CAPÍTULO 30
En el hotel, Carlos y Cassandra no tardan en quedarse dormidos mientras ven la película abrazados el uno al otro.
En Sevilla, las dos mejores amigas de la cantante y sus respectivos novios se despiden en la estación del A. V. E. pues Virginia y Pedro ya regresan a Madrid.
—¿Qué os pareció nuestra tierra? —pregunta Rocío mostrándoles una sonrisa.
—Nos encantó. —se sincera Virginia sonriendo también. —La verdad es que pienso volver pero con más tiempo para poder visitarla bien, tal y como merece.
—¿Y la Feria de Abril? —desea saber la amiga andaluza de Cassandra.
—Me fascina. Es mejor de lo que me imaginaba. —sonríe la maestra sin soltar la mano de su novio. —Es un lugar y momento propicios para enamorarse.
—Tienes razón. De hecho muchas parejas se han enamorado allá. —le explica Rocío a su nueva amiga.
—No me extraña en absoluto. Hay mucha magia allí —asegura la maestra.
Tras intercambiar un par de frases más todos se despiden. Virginia y Pedro se dirigen después al tren que los llevará de vuelta a Madrid.
Amanece en Barcelona y Carlos se viste con rapidez, besa a su novia y le deja una nota en la almohada.
"Estoy en mi habitación aunque no me importaría que nos sorprendieran juntos, pero no quiero la gente piense que estás en el concurso y te apadrino solo porque eres mi chica pues no es así. Te quiero. Carlos. "
A las diez, como habían quedado el día anterior, Franklin y Francis se reúnen.
—Aquí estoy Franklin, dime. ¿De qué quieres hablar conmigo?
—¿Has desayunado? —interroga el venezolano.
—Todavía no. ¿Por qué? —pregunta el bailarín.
—Te invito a desayunar en la cafetería del hotel y allá te lo explico todo. —responde el más mayor de los dos hombres.
Cuando ambos están sentados en una mesa de la cafetería del hotel, Franklin, le explica al coreógrafo de la pareja el motivo por el cual le citó esa mañana allí.
—¿Podrías ser la pareja de baile de Cassandra? —propone Franklin a Francis.
—No te comprendo. Explícate mejor. —le pide el coreógrafo.
—Cassandra es profesora de Baile. De hecho fue ella quien enseñó a bailar a una de las chicas que acompañan a Carlos en sus actuaciones. Creo que se llama Laura. —explica el agente de Cassandra a su compañero.
—La conozco. Hemos trabajado juntos en algún concierto de Carlos. Siempre me ha parecido una excelente profesional y me preguntaba quien la habría enseñado a bailar. Ahora lo sé.
—Bien, pues todos los años ella y el que era su pareja de Baile en una discoteca de salsa, participan en el concurso de Bailes Latinos al estilo internacional. Sin embargo este año Cassandra se ha quedado repentinamente sin pareja. —le explica el representante de Carlos y Cassandra
—¿Por qué? —pregunta el coreógrafo.
—Rafael que participaba con ella cada año, se rompió una pierna, cuando resbaló al ir a darse una ducha. A menos que encontremos pronto un sustituto que la acompañe ese día quedará fuera de la competición. Sería una lástima porque ha ensayado mucho para ello. —le explica el hombre.
—Entiendo ¿Y cuánto tiempo tenemos para ensayar? Quiero decir, ¿cuándo se celebra el concurso y dónde?
—Se celebra aquí mismo, en Barcelona, el viernes de la semana que viene. —le explica Franklin a Francis.
—¿Y me lo dices ahora? Es muy poco tiempo para prepararse además ella y yo jamás hemos bailado juntos. —se sincera Francis.
—Ambos sois excelentes bailarines. —responde Franklin sonriendo.
—El problema es que tengo poquísimo tiempo libre. Recuerda que además de montarle las coreografías a Carlos y ahora a Cassandra, lo hago también con otros artistas. Déjame pensarlo, ¿de acuerdo? Esta misma tarde te doy una respuesta.
—Te lo agradezco así sabré que hacer.
—De todas formas tú eres su mánager ahora y puedes decidir por ella y por su carrera. —le recuerda el bailarín.
—Lo sé, pero no me gusta hacerlo y no voy a empezar ahora. Mi trabajo debe limitarse a llevar las carreras artísticas de mis clientes desde que empiezo a trabajar con ellos, aunque son mis representados lo que tienen la última palabra. Jamás les obligaría a hacer algo que no desean hacer. Hay mánagers que obligan a sus clientes a hacer algo que no desean e incluso les dicen con quien deben salir o no. No comparto esa actitud y forma de trabajar pero bueno. Sus compromisos anteriores los respeto. —responde el venezolano mientras ambos esperan ser atendidos para pedir el desayuno.
En Madrid, Christopher recuerda su reencuentro con Romina el día anterior. Fue una verdadera sorpresa verla de nuevo después de tanto tiempo sin saber de ella.
En Venezuela, Julio invita a cenar a su esposa para celebrar que ya han visto la primera ecografía de su bebé.
—Me preocupa mucho que nuestro bebé vaya a nacer en un país como el nuestro, tan hermoso pero convulso a la vez. —se sincera la futura madre con cierta preocupación en su rostro.
—A mi también, pero haré lo posible, lo que esté en mi mano para protegerlo incluso dar mi propia vida por la suya. Y eso te incluye a ti, amor.
Lejos de allí, Pablo sigue ocultando a Raquel lo siente por ella. La joven está recuperando gracias a él las ganas de vivir y ya no piensa tanto en su novio, ni en lo que este le hizo.
Ahora lo único que le preocupa es salir del mundo de las drogas para rehacer su vida y ser de nuevo una persona normal, aquella que fue antes de que ese maldito hombre llegara a su vida y se la destruyera.
En Hawai, Rosalinda recibe la llamada de su ex jefe de Baywatch que le comunica algo muy grave y preocupante que la afecta de forma directa.
—Tienes que saberlo aunque ojalá no tuviese que decírtelo. —comienza a hablar su antiguo jefe.
—¿Qué debo saber? Habla ya. —responde la socorrista preocupada.
—Johnny, el socorrista que te acosaba aquí...ha escapado de la cárcel en la que estaba recluido por lo que te hizo.
—¿¡Cómo!? —exclama Rosalinda. —¿Qué voy a hacer ahora?
El miedo a su acosador hace que el corazón de Rosalinda palpite rápidamente.
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