CAPÍTULO 21


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Su hermano que la ha escuchado dice.

—Estás obsesionada con hacer daño a esa chica que nada te ha hecho. Deja de maquinar cosas en su contra y preocúpate más de tu propia vida. Ni siquiera creo que te guste de verdad ese cantante. Estoy seguro que solo le quieres seducir para fastidiar a esa muchacha, hacerte famosa a costa de ese artista y presumir de haber estado con alguien como él. Lo más probable es que ni siquiera consigas que te haga caso. Eres muy injusta con esa joven. Yo también la conozco y es un verdadero ángel. —responde su hermano mientras termina de vestirse.

—No me interesa la opinión de alguien que se pone en contra de su propia familia por defender a una persona ajena. —responde ella ajustándose el vestido verde de gasa que usará en la boda de su hermano y colocándose bien el pecho con la manos mientras se mira en un espejo de cuerpo entero.

—Ya veo que contigo no se puede razonar. El día que te estrelles tú solita, no culpes a nadie de ello como acostumbras a hacer. —responde su hermano ajustándose la corbata.

Cassandra anota en un cuaderno el título de las canciones que más le gustan. Interpretará una de ellas en el concurso de cantantes en el que su mánager le ha inscrito.

—Cassandra, ya estoy aquí. 

—¿Qué haces? —le pregunta su amiga Rocío que regresa de realizar unas compras.

—Decidiendo que tema voy a cantar en el concurso.

—Eso está bien. —dice la andaluza quitándose los zapatos después de dejar la compra en la cocina.

—Es que quiero que ese día todo salga perfecto. —se sincera ella mientras repasa las canciones que tiene escritas.

—Saldrá bien. Te sobra talento y no tardará mucho en sobresalir por encima de los demás. ¿Ya tienes una idea aproximada de lo que quieres cantar? ¿Será algo rápido o lento? —le pregunta su amiga masajeando sus doloridos pies.

—Aún no lo sé. Por eso estoy revisando varios temas de ambos estilos por si acaso.

En el programa cantaré dos canciones, una sola y otra con un cantante famoso que me apadrinará. —se sincera la bailarina.

—¿Y ya sabes quién será tu padrino musical? —pregunta su amiga.

—Aún no. Supongo que me lo dirán con tiempo suficiente para que podamos ensayar juntos. —dice la profesora de salsa.

—¡Tengo una idea! —exclama Rocío.

—¿Cuál? —pregunta Cassandra.

—Sé que has escrito y compuesto varias canciones, ¿por qué no concursas con una de ellas. —le propone Rocío sonriendo.

—¿No te parece muy arriesgado? ¿Y si no gustan? —dice la profesora de baile.

—No pasa nada. En la vida hay que arriesgarse. ¿Qué puedes perder? He escuchado algunas de ellas y debo decirte que me encantan. —se sincera la andaluza.

—Eres amiga mía. Por eso la tuya no es una opinión muy objetiva que digamos. —responde la novia de Carlos sonriendo.

—Soy tu amiga. Eso es cierto. Pero también tu crítica más dura. No te haría ningún favor si te halagara sin merecerlo. Si digo que tus canciones son buenas es porque es así. —le responde su amiga sonriendo.

—Pues si es así muchas gracias. —responde Cassandra devolviéndole la sonrisa.

En Madrid, Gema, una de las presidentas del club de fans de Carlos llega al local para relevar a Raquel que lleva horas trabajando allí.

—Ya estoy aquí. Cuando quieras te puedes marchar. —dice la muchacha.

—Gracias por venir tan rápido. —responde Raquel.

La joven recoge sus cosas y después de darle dos besos a su compañera, se marcha.

Alberto y Lola más felices y enamorados que nunca disfrutan de esos momentos juntos.

—¿Te gustó la sorpresa? —pregunta el bailarín a la mujer que ama besándola en los labios.

—¡Por supuesto! —sonríe ella mientras le besa el pecho. —¿Y cómo es que estás en España? —desea saber la enfermera.

—Elvis Crespo va a empezar una gira de conciertos en España. En cuanto me enteré que el primer destino sería Madrid supe que tenía que verte como fuera. —responde él entrelazando sus dedos con los de Lola.

—Pues me hiciste la mujer más feliz del mundo. —vuelve a sonreír ella. —¡No te haces una idea de cuanto te he extrañado!

—Si me añoraste la mitad de lo que yo te añoré a ti, sí que me hago una idea. —responde él besándola en los labios.

—No podemos quedarnos todo el día en la cama, aunque nada me gustaría más. Pero tengo que trabajar. —dice Lola mientras comienza a levantarse de la cama.

—Yo también tengo que trabajar. —dice él mientras observa como Lola se viste con una sonrisa traviesa en sus labios. —¿Quedamos esta noche?

—Como tú quieras, amor. —dice ella acercándose a la cama para darle un beso.

Alberto la coge y la tumba sobre la cama mientras comienza a besarla.

Por la tarde, Carlos y Cassandra caminan por el Parque de Maria Luisa.

—Tengo que hablar contigo. Pero preferiría que no fuese delante de tanta gente, sino en un lugar en el que podamos estar los dos solos para charlar con tranquilidad. —dice Carlos.

