CAPÍTULO 22

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Al día siguiente, Franklin conversa con Francis, el coreógrafo de Carlos. Quiere que el bailarín sea también el de Cassandra, una vez ella empiece a ser conocida, pero aún no le ha dicho nada.

—Estás muy misterioso. Carlos me ha comentado que vas a llevar la carrera de otra artista que está empezando al mismo tiempo que llevas la suya. ¿Es sobre ella que me quieres hablar? —pregunta el amigo de Carlos a su mánager.

—Es posible ¿Qué más te dijo? —responde el hombre.

—Nada más. Solo que la chica tiene mucho talento ¿por qué? —contesta Francis.

—Solo era curiosidad. —dice el representante de la pareja.

Al parecer Carlos no le ha confesado a su amigo su noviazgo con la monitora de salsa. Quizás se lo esté ocultando para que el coreógrafo no piense que Franklin lleva su carrera solo por ser la novia de Carlos.

El venezolano está seguro que en cuanto el bailarín la vea se dará cuenta que todo lo que ha logrado ha sido por mérito propio. Por su talento y su lucha.

En el hotel, Carlos solicita que le preparen una cena especial para dos personas para esa noche. La última que su amor y él pasarán juntos antes de la partida del cantante fuera de España.

Encarga un ramo de flores en una floristería. Desea que esa noche sea inolvidable para ambos. Que ella se sienta feliz, tranquila y se sepa una mujer profundamente amada. Amada de verdad.

Además no sabe cuando volverán a verse de nuevo.

Entretanto, su novia y Rocío, recorren el mercado en busca de lo que necesitan.

El teléfono de Cassandra suena y la muchacha atiende la llamada.

—Hola cariño, ¿Qué tal? ¿Qué haces?

—Estoy en el mercado comprando unas cosas con Rocío ¿Y tú?

—Muy entretenido pensando en ti y en algunas travesuras —responde él con picardía.

—Eres un bicho. —le dice ella riendo. 

—Es que tú me haces ser malo —dice Carlos. —Por cierto amor, te espero esta noche en la habitación de mi hotel a las diez.

—¿En la habitación de tu hotel? —se sorprende ella.

—¡Ey! ¡No pienses mal! Tú ven, ponte guapa. No me falles mi niña. Te quiero. —se despide él.

—Yo también te quiero. —le asegura ella cortando la llamada.

—¿Qué te pasa amiga? Te pusiste pálida de repente ¿Era Carlos? ¿le ocurrió algo? —desea saber Rocío algo preocupada.

—No le ocurrió nada. —responde Cassandra.

—¿Entonces por qué pones esa cara de susto? —le pregunta su amiga.

—Me citó en la habitación de su hotel. Esta noche. —le confiesa la bailarina.

—¿Y qué con eso? —responde su amiga sin entender.

—Me parece que no me has escuchado bien. Quiere que nos vemos en la habitación de su hotel. —dice la novia de Carlos, mientras ambas caminan de regreso a casa cargadas de bolsas de compras. 

—Te he escuchado perfecto. Carlos te citó en la habitación de su hotel esta noche. No entiendo donde está el problema. —responde la andaluza sin comprender.

—Estaremos los dos solos en un lugar demasiado íntimo. —se sincera su amiga.

—Creo que ya sé lo que te ocurre. Temes que él intente algo contigo y tú te dejes llevar. —le explica Rocío sacando las llaves de su bolsillo y abriendo la puerta del portal.

—No. Tengo miedo de rechazarle de nuevo. Ayer estuvo a punto de suceder, pero no pude. Aún no estoy lista. —le confiesa ella con pesar. —Si le vuelvo a rechazar por segunda vez no sé como reaccionará. Hay tantas mujeres por ahí que se sienten atraídas por él. Ellas no tienen mi problema, porque lo mío es un problema. Ellas no se lo pensarían dos veces.

