CAPÍTULO 20
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Al día siguiente Franklin comunica a Cassandra que tiene una nueva presentación en el lugar en el que cantará.
—En tres días debes estar en Barcelona. ¡Y prepárate porque a partir de ya, tu vida empieza a cambiar! —le explica su agente.
—Muchas gracias Franklin. Estamos en contacto. —se despide ella.
Cuando la profesora de baile corta la llamada, le cuenta a su amiga Rocío lo que su agente le dijo.
—¡Qué bueno por ti amiga!
¿Ves cómo cuando se tiene talento y se lucha el esfuerzo tiene su fruto? Debes prepararte ya para deslumbrar al mundo. Con tu belleza, talento y dulzura enseguida te los meterás a todos en el bolsillo ¿Ya sabes qué tema vas a cantar en la primera gala?
—Aún no, pero esta noche y mañana lo pensaré y empezaré a ensayar. —se sincera la monitora de salsa.
En la habitación de su hotel, Carlos estudia los contratos y ofertas de trabajo que Franklin ha recibido para el artista. Le gustaría llevarse a su chica con él a cada lugar al que va. No quisiera separarse de ella ahora que por fin le aceptó y se siente tan dichoso a su lado. Pero sabía que tarde o temprano tendría que separarse de ella y no quiere pensar en la despedida porque será muy duro estar sin esa mujer.
—Ese día tengo que organizar algo especial. —dice el venezolano.
Eva Amaral envía un mensaje al celular de su amiga Cassandra.
Llámame mañana cuando puedas. Quiero hablar contigo. Besos. Eva.
En Hawai, J.D. va a ver a Rosalinda. La socorrista ha mejorado después de estar horas en la máquina de descompresión. Ahora se recupera en un hospital. Está fuera de peligro pero deberá estar unos días ingresada.
En cuanto el norteamericano la ve la abraza.
—¡Cómo me alegra que estés mejor! —le acaricia el rostro.
—Y yo, aunque no recuerdo demasiado lo sucedido si te digo la verdad. —se sincera ella.
—Eso ahora no importa. Nos has tenido a todos con el alma en vilo. —dice J.D.
—Gracias. No sabía que os preocupara tanto lo que me ocurra. —sonríe ella ligeramente.
—Es lógico que nos preocupemos. Eres una gran persona, una mujer muy bella y una excelente socorrista, además de una gran compañera. —dice tomándole las manos. —Sean tenía razón cuando aseguró que eres una de las mejores socorristas que conoce.
—¡Caray! ¡Cuántos halagos! No sé que decir. —sonríe algo avergonzada.
—No tienes porque decir nada. Es la verdad. —dice él mirándola a los ojos.
—Muchísimas gracias. Eres tan bello...—dice ella besando una mejilla de su compañero.
—¡Tú sí que eres hermosa! Y aún más por dentro que por fuera. —responde él mirándola a los labios.
En Sevilla, Rocío y Virginia que desde que se conocieron han congeniado mucho, planean salir a cenar esa noche con sus respectivas parejas.
—Podríamos decirle a la feliz parejita que se unieran a nosotros. —dice Rocío.
—Esta noche no. Supongo que dentro de unos días Carlos se irá para cumplir con compromisos profesionales. Aprovecharán todo el tiempo que puedan para estar a solas. Tal vez en otra ocasión. —responde Virginia.
—¿Qué pasará ese día? Me refiero a cuando Carlos tenga que marcharse. —se pregunta Rocío.
—Seguro que será un drama. Esos dos se aman locamente y lo van a pasar mal. Pero su amor es fuerte.
Lejos de allá, Iván recibe la visita de Mariana y su marido. La ex mujer del actor lamenta verle allí.
—¡Esto es una injusticia! Eres inocente y si con mi testimonio puedo contribuir a que salgas de este lugar cuenta conmigo. —le dice Mariana a su ex marido.
—Muchas gracias. Te comportas como una auténtica amiga. Desde que ha pasado todo esto me he dado cuenta de quienes son mis amigos de verdad y quienes no. Me he llevado algunas decepciones, pero me alegra. Así no viviré más tiempo engañado por amigos que no lo son. —se sincera el artista con pesar.
—¡Qué triste que haya tenido que ocurrir esto para que lo hayas descubierto! —dice Mariana, algo molesta. —Hay gente que finge amistad y sólo están con alguien en sus buenos momentos. Pero cuando ellos pasan por un mal momento y los necesitan, necesitan de su apoyo, se olvidan de su amistad de repente.
