CAPÍTULO 23

A la bailarina se le escapan unas lágrimas.

—Cariño ¿Por qué lloras? ¿Te hice daño? —pregunta el cantante preocupado.

—No, Carlos. —responde ella emocionada. —Es que nunca imaginé que estar con un hombre que te quiere, compartiendo esta clase de intimidad, pudiera ser así. —se sincera ella.

—¿Así cómo? —desea saber él.

—Tan especial y dulce. No te imaginas lo feliz que me has hecho sentir. —le confiesa ella.

—Gracias. —dice él mirándola con ternura. —Eso era lo que quería, demostrarte que esto es así y no como tú temías. —responde él acariciando su rostro con infinito amor.

—¡No es justo! —dice ella llorosa.

—¿Qué no es justo? —pregunta él.

—Que mi primera vez no haya sido así. Fue algo tan...asqueroso y violento... —recuerda ella con una mueca de dolor en su rostro.

—No llores Cassandra, escúchame. Para mi lo de hace un rato fue tu primera vez. Y lo fue porque tú elegiste libremente entregarte a un hombre. Y me siento feliz de haber sido yo, ese primer hombre al que decidiste entregar tu cuerpo y tu alma. —se sincera él acariciando su cabello. —Lo otro fue un delito y una canallada.

—Gracias Carlos. Eres un encanto, un ángel. —contesta ella emocionada.

—Tengo más de demonio que de ángel, en según...que cosas, pero bueno. Solo soy un hombre enamorado. —se sincera él.

Ambos hacen el amor por segunda vez. Luego se duermen abrazados.

Entretanto las amigas de la cantante conversan sobre la pareja.

—¿Qué crees que habrá pasado entre ellos? —pregunta Virginia.

—No lo sé, aunque espero que Cassandra haya seguido mi consejo. —responde Rocío.

—¿Y qué consejo le diste? —desea saber la profesora.

—Que confiara en Carlos y superara aquello. —le explica la andaluza.

—Eso espero. Ya va siendo hora que mi amiga supere sus miedos y traumas para poder ser feliz de una vez, que ya le toca. Aunque cada persona lleva su propio ritmo para afrontar y superar ciertas pruebas que la vida les pone en el camino. —asegura la novia de Pedro.

—Tiene a su familia, sus amigos y sobre todo a Carlos. Estoy convencida que él es quien más la puede ayudar, si ella se deja. —afirma la andaluza.

—Es una mujer fuerte, pues a pesar de todo lo que le ha sucedido en la vida, ha sabido salir adelante mejor o peor. Aunque aparece ese tema siempre la ha frenado en el terreno romántico y la hizo venirse abajo en algunos momentos. Creo que Carlos puede aportarle esa seguridad en si misma que tanto necesita.

Miguel se entera que Norma ha aceptado a Bruno como esposo y monta en cólera. 

«¡No puedes aceptar a otro hombre como marido!» «Todavía sigues casada conmigo.» «¡No te lo voy a permitir!» piensa el actor.

Norma es feliz con su nuevo amor. Cree que su aún marido ha entrado en razón, pues parece más calmado. Confía en que una vez divorciados, Miguel se aleje de su vida para siempre y ella pueda estar con la persona que ama, que la ama. Un hombre que, por encima de todo la respeta como no ha sabido hacer él.

En la cárcel, Ivan trata de pasar los días de la mejor manera posible hasta la llegada del juicio. No quiere meterse en ninguna pelea, aunque algunos presos ya lo han intentado.

«¡Señor cuanto durará esta pesadilla!»

Santiago sigue escondido de todo el mundo hasta que llegue el momento de salir.

—Ya queda menos. Pronto nos volveremos a ver, ¡mi amor! —dice en voz alta mientras recuerda el rostro de la mujer que le obsesiona.

En Hawai, Rosalinda cambia las flores de la tumba de su amiga Kekoa. Después acaricia su lápida con afecto.

—No me creo lo de que te suicidaste. Voy a descubrir la verdad. Te lo prometo amiga. —se lamenta triste la socorrista mirando el lugar en el que reposa su amiga para siempre.