—Eso es cierto. Pero él te quiere a ti y te lo ha demostrado. Se supone que si te quiere, esperará. Comprendo que aún estés traumatizada por la violación que sufriste, pero algún día tendrás que aprender a superarlo. No todos los hombres son iguales. —le asegura su amiga abriendo en esta ocasión la puerta de casa.

—Lo sé, pero no puedo evitar tener miedo. Yo también deseaba que sucediera. El miedo me pudo. —se sincera la artista depositando sus bolsas sobre la mesa.

—Algún día tendrá que suceder lo inevitable. Es algo natural entre dos personas que se aman tanto como vosotros. Tal vez sería bueno que olvidarás tus miedos, para darle una oportunidad a Carlos de demostrarte que hacer el amor es una experiencia maravillosa y única entre dos personas que se aman. Solo tienes que confiar. Confiar en Carlos y sobre todo en ti. Eres una persona increíble y aunque no lo creas, la mayoría de las personas no pretenden hacerte daño, sino todo lo contrario. Has de seguir con tu vida normal y no quedarte anclada en el pasado. —le recomienda su amiga.

—No resulta fácil. Espero lograrlo poco a poco. —se sincera Cassandra.

La mujer que denunció a Ivan por malos tratos, es incapaz de conciliar el sueño y no hace más que dar vueltas en la cama. El día del juicio se acerca y los nervios se están apoderando de ella. No sabe si podrá seguir mintiendo cuando tenga que subir al estado a declarar sin que la gente se da cuenta de todo.

Bruno le pide a Norma que sea su esposa, una vez con el divorcio de Miguel ya en su poder.

—¡Por supuesto que me casaré contigo, cariño! ¡Sería tonta si rechazara a un hombre como tú! —le abraza ella.

—Gracias. Pero el afortunado soy yo. —responde él besando su cabeza.

En Madrid, en el que viaja Romina, un antiguo amor de Christhoper, acaba de tomar tierra. La italiana está dispuesta a reconquistar su amor y no cejará en su empeño hasta lograrlo. La muchacha ignora que las cosas han cambiado y ella ya no es la protagonista de los sueños del muchacho.

En casa de Rocío...

—¡Maldita sea! —exclama Cassandra.

—¿Qué ocurre? —pregunta su amiga.

—Acabo de recordar que mi amiga Eva Amaral me envió un mensaje para que la llamara ¡Qué despistada soy! —dice ella llevándose las manos a la cara.

—Pues llámala ahora, pero antes tranquilízate un poco, ¿quieres? Tienes los nervios de punta. Lo que tenga que pasar, sea lo que sea, pasará, no lo podrás evitar. —le recomienda su amiga Rocío.

Cassandra marca el número de su amiga, que enseguida atiende la llamada. La cantante propone a su amiga cantar una canción a dúo con ella para su próximo disco.

—¿Me estás hablando en serio? —se sorprende la monitora de salsa.

—¡Claro que sí! ¿Aceptas? —propone Eva a su amiga.

—¡Por supuesto! ¿Pero estás segura que deseas que sea yo la persona que cante contigo? —insiste la novia de Carlos aún sorprendida. —No soy nadie en el mundo de la música. Nadie me conoce. Sería mejor para tu carrera alguien famoso. —se sincera Cassandra.

—No me importa. Quiero que seas tú. Es cuestión de muy poco tiempo que el mundo te descubra. Te convertirás en una gran estrella y yo presumiré de ser la primera artista que graba una canción contigo. 

—¡Gracias por los halagos! —se sonroja la joven. —Será un honor cantar contigo. —responde Cassandra con una gran sonrisa.

Cuando diez minutos más tarde, la bailarina corta la llamada, le explica a su amiga la propuesta de Eva.

—¿En serio Eva Amaral te propuso cantar con ella? —se sorprende Rocío terminando de colocar la compra en la nevera y sentándose minutos después junto a Cassandra.

—¡Eso es genial y muy bueno para tu carrera! ¡Amaral es un grupo fantástico! ¿Franklin lo sabe?

