pablo, que es el encargado de estar con ella, se compadece de la muchacha, que por amor terminó cayendo en el mundo de las drogas; consumiendo y vendiendo.

El hombre que amaba prometió ayudarla en caso de que la descubrieran vendiendo. Pero cuando ella le necesitó, él se desentendió de la chica y dijo ignorar que su novia vendiera droga.

—Una cosa es consumir, porque la única persona que se perjudica eres tú. Pero ¿por qué vender esa basura? Pareces una buena chica, dulce, incapaz de hacer daño a nadie. —le dice él. —¿Por qué lo hiciste?

—Por amor. —se sincera Raquel, que así se llama la joven. —Me dijo que él tenía mucho trabajo y que solo serían unos días y que no era nada malo.

—Pero...—dice Pablo.

—Me mintió en todo. A partir de ese momento, yo era la encargada de vender la mercancía. Algunas personas murieron por la mierda adulterada que yo les vendí. —relata ella cada vez más triste.

—¿Por qué no te negaste a seguir vendiendo? —le pregunta Pablo conmovido.

—Me obligaba a base de palizas y golpes o violándome cuando me negaba. Y por amor, porque a pesar de todo pensaba que lo amaba. —se sincera Raquel.

—¡Cretino! ¡Cobarde! —dice el muchacho furioso. —¿Y ahora cómo estás? —le pregunta tomando de las manos a la chica para darle ánimos.

—Mal. Ya cumplí la condena que me impusieron pero mi vida está destruida y mi salud también. —se lamenta ella.

—Yo te ayudaré a recomponer ambas cosas. Pero para eso, tienes que querer salir de donde estás. ¿Quieres? —pregunta el muchacho

—Claro que sí. Pero para ti es muy fácil hablar sin saber como es este mundo. —reprocha la mujer algo molesta.

—Te equivocas. Comprendo perfectamente lo que estás pasando, porque yo viví el mismo infierno que tú durante años. —le explica Pablo a la joven. —Pero se puede salir poniéndole ganas y deseos de salir de ese asqueroso mundo. No es un camino fácil. Es duro y mucho. A veces querrás rendirte e incluso tendrás tentaciones. Ahí estaré yo apoyándote y animándote. —le asegura el voluntario a Raquel. —Créeme yo soy prueba de ello.

Rocío, Cassandra, Franklin y Carlos, pasean por el Real De La Feria atrayendo las miradas de la gente que enseguida reconoce a Carlos, pidiéndole autógrafos. Pero la amiga de Virginia, desea llevar la relación discretamente, por eso ambos no se toman de la mano en público y fingen ser amigos.

Los cuatro entran en un típico bar y degustan un plato de pescaíto frito.
Franklin y Carlos, que jamás antes habían comido ese típico plato, comentan lo rico que está.

—¡Qué cosa tan rica! —comenta el mánager de la pareja. —¿Cómo dijisteis que se llama? —pregunta.

—Pescaíto frito. Es típico de esta tierra. —responde Rocío sonriendo.

En la cafetería, Carlos observa a su novia. Cuanto más la observa, más hermosa y bella le parece. Esa mujer acalora su cuerpo y su corazón.

¿Qué pensaría ella si supiera lo que provoca en su cuerpo?

Probablemente que solo desea acostarse con ella, nada más. No es así. La ama y desea por igual. Sabe que aún no superó aquello que le pasó hace años y encima su ex novio en lugar de apoyarla se comportó como un cerdo machista y egoísta.

Carlos piensa ayudarla a superarlo llegado ese momento que a toda pareja tarde o temprano le llega. Y será muy tierno y paciente con ella. Quiere demostrarle que no todos los hombres son iguales. Sospecha que detrás de ese miedo y ese dolor de la bailarina se esconde una mujer apasionada.

Y lo intuye por el fuego que hay en su mirada cuando baila. Esa manera de bailar tan sensual, enciende su deseo.

¿Cómo será hacer el amor con ella?

El cantante ansía saberlo.
Aún le arden los labios recordando el primer beso que compartieron. Recuerda cada instante de ese momento. Aún puede recordar el sabor de sus labios, el olor de su perfume y lo que sintió al estrecharla entre sus brazos. Sabe que la despedida cuando él tenga que irse de España a cumplir sus compromisos profesionales será difícil.

Las relaciones a distancia son duras. Algunas funcionan y otras no. El artista espera que sea de las segundas.

Aunque a diferencia de otros artistas pudiera parecer más pasota, en realidad el artista es más sentimental. Pero su forma de ser, típicamente caribeña, cariñosa, caliente, abierta y seductora, la gente se confunde y le creen de otra forma. Cuando entrega su corazón lo hace de verdad y eso le ha pasado con Cassandra. Sin embargo, cuando se desilusiona, nada le importa.

Aunque pasará meses alejado de ella conociendo a otra gente, su corazón y su pensamiento estará con la bailarina. No le importa el tiempo que deban estar separados. Lo que siente por ella es muy fuerte y lo más real que ha sentido.

El artista la mira embelesado.

Ella de vez en cuando le devuelve la mirada. Quisiera pasear con ella a solas por el Real De La Feria, pero sabe que la gente los miraría y murmuraría y ella no desea que nadie se de cuenta de lo suyo. Quiere vivir su amor en la intimidad, a pesar que se muera de ganas por pasear de la mano con él como cualquier otra pareja. Pero teniendo en cuenta lo famoso que es Carlos, será un tanto complicado. El venezolano tiene un concierto esa noche. La excusa perfecta para estar con ella sin que nadie sospeche nada.

Horas más tardé, el cantautor hace el último ensayo del concierto que ofrecerá a los sevillanos en unas horas.

Mientras canta, piensa en Cassandra, en sus ojos, sus labios, en su cabello negro. En su curvilíneo cuerpo y su forma de moverlo. Bien podría ser una serpiente enroscándose alrededor de tu cuerpo o una leona apasionada, dispuesta a devorarte en cualquier momento. El color de sus ojos, el olor de su piel le acelera el pulso.

«¡Dios mío, como amo y deseo a esa mujer!» «¡Si se me acelera así el pulso bailando con ella, imagino como sería sí fuéramos más allá!» piensa el hijo de Clara Jiménez.

Al acabar los ensayos, Franklin que lo ha visto todo se acerca a él.

—¡Felicidades! Has estado increíble. Llevo años trabajando contigo y jamás te había visto cantar de manera tan caliente, tierna y romántica. Me emocionaste en las baladas. Imagino en quien pensabas mientras cantabas y te entiendo. Si cantas y bailas esta noche de esa forma, alguna que otra chica se desmayará.

—Si esta noche la tengo enfrente imagina lo que puede pasar, en todos los sentidos. No tengo control de mi cuerpo cuando la tengo enfrente. —se sincera el cantante.

—Imagino. Acuérdate que te conozco. Son muchos años juntos. —le responde Franklin.


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