—Yo te ayudaré. Entre los dos encerraremos al responsable de esto. —dice J.D.

En Sevilla llega la mañana del día siguiente. La pareja  amanece abraza. Él es el primero en despertar y observa a la mujer que comparte cama con él.

La quiere tanto...

En unas horas tendrá que marcharse para cumplir sus compromisos profesionales. Deberá separarse de ella por un tiempo y aunque no es la primera vez que ha de hacerlo teniendo pareja, sí le duele más que nunca. Cassandra es la mujer a la que más ha amado y de la que más enamorado está. Por eso le va a costar tanto no verla todos los días, no besarla, no acariciarla... Ni tampoco oír su voz...

Mientras ella duerme, el cantante la observa con detenimiento.

¡Está tan bella así... descansando..! ¡Se pasaría la vida entera contemplando y admirando su belleza..! 

Su melena negra esparcida sobre la almohada, su cuerpo desnudo...su piel blanca, observando esos labios que tan loco le vuelven...

Con la yema de los dedos le acaricia la piel, cada contorno, cada pliegue, de manera sutil, apenas rozándola. Se levanta, toma unas rosas y esparce sus pétalos por el cuerpo y el cabello de su novia. Vuelve a tumbarse junto a ella, la estrecha contra su cuerpo mientras le dice al oído que la ama.

Cassandra sonríe en ese momento y despierta.

—Yo también te quiero. —confiesa ella besándole.

—Me encantaría quedarme contigo así, todo el día de hoy, pero... —le dice Carlos abrazándola con ternura.

—Pero no puedes y ambos sabemos porque. —responde ella algo triste.

—Hasta entonces, ¡quédate conmigo! ¡Salgamos a pasear! —propone hablándole al oído.

—Me gusta mucho tu idea, pero no tengo más ropa que la traje anoche para cenar contigo y está toda en el suelo...—dice ella con picardía. —No voy a ir a plena luz del día vestida como si fuese a ir de fiesta.

—¿Por qué no? ¿Qué te importa lo que opine la gente? Si lo prefieres podemos quedarnos aquí. Aunque ya sabes lo que puede pasar si nos quedamos los dos aquí...solos. —se le insinúa su novio.

—¡Vaya! Dicen que los latinos son calientes, fogosos y ardientes. Sin embargo lo tuyo ya es demasiado. ¡Menudas ganas y resistencia las tuyas! —bromea ella con él.

—Tengo mucha...energía. De ti nunca me cansaría. Además...tenemos que aprovechar el tiempo. Pasaremos unos meses sin vernos. Como reza el dicho "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy". Y yo quiero seguirlo a rajatabla. —se le vuelve a insinuar él.

—Me vas a sonrojar y lo sabes. —responde ella con cierta timidez.

—Por eso lo hago. —le confiesa él con tono juguetón. —Me encanta verte colorada. Eso me gusta y me provoca más. —se sincera el cantante de forma seductora, mientras la besa.

—¡Eres un diablillo! —responde ella riendo. —¿Qué voy a hacer contigo?

—Si quieres, yo puedo...darte un par de ideas.... —contesta él comenzando a acariciar un muslo de su novia.

—¡Estás enfermo! —bromea ella.

—¡Sí! pero por tu culpa. —responde él.

—No empieces de nuevo. Tenemos que levantarnos a desayunar. —se ríe ella.

—Conozco otros "desayunos" mucho más... "placenteros".

—¡Contigo no se puede! ¡De verdad! ¡Agotas a cualquiera! —dice ella.

—¿A ti también? —responde mirándola de arriba abajo mordiéndose los labios de deseo.

Cassandra sonríe resignada.

—¡Eres como un niño! —regaña ella.

—Pero un niño malo y pícaro que son los que mejor se lo pasan. —se ríe él.

—No podemos quedarnos todo el día aquí. Tienes que preparar tu equipaje. —le recuerda ella.

Él finge ponerse triste.

—¡Vaya! ¡No sabía que tenías tantas ganas de que me fuera. El equipaje lo preparo enseguida. Pero tienes razón. Hay que levantarse. Desayunaremos en la habitación. —dice él.