—Aún no, pero enseguida le llamo y se lo cuento. —responde su amiga.

—Seguro que le agradará la propuesta. —afirma Rocío.

Como Rocío suponía Franklin queda encantado cuando la chica de ojos azules le cuenta la propuesta de su amiga Eva.

—Te dará una buena publicidad y te ayudará a promocionarte. Te repito lo mismo que le digo siempre a Carlos, vosotros tenéis la última palabra sobre las ofertas de trabajo que me lleguen para vosotros. Decidís sí o no.

En el hotel, Carlos sigue preparando la cena de esa noche. Ha de ser algo especial en la que ella termine enamorándose más de él y los una para siempre.

Algo que recuerden esos meses que estarán separados.

En casa de Rocío...

—¡Cassandra prepárate tenemos que salir a comprar! —le dice Rocío a su amiga.

—¿Se te olvidó algo? —pregunta ella.

—No. Vamos a comprar, pero algo para que te lo pongas esta noche en tu cita con Carlos. —le dice Rocío guiñándole el ojo a su amiga.

—No es necesario. Tengo ropa de sobra para ponerme —responde su amiga.

—Esta será una noche especial y tienes que lucir algo especial. Quiero que te vea tan bonita que no pueda arrancarse tu imagen de la cabeza. —sonríe. Tienes hora también en la peluquería —le confiesa su amiga.

—No recuerdo haber llamado para pedir cita en una peluquería. —se sorprende Cassandra.

—¡Y no lo has hecho! Fuí yo quién llamó y la pidió en tu nombre. —confiesa Rocío con una gran sonrisa en el rostro.

—¡Eres un caso perdido! Ya no tienes remedio. —le dice la morena, negando con la cabeza mientras sonríe. —¡Gracias!

—Me harás feliz si logras pasar una gran noche junto a él, suceda lo que suceda. —asegura la andaluza sonriendo.

Ambas salen de casa y comienzan a recorrer diversas tiendas de la ciudad, buscando la ropa ideal con la que la monitora de salsa volverá loco esa noche a su pareja. 

La amiga de Rocío se prueba infinidad de modelos y aunque su belleza los hace resaltar a la sevillana ninguno le convence.

—Son todos muy bonitos, pero no lo son lo que yo quiero para ti. —dice su amiga frustrada.

—¿Y en qué habías pensado? —inquiere la bailarina.

—En algo impactante que deje sin habla a Carlos. —se sincera la joven.

Después de un par de horas recorriendo tiendas, entran en otra esperando dar con lo que están buscando. Pero siguen sin encontrar nada.

Rocío empieza a agobiarse y desesperarse.

—Todavía me queda una cosa que probarme. Enseguida salgo. —dice la novia del cantante.

Minutos después la bailarina sale con lo último que se ha probado.

—Bueno, ¿qué te parece? —pregunta Cassandra descorriendo la cortina.

Cuando Rocío la mira, la expresión aburrida y desganada de su rostro, cambia por una de sorpresa.

—¡Bingo! ¡Por fin! —exclama Rocío feliz 

—¿Te gusta? ¿Me favorece? —desea saber Cassandra mirándose a un espejo de cuerpo entero que se encuentra detrás de ella.

—¡Es perfecto! ¡Estás preciosa! —exclama su amiga mirándola de arriba abajo.

—¿En serio? ¿No es demasiado...
sensual? —responde la bailarina mirándose.

—Para nada. Es tan sensual como tú. Te hace un cuerpo de escándalo. Cuando tu chico te vea... —dice picarona su amiga sonriendo. —Vamos a pagarlo. 

Minutos después ambas salen de la tienda camino del salón de peluquería.

En cuanto entran por la puerta Rocío saluda a su peluquero dándole dos besos y le presenta a su amiga.

—Quiero que la peines y maquilles. Tiene que estar preciosa. Esta noche tiene una cita especial y deseo que impacte. —le explica la muchacha al estilista.

