CAPÍTULO 18

En el restaurante...

—Estoy impresionada. En la vida pensé que pudieras llegar a ser tan romántico. Nunca lo hubiera imaginado. Se ve que eres sensual, caliente y apasionado. 
Pero ¿tan romántico también? —se sincera ella.

—Eso podrías comprobarlo tú misma si quisieras —les sugiere él mirándola con picardía. —Pues sí. Soy un romántico empedernido. Sobre todo cuando estoy tan loco por una mujer como lo estoy por ti. —dice él sin dejar de mirarla.

—¿Y cómo sabías que las rosas rojas son mis favoritas? —pregunta ella oliendo una de las rosas que hay en la mesa.

—Tengo buenas fuentes que me informan de todo lo que necesito saber. —se sincera él sonriendo con picardía.

—¡Vaya! No sé si sentirme halagada o temerte. —dice ella colocándose el cabello detrás de la oreja con sensualidad.

—¿Miedo por qué? —pregunta él, tomando la botella de champagne que le trae el camarero, un hombre alto moreno vestido con smokin blanco.

—Porque no me gusta que se sepa de mi vida privada. —se sincera ella.

—¿Ni siquiera yo? No me temas. Todo lo hago para saber como enamorarte. —dice él descorchando la botella y guiñándole un ojo.

—No lo necesitas, porque ya lo conseguiste. Aunque me agrada que te tomes tantas molestias por mi.

—Solo es el principio de más sorpresas que vendrán. —le asegura él sirviendo champagne en la copa de su novia.

—Me gustaría creerte, pero los hombres, cuando conseguís a la chica que os gusta y la tenéis segura dejáis de ser detallistas y románticos con nosotras.

—Es cierto, en muchos casos suele ocurrir y no debería suceder. Procuraré ser romántico contigo cada vez que pueda. Te quiero y no puedo permitirme el lujo de perderte. —se sincera el cantante, mirándola a los ojos. —Pero los seres humanos, en especial los hombres, somos imperfectos. Espero sepas perdonar mis fallos. —le pide él sirviéndose champagne en su copa.

—Habiendo amor se puede perdonar casi todo a la persona que amas. —le dice ella.

—¿Casi todo? ¿Qué es lo que tú no me perdonarías? —dice él.

—La deslealtad e infidelidad. Tendría que querer mucho a un hombre para perdonarle algo así. Pero si lo hiciera, no me respetaría, ni me perdonaría a mi misma. —le asegura ella.

—¿Y tú me amas tanto como para eso? —desea saber Carlos.

—Tendré que comprobarlo. —se sincera ella.

—Puedes estar tranquila. No soy ningún santo, pero queriéndote como te quiero no podría engañarte. Cuando una persona es infiel a otra es porque falta algo en la relación o está muriendo. —le dice el cantautor.

—Eso no lo disculpa. Si falla algo en una pareja o el amor está muriendo, lo mejor es dejarlo antes de engañarla con otra persona. —asegura ella molesta.

—Sería lo ideal pero las cosas no son siempre ocurren así. Yo ¿para qué te voy a engañar si contigo tengo todo cuanto quiero? —le asegura él tomándole las manos a su novia.

—Ojalá estés siendo sincero. Me decepcionaría descubrir eso en ti. —le asegura ella.

—Reconozco que soy muy tocón y me encanta coquetear. Pero todo es en plan inocente. ¿Cómo puedo convencerte que como mujer, solo me interesas tú? —asevera él.

—Dándome un beso. —le propone ella sonriéndole.

Carlos le da un piquito en los labios.

La pareja brinda mirándose de manera cómplice a los ojos. Ambos se miran enamorados y se disponen a disfrutar de una exquisita cena.

Lejos de allá, Rocío se pregunta que tal le irá a la pareja.

Un par de horas después, Carlos acompaña a Cassandra. Antes de irse, el artista besa a la mujer dulce y apasionadamente.