—Sabes que si por mi fuera, no te dejaría marchar. Te ataría a una de mis piernas para que no te fueras. —se sincera ella.

Él la sonríe con picardía.

—Me gusta. Dime más cosas. —girándola mientras la tumba debajo de él.

—¡Nada más! ¡Arriba diablillo! —dice ella 

—Sí señora. —contesta el artista saludándola como hacen los soldados. —Sus deseos son órdenes para mi.

Lejos de allí, Rocío acude a una entrevista de trabajo como cuidadora en una guardería. Antes se pasa por el hospital a recoger los resultados de unos análisis que se hizo hace unos días.

—Dígame, doctor, ¿Qué es lo que tengo? No se ande con rodeos. —le pide la andaluza.

—No le ocurre nada, señorita. Bueno en realidad sí. Va a ser madre.

La muchacha que no esperaba una noticia semejante se queda sin palabras. 

Segundos después, una sonrisa ilumina su cara.

—¡Felicidades señorita! —la sonríe el médico.

—Gracias doctor. Es un embarazo no buscado, pero me hace muy feliz.

Virginia y su novio salen a pasear un rato por la ciudad. Quieren aprovechar para hacer un poco de turismo y conocer una ciudad tan mágica como es la capital hispalense.

En la habitación del hotel de Carlos, él y Cassandra desayunan con tranquilidad, mientras se sinceran el uno con el otro, contándose lo que han sido sus vidas.

—¡Vaya! Por lo que veo tenías claro desde muy temprano a que te querías dedicar en esta vida. —se sorprende la bailarina.

—Así es. —confirma el venezolano. —Supongo que tú también, ¿o me equívoco? 

Ella le sonríe.

—Mi madre me ha dicho siempre que ya desde niña apuntaba maneras. Me pasaba el día cantando y me disfrazaba con su ropa. —se sincera ella.

—Estarías para comerte. ¡Qué rica! ¡Lástima que no te haya podido ver! —exclama Carlos.

—Tengo una foto de esa época en la cartera, ¿te gustaría verla? —pregunta ella.

—¡Claro! Eso no se pregunta. —responde él ansioso.

La joven toma su bolso, lo abre, saca de él el monedero, lo abre, extrae la foto y se la entrega a su novio.

—¡Qué monada de niña! No me sorprende. Siempre has sido una preciosidad que ha ganado con la edad. —dice él observando una foto en la que su novia está disfrazada con la ropa y los zapatos de su progenitora. —Ven aquí. —dice sentándola sobre sus rodillas y besándola.

—Tengo otra de cuando era bebé. Pero no te la mostraré. Estoy desnuda en ella. —le confiesa con picardía. —Mi madre me avergüenza cada vez que la enseña. —se sincera ella.

—Yo también tengo una así. Te la mostraré. Luego me enseñas la tuya. —dice el venezolano levantándose a buscar su cartera y sacando de su interior una instantánea que muestra a su novia. —¿Ves? No es para tanto. 

—Ya siendo bebé eras guapo! —dice ella mientras mira sonriendo la foto.

—Creo que he mejorado con los años. ¿No te parece? —pregunta Carlos con picardía. —Ahora deja que vea la tuya.

—De acuerdo, pero no te rías. —le advierte ella.

—Prometido. —bromea él, levantando una mano.

Cassandra saca una nueva foto de su monedero y se la extiende al cantante. Él mira la foto de su chica, sonríe y luego la mira. 

—Eras una preciosidad ya desde que naciste. Aunque me quedo con la Cassandra de ahora.

Luego la atrae hacia él.

Ella le besa en los labios y luego se levanta.

—¡Sigamos desayunando y dejemos de jugar! —dice ella.

—¡Lástima! ¡Me encanta "jugar"...contigo. —responde él. 

—¡Carlos basta ya, caray! —se molesta ella. —No se puede mantener una conversación seria contigo. —se ríe ahora Cassandra.

—¡Está bien! —levanta el cantante la mano. —Seré bueno por un rato.