—Eso será muy fácil. Tú amiga es muy bella. Será coser y cantar. ¿Qué deseas exactamente?

—Un peinado que resalte su belleza y un maquillaje natural que le de frescor a su rostro. Quiero ver a mi amiga, no a otra mujer. Esto es lo que se pondrá esta noche. —dice Rocío mostrándole la ropa que su amiga lucirá esa noche.

—Me gustaría saber la opinión de tu amiga. —responde el peluquero a Rocío mirando a Cassandra.

—Me pongo en tus manos para que hagas lo que quieras. El experto eres tú, no yo. Si Rocío confía en ti será por algo.

—Muchas gracias. Me halaga que una mujer como tú, tan linda, que no me conoce, confíe tanto en mi. ¡Vamos allá!

Conforme los minutos transcurren, el trabajo del peluquero va tomando forma.

—Bueno, ¿qué te parece? —le pregunta el estilista a la amiga de Cassandra. —¿Te gusta? —dice él girando la silla donde la bailarina está sentada.

—¡Eres un genio! —dice Rocío observando a su amiga con la boca abierta. 

—¿Cómo me veo? —desea saber la novia de Baute.

—¡Espectacular y preciosa! —se sincera su amiga.

—¡Qué exagerada eres! —responde su amiga riendo. 

—Rocío no exagera. Te lo aseguro. —confirma el peluquero volviendo a girar la silla para que la novia de Carlos se vea.

—¡Me encanta! —exclama la mujer abriendo la boca sorprendida. —Pero no parezco yo. —dice mirándose al espejo.

—Es que siempre sueles ir con la cara lavada y peinada de manera muy sencilla. Pero te aseguro que esa preciosidad que ves reflejada en el espejo eres tú. Tú ya sueles estarlo en tu día a día, pues sabes arreglarte con mucho gusto. Sin embargo, se nota la diferencia cuando lo hace un profesional. —le asegura su amiga.

—Ha sido un placer trabajar con una mujer tan hermosa. He quedado muy satisfecho del resultado. Estoy acostumbrado a trabajar con modelos y actrices. A veces tengo que hacer milagros para que en público luzcan como lucen. No es porque sean poco agraciadas, no es eso. Pero algunas tienen la piel maltratada o en cabello sin brillo y seco por culpa de tintes y secadores. No tienes nada que envidiarlas. En contra de lo que cree la gente, la mayoría de ellas son mujeres normales, pero muy bien producidas.

—Pues entonces eres un excelente profesional, porque salen todas impresionantes. —se sincera la bailarina. 

—Gracias. Es un halago viniendo de una mujer de belleza tan especial como la tuya. —le dice el estilista.

—Muchas gracias por todo.  —le sonríe ella. Rocío tenemos que irnos ya. —se dirige a su amiga. Es un poco tarde y aún tengo que ducharme. —dice la muchacha levantándose.

—Gracias a ti, Cassandra. Vuelve por aquí cuando quieras. En este lugar siempre estaremos encantados de atenderte. Esta noche seguro que conquistar así algún galán. —le guiña un ojo.

—A su galán hace tiempo que le tiene conquistado, aunque hoy lo va a terminar de rematar. —bromea Rocío.

Cassandra se ríe.

—¡Es la verdad y lo sabes! 

A miles de kilómetros de allí, Norma visita a la abogada que se está encargando de los trámites de su divirtiéndose.

La letrada no le da buenas noticias.

—Se niega a firmar. —le informa la abogada.

—¿Y eso por qué? —pregunta Norma.

—Dice que no firmará nada hasta que no hable con usted en persona. —le informa la picapleitos.

—Que no cuente con ello. No después de lo que me ha hecho.

En casa de Rocío, Cassandra se da una ducha rápida y se viste para su cita con Carlos.

Cuando su amiga la ve se queda de piedra.

—¡Guau! ¡Estás preciosa! Ese vestido te queda lindísimo!