—¡Vayamos a casa de Rocío! —propone ella.

—¿Estás segura? ¿No le molestará? —inquiere él sonriendo a su novia mientras trata de tomarle la mano.

Enseguida se arrepiente, cuando recuerda que ella no desea dar pistas a la gente para que se den cuenta de la relación que mantienen.

—Para nada. Fue ella quien me dijo que si necesitábamos hablar a solas podíamos ir a su casa.

La idea de estar solo con su novia en un sitio tan íntimo como una casa seduce y mucho a Carlos. Sospecha lo que allí puede pasar si ambos se dejan llevar por lo que sienten. Tiene que quitarse esos pensamientos de la cabeza y concentrarse solo en lo que le quiere decir. Pero es tan complicado controlarse teniéndola tan cerca...

—Vamos entonces. —dice él.

Entretanto, Virginia y Rocío, quedan con sus respectivos novios en una cita doble.

Saboreando su bebida, Virginia le comenta a la andaluza que se va a casar.

—Quiero que vengas a mi boda. —dice Virginia a Rocío.

—¿¡Yo!? —se sorprende ella —¡Pero si nos acabamos de conocer..!

—Lo sé. Pero quiero que vengas a mi boda. —repite una de las amigas de la bailarina. —Hemos conectado enseguida y me haría ilusión que vinieras. —se sincera la futura novia.

—Supongo que Carlos y Cassandra también irán, ¿me equívoco? —dice Rocío.

—Ella está invitada desde el primer momento. Fue la primera persona a la que invité después de mi familia. A Carlos aún no le comenté nada. Cuando invité a mi amiga, ellos ni siquiera se conocían, pero ¡claro que está invitado! Además dicen que de una boda sale otra boda...—responde la novia de Pedro con picardía.

—¡Eh no corras tanto! Quizás nunca se casen. Además llevan muy poco tiempo juntos. Cassandra es muy romántica, eso es verdad, pero en más de una ocasión se ha sincerado conmigo y me ha dicho que le da lo mismo casarse o no. Para ella es más importante el amor, con independencia de que exista o no un papel firmado. Aunque yo creo que en el fondo sí que le gustaría. Respecto a Carlos, no sé si es partidario del matrimonio o no.

—Lo importante es que sean felices, estén casados o no. Pero sería bonito verlos entrar en la iglesia vestidos de novios. —dice la profesora con esa imagen en su mente.

Carlos y Cassandra llegan a casa de Rocío. Se sientan en el sofá del salón. La monitora de salsa va a por unas bebidas.

Unos minutos después regresa.

—Dime, Carlos ¿Qué querías hablar conmigo? —le dice ella depositando la bandeja de bebidas sobre una pequeña mesa de madera oscura y cristal.

Carlos toma uno de los vasos y lo coloca cerca de él.

—¡Ven acá! —le dice él atrayéndola hacia él. —Verás preciosa. No sé por donde empezar.

—Pues por el principio. —responde ella mientras toma el otro vaso y lo coloca también cerca suyo.

El cantante toma aire para tomar fuerzas y comienza a hablar.

—Ayer después de verte, cuando ya estaba en mi hotel Franklin me enseñó nuevas ofertas de trabajo muy interesantes.

—Qué bueno. Supongo que aceptaste. —dice ella.

—Sí, son muy beneficiosas para mi carrera. —se sincera él.

—Comprendo. ¿Y cuando tendrás que irte? —le dice ella sabiendo que más tarde o temprano tendrán que separarse.

—Pasado mañana. —dice él.

—Sabíamos que tarde o temprano tendría que marcharte a cumplir con tus compromisos profesionales, pero nunca pensé que fuera tan pronto. —se lamenta ella.

—Ni yo y me va a costar un mundo separarme de ti. —responde él acariciando con ternura la cara de su novia.

Ambos se besan con dulzura.

Él la acaricia y su cuerpo comienza a responder al deseo que siente por su novia. Ella se deja acariciar por él, pero súbitamente se separa.

—Perdóname, Carlos lo siento pero no puedo. Aún no. No estoy preparada. Te adoro con el alma, pero es algo que no puedo evitar. Si después de esto no quieres saber nada de mi, lo entenderé. —se sincera la bailarina mientras una lágrima resbalando por su rostro.

—¿Qué clase de hombre crees que soy para dejarte por algo así? Tengo miles de defectos y soy caliente y apasionado, pero nunca te dejaría por eso. Comprendo lo que te ocurre. Esperaré hasta que estés lista. Algún día te darás cuenta que no todos los hombres que quieren estar contigo desean lograrlo a la fuerza. —la sonríe él. —Será mejor que me vaya. Necesito llegar al hotel y darme una ducha de agua helada. —se sincera Carlos que se siente arder por dentro.

Ella que se ha dado cuenta de lo que su novio quiere decir sonríe con timidez.

—Tengo la impresión de que te he decepcionado un poco y por eso te quieres ir. —se sincera ella triste.

—Lo que me hubiese decepcionado es que hubieras hecho algo que no querías en ese momento, solo por complacerme. No habrías sido tú y esa es precisamente una de las cosas que más me gustan de ti. Siempre eres tú misma en todo momento. Ahora tengo que irme. —dice él besándola.


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