Cuando media hora después, terminan de desayunar, Cassandra toma su teléfono móvil para llamar a su amiga Rocío.

—¿A quién llamas, mi niña? —pregunta el cantautor.

—A Rocío. Necesito algo de ropa.

—Yo te veo muy bien sin ella. Aquí dentro no la necesitas. Ni yo tampoco. —responde él de manera sugerente, quitándose el albornoz sin ningún tipo de pudo.

Segundos después, el cantante le quita el albornoz a su novia. Ambos se entregan a la pasión por una vez más.

—¡Eres terrible! —dice ella. —Me hiciste caer de nuevo.

—Sí. Confieso que me encanta y por eso lo hago. Amo demasiado verte desnuda y hacerte el amor. —responde él. —¿Qué esperas? Como buen caribeño soy caliente, fogoso y apasionado. Aunque tú...no te quedas atrás. —dice él de nuevo con picardía.

Rocío sale de su entrevista de trabajo. Parece que todo ha salido bien. Además saber que va a ser madre la llena de alegría. Su novio tiene que saberlo enseguida.

«Pero tiene que ser de manera especial. » piensa la muchacha.

La joven decide ir a casa caminando, dado que no está muy lejos del Parque de Marìa Luisa, que es donde se encuentra en ese momento. Una voz de mujer la llama por su nombre. La andaluza se da la vuelta y ve a Virginia dirigiéndose a ella. La andaluza sonríe

—Rocío, ¿cómo éstas? —dice Virginia cuando llega junto a ella y la saluda con dos besos.

—Bien. Vengo de una entrevista de trabajo en una guardería. —le explica ella.

—¿Y tú?

—Visitando este lugar con mi chico. Por cierto, ¿sabes algo de Cassandra?

—Desde que fue anoche a cenar con Carlos en su hotel, no. Supongo que eso son buenas noticias. Quiere decir que todo fue bien con él. —le explica Rocío.

—¿Tú crees? —desea saber Virginia.

—Estoy segura. Pronto ella misma nos lo contará. Eso espero. —responde ella.

—Estoy deseando que nos lo cuente. —dice emocionada Virginia. —Oye, te veo muy sonriente. ¿Es por la entrevista? ¿Te dieron el trabajo? —pregunta la novia de Pedro 

—Eso aún no lo sé. —responde la andaluza. —No es por eso. Es que acabo de recoger unos análisis en el hospital y me ha dicho el médico que estoy embarazada.

Al escuchar la noticia, a Virginia se le ilumina la cara de alegría.

—¿De verdad? ¡Enhorabuena! —dice la maestra abrazando a su nueva amiga con mucho cuidado, para no lastimarla. —¿Tu chico lo sabe ya?

—Aún no, acabo de enterarme yo. No sé que pensará ni como se lo tomará. —se sincera la futura madre, algo temerosa.

—¡Cómo se lo va a tomar, mujer! ¡Con alegría, por supuesto! Le encantan los niños y está deseando ser papá.

—¿Cómo lo sabes? —pregunta la muchacha.

—Me lo dijo él mismo una de las noches en las que salimos los cuatro. Le comenté que soy maestra y me contestó que era muy afortunada por estar todo el día rodeada de niños, pues a él le encantaban y no quería esperar mucho para tener sus propios hijos. Va a saltar en una pata cuando lo sepa. Además Cassandra será feliz de ser tía. ¿Ya sabes quienes serán los padrinos?

—Todavía es un poco pronto para pensar en ello.  Apenas tengo tres meses de embarazo. —contesta Rocío.

—El tiempo pasa volando y cuando te quieras dar cuenta ya tendrás un bebé en tus brazos, así que ve pensando en ello. —le aconseja Virginia.

Lola acompaña a Alberto a la estación del A.V.E. El bailarín tiene unas galas pendientes con Elvis Crespo en Sevilla.

La pareja por fin ha empezado un noviazgo y a la enfermera se le parte el corazón cuando le ve subir al tren. 

Han pasado tan poco tiempo juntos...