—¡Pero si ya me lo viste puesto esta tarde en la tienda! —le dice Cassandra perfumándose.

—Sí, pero no es lo mismo verte con él ya lista para salir. —le dice su amiga guiñándole un ojo.

—¿Crees que a Carlos le gustará? —inquiere la artista mientras se coloca uno de los zapatos.

—Le encantará. Tendrás que alejar sus manos de tu cuerpo porque estoy segura que en cuando te vea lo único que querrá será tocarte. Tú le gustas de todas las formas posibles.  —se ríe su amiga con picardía.

—¡Pero mira que eres mala! —contesta Cassandra sonrojándose un poco.

—Yo te llevo al hotel. —le propone Rocío.

—No te molestes. Puedo ir sola. —responde su amiga.

—Lo sé. Pero estás tan guapa que no me perdonaría que algún desaprensivo te molestara. Carlos me agradecerá que cuide de su chica. ¡Vámonos! —dice Rocío tomando las llaves de casa y las del coche.

En Hawai, la atracción entre Rosalinda y J.D. es cada vez más evidente para los compañeros de ambos.

La relación entre ambos es cada vez más estrecha. El socorrista la cuida mucho, aunque ninguno se ha atrevido aún a dar el siguiente paso. No quieren implicarse sentimentalmente el uno con el otro. Así evitarán sufrir por amor. A pesar que tratan de verse sólo como amigos, les está resultando muy difícil.

El norteamericano escucha comentar a Rosalinda que irá al centro a visitar la tumba de Kekoa y llevarle unas flores.

—¡Rosalinda, espera un momento por favor! —la llama J.D. mientras se acerca a ella.

—Dime. —responde ella dándose la vuelta.

—Te acompaño. —dice él cuando está a su lado.

—¿Cómo qué me acompañas? ¿Dónde me acompañas?

—Al cementerio a visitar la tumba de Kekoa. Creo que ya es hora que lo haga. Desde que ella...se fue...no lo he hecho. —se sincera él.

—Vale cielo. —le guiña ella un ojo. —Como tú quieras.

En Sevilla, Rocío y Cassandra llegan a la puerta del hotel.

La bailarina se baja del automóvil y agradece a su amiga que la haya acercado hasta allí.

—De nada. Disfruta. No pienses en nada esta noche. Olvídate de todo y déjate llevar. ¡Quién sabe cuando os veréis de nuevo! —le aconseja su amiga.

—Lo haré. Gracias. —responde Cassandra alejándose.

Cuando entra en el hotel y se encamina hacia la cafetería, vuelve las cabezas a su paso.

Una vez allí, mira a su alrededor buscando a Carlos, pero no le encuentra. 

En cuanto el camarero la ve, la reconoce de inmediato.

—¡Cassandra preciosa! ¿Cómo estás? ¡Qué bueno verte de nuevo! —le dice Jesús recibiéndola con una gran sonrisa.

—Yo también me alegro de verte, ¿pero cómo tú en Sevilla? —se sorprende ella dándole dos besos, mientras sigue buscando a Carlos con la mirada.

—¡Pues ya ves! Me enamoré en Madrid de una sevillana y me vine tras ella. —le confiesa él.

—Eres un romántico empedernido. —sonríe ella.

—Él te está esperando. La habitación 206 es la de Carlos. —le dice el camarero a la muchacha.

—¿Tú cómo sabes? —se sorprende ella.

—Cuando llegó al hotel nos vimos por casualidad y hoy me comentó que cenarías esta noche con él. Me encargó que te avisara cuando llegaras para que subas a su habitación. 

—Gracias cielo. De más está decirte que no quiero que nadie lo sepa. —le pide la bailarina.

—No te preocupes. Seré una tumba. —le asegura él sonriendo.

Cuando la joven abandona el lugar, Jesús llama al cantante. 

—Cassandra se dirige hacia allá

—Gracias amigo. —dice el artista.