—Sí. —contesta apesadumbrado. —Pero por suerte todavía me queda gente como tú. —la sonríe Iván, que luego dirige su mirada hacia el actual esposo de su ex mujer. —¿A él no le molestará que des la cara por tu primer marido?
—En absoluto. —contesta el aludido. —Hay que hacer justicia. Es más, yo también estoy dispuesto a declarar en tu favor. No siento celos de ti. Sé que ella, —mira a su esposa. —me ama. Es injusto que permanezcas aquí sin motivo. —se sincera el hombre.
—No sé que decir. Me siento abrumado por vuestro apoyo. No podré nunca pagaros todo vuestro apoyo y lo que vais a hacer por mi. —se emociona el actor.
—No tienes nada que agradecer. —dice Mariana. —Nos consideraremos pagados cuando salgas de este cochino lugar libre y con la cabeza bien alta porque se demostró tu inocencia. —responde ella mientras su actual marido asiente con la cabeza.
En Hawai, Sean va a visitar a Rosalinda a su habitación. Allí encuentra a J.D.
Aunque solo están conversando, al jefe de ambos le basta fijarse en como se miran para darse cuenta de todo. Algo de lo que quizás ni siquiera ellos son conscientes.
Así es como él mira a su compañera Leitgh.
Aunque sabe por otros vigilantes que ambos socorristas no tienen ningún romance, está seguro que tarde o temprano algo sucederá entre ellos. Él lo sabe bien. Luchó mucho para evitar una relación amorosa con su compañera Leitgh. Pero finalmente los sentimientos no se pueden controlar y ellos lo intentaron pero no lo lograron. Leitgh y él son pareja, sabe lo que eso implica.
En Madrid, después de hacer el amor apasionadamente, Lola y Alberto, se quedan dormidos, abrazados el uno al otro.
Amanece en Sevilla y cuando apenas han transcurrido las primeras horas del día, Carlos se reúne con su agente para comunicarle que ya ha firmado los contratos correspondientes a las ofertas laborales que Franklin le mostró.
—¿Cuando tendré que irme? —pregunta Carlos extendiéndole los documentos a su amigo.
—Dentro de dos días por la tarde. —responde él revisando los documentos.
—¿Tan pronto? —dice el venezolano con pesar pensando en su novia.
—El trabajo es el trabajo, Carlos. No te preocupes. Ahora que también me encargaré de llevar su carrera te mantendré informado de todo lo que ella haga. —dice el mánager de la pareja tranquilizando a Carlos.
—¿De verdad harías eso por mi? —exclama el cantante mientras su rostro se ilumina de dicha.
—¡Claro! Pero no solo por ti por ella también. —le asegura su agente.
—¡Gracias! —responde el cantante.
—Sé que será duro estar separados. La verdad es que nunca te había visto tan desolado al tener que separarte de una mujer. —se sincera su mánager con él.
—Porque nunca he querido a ninguna como la quiero a ella. Pero tienes razón. El trabajo es el trabajo.
Cassandra va a hacer unas compras con Rocío y aprovecha para llamar a Carlos.
—¡Princesa qué bueno escuchar tu voz! —dice el artista cuando escucha a su novia al otro lado.
—Yo también quería escucharte a ti, saber que tal amaneciste y decirte que te quiero. —responde ella sonriendo.
—Yo aun más a ti. —responde Carlos pensando en su próxima partida de España.
—¿Qué te sucede Carlos? —pregunta la bailarina que nota a su novio extraño.
—Nada, amor. —miente el artista.
—Si no me lo quieres contar no lo hagas pero no me mientas. Sé que te ocurre algo. —le responde su novia.
—Te lo cuento esta tarde cuando nos veamos.
—Me preocupa sentirte tan serio, Carlos. Eso no es propio de ti. Eres una persona muy alegre.
Sandra recuerda la noche que vió a Carlos en la discoteca. Se acercó para tratar de seducirle, pero Cassandra...
—¡Estoy harta de ti, mosquita muerta! Siempre estás en medio de todo aquello que me interesa. Primero en mi amistad con Virginia que se rompió por tu culpa. Y ahora estás de nuevo atravesada en mi camino para conquistar a Carlos Baute. Te juro que tarde o temprano me libraré de ti y él será para mi. —dice
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