—Te llamaré todos los días, cariño. Buscaré el tiempo de donde sea, pero te llamaré. —dice él acariciando la cara de la mujer que ama con ternura, mientras su corazón late con rapidez.

—Eso espero. No estaré tranquila sabiendo que trabajas tantas horas con mujeres tan bellas. —se sincera ella preocupada, bajando la mira algo melancólica.

—Solo son compañeras de trabajo. Nada más. —responde él evitando comentarle que una de ellas en concreto esta enamorada de él. —Yo sólo te quiero a ti. Confía en mi.

En Hawai, Rosalinda y J.D. abandonan el cementerio en el que está enterrada Kekoa. 

La venezolana está más seria de lo que es normal en ella.

—¿Qué te ocurre? Te veo muy cabizbaja. —le pregunta J.D.

—No es para menos. Kekoa era mi mejor amiga. Hace tiempo me llamó por teléfono y le comenté que regresaría en cuanto pudiera a Hawai para verla. Con lo que ganaba en California como socorrista no podía viajar como me gustaría. —se lamenta ella.

—Conozco tu historia. Ella me comentó que eras una persona rica, tenías todo cuanto deseabas solo con pedirlo. En cuanto decidiste ser socorrista todo cambió. Tus padres intentaron presionarte para que te olvidarás de ello, pues lo consideraban un empleo ridículo. Te obligaron a decidir entre ellos y el socorrismo y ya sabemos que elegiste. Te retiraron todo el apoyo económico. Kekoa siempre se lamentaba porque ninguno de los dos estuvo nunca de tu parte.

Al menos ella contaba con su madre, que sí la apoyaba en todo.

—Jamás imaginé que la próxima vez que la viera sería...aquí. —se lamenta la socorrista.

En el hotel, Carlos y Cassandra ven un rato la televisión en la cama, el capítulo de una telenovela.

—Dime Carlos, ¿has participado en alguna telenovela, allá en tu país? —le pregunta Cassandra a su novio abrazada a su pecho.

—Sí. En una llamada "Destino de Mujer". Pero prefiero hacer otras cosas. —se sincera él.

—¿Por qué? ¿Qué tienen de malo? —desea saber ella.

—Nada. Son una gran escuela. Si las cosas salen mal o bien depende de ti y de tu esfuerzo, entre otras cosas. Pero te roba mucho tiempo. Y terminas agotado emocionalmente. Yo prefiero estar agotado, pero de reírme. Hablando de eso. ¿Sabes que tú das el perfil perfecto para protagonizar una de ellas? —le confiesa Carlos.

—¡Qué exagerado! Soy más bien bajita. Todas las heroínas de esas historias son auténticos bellezones , altas, con un cuerpo espectacular y una cara preciosa. —dice ella.

—Serás bajita, pero eres muy sabrosa. —la coquetea Carlos. —No todas las protagonistas de novelas son como tú dices. Mi compatriota Coraima Torres, es más menuda que el resto, pero es muy linda. Aunque no tanto como tú. La verdad es que Coraima y tú os parecéis muchísimo.

—Me halagas, pero Coraima es una mujer muy bella. —responde ella.

—Igual de bella que tú. Parecéis gemelas. —le asegura él.

Carlos le hace cosquillas a la monitora de salsa y ella se retuerce, pidiendo a su novio que pare.

—No sabía que tuvieras tantas cosquillas. —sonríe él.

—Pues tengo y muchas. Así que no lo vuelvas a hacer o...—amenaza ella.

—¿O qué? —responde él haciéndole cosquillas de nuevo.

Ella le suplica que pare.

Carlos la ignora y sigue haciendo cosquillas a su novia sin compasión.

Cassandra consigue escapar de él, baja de la cama y coge un tenedor, amenazando de forma cómica a su novio con él. Carlos toma otro cubierto.

Ambos comienzan a pelear, simulando ser dos espadachines, al tiempo que se ríen. Ella le saca la lengua como una niña pequeña 

Carlos le hace lo mismo a ella.

Ambos recorren la habitación peleando y jugando como dos niños pequeños hasta que ella tropieza con una esquina de la cama y cae al suelo.


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