—Si no me voy en este instante, puedo hacer una locura. —dice él.

—Gracias por no presionarme para estar contigo. Tú ya me entiendes. —dice ella.

—Me cuesta, no te lo voy a negar. Me muero de deseo cuando estoy contigo, pero quiero demostrarte que te quiero de verdad. Esperaré lo que haga falta hasta que estés preparada. La primera vez que estemos juntos, deseo que sea algo muy especial y seas tú la que decida entregarse a mí por propia voluntad, sin reservas y sin ningún tipo de presión. —se sincera el cantante con su novia acariciando una de sus mejillas con ternura. —Sé lo que has sufrido en la vida y solo anhelo llenarte de amor, ternura y pasión. —le explica el artista.

Ella le sonríe agradecida, mientras le abraza.

—Yo también te deseo, yo también quiero estar contigo, pero...

—Tienes miedo, lo sé. Aún tienes un trauma por lo que te ocurrió. Es lógico, yo te ayudaré a superarlo. Borraré con caricias y besos, ese momento que sé ha quedado grabado en tu cabeza. —le dice el artista, besando el cabello de la bailarina.

Ambos vuelven a besarse.

—Te quiero. —dice él.

—Te quiero. —responde ella.

Lejos de allá, la policía busca a Santiago sin éxito. En todos los telediarios, se muestra su fotografía.

—Podría estar armado y es muy peligroso. Además se sospecha que fue él quien asesinó a su compañero de celda antes de fugarse. Si le ven avisen a la policía llamando a estos números de teléfono. —dice el comunicador.

En Hawai...

Desde que gracias a su declaración, Rosalinda evitó que J.D. fuese a prisión por un delito que no había cometido, la relación entre ambos ha mejorado considerablemente. El norteamericano le está muy agradecido y lamenta haber sido tan desagradable con ella desde que llegó a Hawai y se incorporó al equipo. Gracias a ella recuperó su puesto de trabajo, su dignidad y pudo limpiar su maltrecha imagen. Además no puede negar por mucho que quiera, que esa mujer le atrae mucho. Pero no desea una relación esporádica con ninguna mujer y menos con ella, a la que debe tanto.

La venezolana por su parte, que cada vez se siente más atraída por él, intenta ahogar ese sentimiento que comienza a nacer en ella. No desea que ningún hombre se le acerque, ni despierte sentimiento alguno en su corazón. Además ese hombre fue el novio de su mejor amiga. Incluso estuvieron a punto de casarse.

Asimismo el estadounidense se debate entre la atracción cada vez mayor que siente por ella y el recuerdo de Kekoa. No quiere sentir que está traicionando su memoria enredándose con su amiga, por muy condenadamente bella que sea.

Ya se enamoró demasiadas veces. Quiere que la próxima sea amor de verdad y para siempre.

«Ya tengo treinta años. He estado con muchas mujeres. Pero al final siempre me acaban dejando. Quizás algo en mi está fallando y por eso todas rompen conmigo». piensa desolado el socorrista.

En Sevilla...

Cassandra, entra en casa de Rocío, pero su amiga aún no ha llegado. De lo que sí está es de que en cuanto la vea, le hará un interrogatorio para conocer todos los detalles acerca de su cita con el autor del tema «Mueve Mueve».

La morena se cambia de ropa, se quita el maquillaje y se mete en la cama. No tarda en quedarse profundamente dormida.

Su amiga entretanto, está de camino a su hogar, acompañada por su novio, tras pasar una apasionada noche de amor con él.

Santiago espera ansioso, el momento propicio para salir de su escondite. Y eso será cuando todo se haya calmado un poco. Entonces irá en su busca. Irá a encontrarse con su amor y ya nada ni nadie los podrá separar.

La mañana siguiente, la cantante Eva Amaral, llama a su amiga Cassandra, para charlar con ella. Casualmente se entera que ambas se hallan en la misma ciudad.