Carlos enciende las velas con las que tiene adornada toda la habitación y se mira por última vez en el espejo. Su traje blanco impecable. El color azul de su camisa destaca el rubio de su cabello.

Y la cena llegó hace unos minutos.

Pone música romántica en la radio.

Cuando su novia llama a la puerta, el venezolano toma una rosa del ramo que le ha comprado y abre la puerta.

Allí está. La mujer que le ha vuelto loco, con un vestido rojo brillante ceñido al cuerpo, marcándole esas hermosas curvas. Largo a la altura de la rodilla. El cabello liso y un maquillaje natural como ella acostumbra a usar, aunque con los ojos maquillados en negro resaltando su belleza y los labios con un brillo rojo que los hace verse más tentadores.

Al cantante se le acaba de cortar la respiración.

—¡Cualquier día me vas a matar de una impresión! —exclama Carlos que comienza a sentir calor, mucho calor. —¡Uff qué linda estás! Pasa. —la besa en los labios y le entrega la rosa.

—Gracias por ser siempre tan especial conmigo. —dice ella.

—Siempre trato de ser especial con la gente que amo. Y tú eres después de mi familia, la persona que más quiero. —se sincera él. ¡Ahora siéntate. La cena nos espera.

La cena transcurre con normalidad. Hablan de sus vidas, de ellos mismos, mientras él no deja de mirarla y ella le sonríe. 

Cuando la cena acaba, Carlos descorcha una botella de champagne que había puesto a enfriar.

—Toma preciosa. 

Carlos entrega una de las copas a su novia.

Ella la acepta.

—Brindemos por nosotros. Por ti. Porque estemos toda la vida juntos. —dice Carlos.

—Por nosotros. —responde ella.

Ambos brindan y toman un sorbo de champagne, mientras se miran con intensidad a los ojos. Luego Carlos deposita ambas copas sobre la mesa y pone más música. Toma otra rosa y se la coloca a su novia en el cabello, para después besarle una mano.

Carlos la sonríe.

—Ahora por favor, baila conmigo. —le propone, casi implora él.

—¿Solo bailar? —bromea ella.

—Eso depende de la compañía y de lo que me guste o no. —responde él de forma insinuante susurrándole al oído, mientras la pega más a su cuerpo.

La letra de un tema romántico de Carlos los va envolviendo. Ambos se miran a los ojos y se besan.

Él la acaricia la espalda y ella se estremece. Luego le acaricia el cabello y le susurra.

—¡Me encantas! ¡Me enloqueces!

Besa su cuello y Cassandra se estremece todavía más.

Sin embargo cuando el cantautor le desliza los tirantes del vestido por los brazos, ella se pone rígida.

—Relájate. Tranquila cariño. Yo sería incapaz de causarte daño. Deja que te demuestre que hacer el amor con la persona que se quiere es algo muy especial. —dice el artista que apenas puede controlar ya su cuerpo.

Cassandra le pone los brazos alrededor del cuello. Él la toma en brazos y la besa mientras la lleva a la cama. Con suavidad la acuesta sobre un lecho de pétalos de rosas y prende más velas.

Luego regresa con su novia y le acaricia el cuerpo con dulzura. Ambos se van desnudando despacio, el uno al otro.

—¡Eres tan bella! —exclama él lleno de deseo cuando la tiene frente a él sin nada de ropa. —Te quiero.

Ella se estremece una vez más y siente como todo su cuerpo tiembla y arde debajo de él. Desea tanto unirse a él de esa forma, y sin embargo, a la vez tiene tanto miedo...

Carlos besa cada centímetro del cuerpo de Cassandra. Algo tanto tiempo deseado y esperado...

Ambos caen sobre la cama y se acarician. El artista con la respiración cada vez más agitada, va entrando lentamente en el cuerpo de su novia. El cuerpo de ella se arquea. Nunca pensó que compartir esa clase de intimidad con un hombre fuese algo tan especial...

Sentirle dentro de ella le provoca miles de sensaciones desconocidas para la bailarina.


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