—¡Qué casualidad! ¿Qué te parece si quedamos dentro de un rato en algún sitio? No tengo nada que hacer hasta la tarde. —le propone Eva.

—De acuerdo ¿Te parece bien en el Parque de Maria Luisa, dentro de una hora? —le dice la monitora de salsa.

—Perfecto. —dice su amiga.

Cuando la bailarina corta la llamada, observa que tiene una llamada en la pantalla de su teléfono móvil. Al acceder al espacio de mensajes, se percata que tiene cinco mensajes nuevos en lugar de uno como ella creía y todos son de la misma persona: Carlos.

Al terminar de leerlo todo, la mujer sonríe.

«Son todos tan tiernos, apasionados y románticos.» piensa mientras recuerda lo que le decía en cada uno de ellos.

Te quiero. Te amo. Te adoro. En estos momentos quisiera estar a tu lado para regalarte mil caricias.

Apenas unos minutos después de acabar de leer los sms, entra una llamada en su móvil.

Es Carlos.

—Hola princesa. Te quiero. —dice el venezolano.

—Yo a ti también. —responde ella, tomando un zumo de naranja que se acaba de preparar.

—Quiero proponerte un plan ¿Qué te parece si te recojo y comemos algo por ahí? Quiero hacer un poco de turismo por la ciudad, ¿Y quien mejor que tú para mostrármela? —le dice él con su característica y gran sonrisa en el rostro.

—Me encanta la idea. Dentro de una hora he quedado con mi amiga Eva Amaral para vernos. Hace mucho que no nos veíamos. Podrías venir a recogerme sobre las tres de la tarde al Parque de María Luisa, ¿lo conoces? Quedé allá con ella.

—Sí. Es de los pocos sitios que conozco de esta mágica ciudad. De acuerdo paso por ti a las tres. —responde él cortando la llamada.

A miles de kilómetros de allá, en Italia, Romina, dispuesta a reconquistar el amor de Christhoper, regresa a España, confiando en que las cenizas de aquel amor tan fuerte y apasionado que vivieron no se hayan apagado por completo.

Entretanto, Pablo, compadecido por la vida que Raquel ha llevado, decide volcarse en ella más que en el resto de los pacientes que han entrado en el centro.

Aunque también se ocupará de ellos, su prioridades ahora es ella, que no solo está enganchada a las drogas, sino que además también ha estado en prisión. Ha sido maltratada, vejada y humillada. Su recuperación seguramente será mucho más larga y compleja, que la del resto de los pacientes.

Por otro lado, Ivan sigue manteniendo su inocencia en relación a la acusación de malos tratos que pesa sobre él, es trasladado a prisión hasta la celebración del juicio.

«¡Esto es una pesadilla.» «¡No puede ser que siendo inocente tenga que estar encerrado en este lugar!» piensa el actor con rabia.

Apenas acaba de instalarse en su celda y el actor ya ha recibido una visita. Cuando llega a la sala, el artista ve a Miguel, que sonríe maliciosamente al verle.

—¿Tú? —dice Ivan sin entender que hace ese hombre allá.

—Sí. Yo. —responde el aún marido de Norma.

—¿Qué haces aquí? —le pregunta intrigado Ivan que no comprende que hace ese tipo allá.

Nunca han sido amigos, sino todo lo contrario.

—Es que tenía que comprobar con mis propios ojos que estabas encerrado aquí, acusado de malos tratos. La verdad es que me alegro de verte en este lugar. Es curioso que ambos estemos acusados de lo mismo, pero yo estoy libre y tú estás aquí encerrado. —se burla el malvado actor.

—Sí, pero yo soy inocente. —le asegura Ivan.

—Lo sé, por eso me alegra que hayas terminado aquí encerrado. —le dice su interlocutor con una malévola sonrisa en su cara.

—¡Eres una basura! Nunca has podido soportar mi éxito profesional. Soy inocente y algún día saldré de acá. —le asegura Ivan.


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